El mundo recibe con alegría la firma del acuerdo entre Estados Unidos e Irán que pone el fin a la guerra en Medio Oriente.
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Poco le importa a la gran población mundial la narrativa de unos y otros actores sobre quién salió favorecido al final de la contienda.
De lo que sí está convencida la comunidad internacional es de lo perjudicial que ha sido el enfrentamiento para las economías de quienes dependen en alto grado de insumos tan vitales como el petróleo y su estela de incertidumbre global.
A más de apostar a que los acuerdos se respeten y garanticen la paz en la importante región, los pueblos apelan a esfuerzos reales y efectivos para lograr el fin de la confrontación en otros escenarios de Medio Oriente, como entre Rusia y Ucrania junto al cese de acciones y hostilidades en regiones donde debe primar un ambiente de paz como América Latina.
El llamado y la apuesta están dirigidos al liderazgo político mundial, con sus intereses incluidos, para que asuma con responsabilidad el corredor de la diplomacia y la competencia, en su legítimo empeño de alcanzar, consolidar o ampliar el espacio hegemónico al que aspiran.








