Santo Domingo. El Centro Cultural Banreservas invita este martes 18 de agosto de 2026 a disfrutar de su ciclo de cine clásico con la película Él (1953), del director de cine español nacionalizado mexicano Luis Buñuel Portolés.
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La película presenta una situación aparentemente absurda: un grupo de personas que, inexplicablemente, no puede abandonar una habitación después de una cena. A partir de esta premisa, Buñuel construye una feroz crítica de la burguesía, las convenciones sociales, la religión, el poder y la supuesta civilización del ser humano.
La ficha especializada del Diccionario de directores del Cine Mexicano confirma que la película fue producida por Gustavo Alatriste, fotografiada por Gabriel Figueroa y rodada en los Estudios Churubusco, con una duración de 93 minutos. El rodaje se desarrolló durante aproximadamente seis semanas, entre enero y marzo de 1962. Las principales instalaciones utilizadas fueron los Estudios Churubusco, en Ciudad de México.
La película fue realizada con recursos relativamente modestos. Este aspecto resulta particularmente interesante porque Buñuel consigue producir una extraordinaria sensación de encierro sin recurrir a grandes efectos especiales.
El propio Gobierno de México ha recogido una anécdota reveladora sobre las limitaciones presupuestarias. Buñuel ni siquiera disponía de suficientes servilletas finas para las mesas y se utilizó una sola, proporcionada por una maquillista, cambiándola de posición para aparentar que existía un juego completo.
Esto ayuda a comprender una característica esencial del cine de Buñuel: la imaginación narrativa y la puesta en escena sustituían muchas veces a los grandes recursos económicos.
La película comienza con una cena ofrecida en una elegante mansión por Edmundo Nóbile y su esposa. Los invitados pertenecen a las clases acomodadas. Después de la cena, sin que exista una explicación lógica, descubren que no pueden salir de la habitación donde se encuentran.
Lo extraordinario es que no existe ninguna barrera física que les impida abandonar el lugar. La puerta está abierta. Sin embargo, nadie consigue atravesarla.
El Festival de Cannes resume la situación como una misteriosa «parálisis de la voluntad» que obliga a los personajes a permanecer juntos durante horas, días y semanas.
El Diccionario de Directores del Cine Mexicano interpreta la transformación de los invitados como una metáfora de la miseria humana: personas aparentemente refinadas terminan reducidas a comportamientos elementales cuando desaparecen las estructuras sociales que las contienen.
Buñuel nunca explica qué fuerza invisible impide que los personajes salgan, y esa ausencia de explicación es precisamente lo que hace poderosa a la película. El espectador busca permanentemente una explicación racional que nunca llega. La prisión no tiene paredes. Esa puede considerarse una de las grandes metáforas de la obra.
Un elemento fundamental es la fotografía en blanco y negro de Gabriel Figueroa, uno de los grandes maestros de la cinematografía mexicana.
La cámara convierte los espacios elegantes de la mansión en un escenario progresivamente opresivo. La transformación visual acompaña la transformación moral de los personajes.
La recepción crítica de El ángel exterminador ha sido extraordinariamente favorable y, con el paso del tiempo, su prestigio incluso ha aumentado.Entre las valoraciones históricas destaca la del crítico norteamericano Roger Ebert, quien la consideró una obra brillante y satírica de Buñuel. También ha sido descrita por numerosos críticos como una de las grandes películas del director.
La valoración crítica contemporánea continúa siendo muy elevada. El agregador Rotten Tomatoes registra un 93 % de aprobación sobre 27 críticas, con una media de 9/10. La película ha sido tan valorada por su originalidad narrativa y por el inteligente uso del absurdo. Buñuel convierte una situación imposible en un instrumento para estudiar la conducta humana.
El ángel exterminador recibió el Premio de la Crítica Internacional de la FIPRESCI, la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica. Asimismo, en 1963 obtuvo el Premio Bodil, de Dinamarca, a la Mejor película no europea. Paradójicamente, Buñuel consideraba que El ángel exterminador había sido un fracaso en ciertos aspectos.
Según información difundida por la Secretaría de Cultura de México, el director llegó a decir que debió haberla realizado en Francia, donde habría podido llevar algunos elementos mucho más lejos.
Esto resulta interesante porque demuestra la diferencia entre la percepción del creador y la valoración histórica de su obra. Mientras Buñuel encontraba limitaciones en la película, la crítica posterior la convirtió en una de las piezas fundamentales de su filmografía.









