Sergio Sarita Valdez
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Entre el 50% y el 70% del peso corporal humano es agua, con una media del 60%. Las funciones vitales de nuestro organismo se llevan a cabo en un ambiente hídrico.
La deshidratación es uno de los principales mecanismos de muerte en los extremos de la existencia humana.
Nunca como ahora ha sido más sabia la expresión: “El agua es vida”. Los primeros cronistas de Indias que acompañaron a Cristóbal Colón en sus viajes a la Hispaniola aseguran que en el interior de nuestra isla abundaban las aguas y que la vegetación era inmensa.
Lo mismo podrían decir del resto de las Antillas Mayores. Cinco siglos después, ya no puede afirmarse lo mismo. Borinquen, la Isla del Encanto, padece una aguda escasez del preciado líquido, no vista en los últimos cien años.
Tan grave es la situación que grandes sectores de la población puertorriqueña reciben agua en cantidades muy limitadas, con intervalos de cuarenta y ocho horas. El uso cada vez mayor de la inteligencia artificial requiere enormes cantidades de agua para enfriar las maquinarias que utilizan sus sistemas de procesamiento de datos.
España y Francia son víctimas de incendios forestales muy similares a los que tradicionalmente ocurren en el oeste norteamericano, especialmente en las zonas cercanas a California y al estado de Washington. Europa y el resto del mundo viven un progresivo aumento de la temperatura, consecuencia de la acelerada combustión de los recursos fósiles terrestres. Mucha gente, entretenida por los algoritmos, prefiere aplicar el adagio del avestruz, escondiendo la cabeza en la arena para no ver la dura realidad que los rodea. Mientras contemplamos estas señales que amenazan en lo inmediato el presente y el futuro de millones de vidas, nos hacemos los ciegos y sordos ante la violencia de la guerra que sacude el Medio Oriente, así como ante el conflicto bélico de más de cuatro años entre Rusia y Ucrania. Japón se rearma de nuevo, y la Isla de Taiwán lleva a cabo ejercicios militares en preparación para una posible guerra con la República Popular China, que la considera parte integral de su vasto territorio.
Desafina la orquesta mundial del amor, la concordia y la paz. Clarines guerreristas suenan desde el lado oeste del océano Atlántico. Los países son alineados para enfrentar a Rusia y al gigante asiático. Lo que ayer tendía al multilateralismo comercial y cultural, hoy se organiza para la confrontación hegemónica. En lugar de invertir en programas sanitarios, educativos y en el uso pacífico de la energía nuclear, se obliga a destinar mayores partidas de los presupuestos nacionales a la compra de armamentos.
Nos armamos hasta los dientes para matarnos y dividirnos, con un saldo neto de menos salud, pobre educación y más hambre en los sectores menos favorecidos de la población. Cerca de medio millón de ciudadanos haitianos son amenazados con ser repatriados desde territorio estadounidense. Tal medida, aplicada de modo precipitado, constituye una potencial amenaza para la estabilidad dominicana. El bloqueo a la isla de Cuba, la inestabilidad política en la patria de Toussaint y la brutal sequía puertorriqueña deberían ser motivo para que reposemos como la guinea, con un ojo abierto.
Con sequías, fuegos forestales y guerras, hasta Lucifer suda y pierde el sueño.









