Margarita Cedeño
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Pensar un país a diez años es un ejercicio necesario. Más aún en una época dominada por la urgencia, los ciclos electorales y las soluciones de corto plazo. Por eso, plantearnos qué República Dominicana queremos tener en 2036 es una conversación que vale la pena.
La iniciativa Meta RD 2036 ha colocado sobre la mesa un objetivo ambicioso, el de duplicar el producto interno bruto real de la República Dominicana en la próxima década. Pero la propia estrategia reconoce que el desafío va mucho más allá y que incluye aumentar la esperanza de vida, reducir los homicidios, mejorar la infraestructura, ampliar la clase media, incrementar el PIB per cápita y la formalidad laboral, mejorar los años efectivos de aprendizaje, reducir la pobreza multidimensional rural y elevar la efectividad del Gobierno.
Son metas importantes. Pero hay que preguntarse si será suficiente duplicar el PIB para convertirnos en el país que queremos ser. Creo que no. Porque una cosa es que crezca la economía y otra, mucho más compleja, es que crezcan las oportunidades de las personas.
La República Dominicana ha demostrado una extraordinaria capacidad para crecer. Incluso después de la fuerte desaceleración de 2025, la economía ha vuelto a tomar impulso. Según datos del Banco Central, durante el primer semestre de 2026 la actividad económica creció 4.5 %, y solo en junio registró una expansión interanual de 6.4 %.
El gran desafío es transformar ese crecimiento, de manera sostenida, en productividad, movilidad social y calidad de vida. Por eso, si vamos a hablar de 2036, hablemos en serio y con visión de Estado. Aspiremos a duplicar el PIB, pero también a multiplicar las oportunidades de progreso para todos y todas.
Empecemos por la educación. Los resultados de PISA 2022 deberían obligarnos a actuar con sentido de urgencia. Apenas 8 % de nuestros estudiantes de 15 años alcanzó el nivel mínimo de competencia en matemáticas, frente a un promedio de 69 % entre los países de la OCDE. En lectura, solo 25 % alcanzó el nivel mínimo, frente al 74 % de la OCDE. Es imposible construir una economía del conocimiento sobre una crisis de aprendizaje.
En 2036, ningún niño debería terminar los primeros años de escuela sin comprender plenamente lo que lee. Nuestros jóvenes deberán dominar matemáticas, ciencias, idiomas, competencias digitales e inteligencia artificial. La educación de los próximos diez años no puede continuar preparando estudiantes para el mundo que desaparece, sino para el mundo que está naciendo.
Necesitamos también una República Dominicana más productiva y formal. El mercado laboral revela la magnitud del reto. En el primer trimestre de 2026, más de la mitad de los ocupados, alrededor del 54 %, permanecía en condiciones de informalidad, de acuerdo con las estadísticas del Banco Central. Esto significa menor protección social, mayor vulnerabilidad y enormes limitaciones para construir seguridad económica a largo plazo.
Un país desarrollado no puede descansar sobre una mayoría de trabajadores vulnerables. Necesitamos una economía donde trabajar permita progresar; donde emprender no sea una carrera de obstáculos; donde las MIPYMES tengan acceso a crédito, tecnología y mercados.
También hemos avanzado en reducción de pobreza y debemos reconocerlo. La pobreza monetaria general descendió a 17.3 % en 2025, frente a 19 % en 2024. Sin embargo, detrás del promedio nacional permanecen desigualdades que no podemos ignorar: en las zonas rurales la pobreza alcanzó 21.6 % y entre los menores de 15 años llegó a 30.1 %.
Ese último dato debería interpelarnos profundamente sobre la generación que estamos legando. ¿Qué República Dominicana construiremos en 2036 si hoy casi uno de cada tres niños menores de 15 años vive en pobreza monetaria? La respuesta no puede ser solamente económica.
En 2036 tendremos que evaluar también la calidad de nuestros servicios públicos, es decir, agua potable, electricidad confiable, transporte digno, hospitales eficientes, escuelas de calidad, seguridad ciudadana, viviendas adecuadas y un Estado cada vez más digital y accesible. Y tendremos que construir instituciones más fuertes.
Los países no se desarrollan únicamente acumulando riqueza. Se desarrollan construyendo confianza, manifestada como confianza en la justicia, en las reglas, en quienes administran los recursos públicos y en la capacidad del Estado para cumplir lo que promete.
Aquí encuentro uno de los mayores desafíos de esta visión. 2036 no pertenece a ningún gobierno ni a ningún partido. Una transformación que requiere diez años necesariamente atravesará distintas administraciones. Por eso, Meta RD 2036 debería convertirse en un compromiso nacional que sobreviva al calendario electoral, con objetivos verificables, responsablemente definidos y con rendición pública de cuentas.
Diez años pasarán más rápido de lo que imaginamos. Cuando llegue 2036, no bastará preguntarnos cuánto creció la República Dominicana. Tendremos que preguntarnos cuánto progresaron los dominicanos. Porque duplicar el PIB puede ser una gran meta económica. Multiplicar las oportunidades debe ser nuestra verdadera meta nacional.









