Danylsa Vargas
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Cada vez que se habla de la baja participación electoral, el debate suele centrarse en los partidos políticos, las campañas o los candidatos. Sin embargo, la verdadera preocupación debería ser otra: una democracia pierde fuerza cuando sus ciudadanos dejan de votar.
En la República Dominicana el abstencionismo ha dejado de ser un fenómeno ocasional para convertirse en una tendencia. Las cifras son contundentes. En las elecciones presidenciales de 2012 la abstención fue de 29.85 %; en 2016 aumentó a 30.40 %; en 2020, en medio de la pandemia, alcanzó 44.71 %; y en 2024 volvió a incrementarse hasta 45.63 %. En apenas doce años pasamos de que tres de cada diez electores no acudieran a las urnas a que prácticamente uno de cada dos dominicanos decidiera no ejercer el voto.
Ese dato, por sí solo, justifica que el Estado busque alternativas para fomentar la participación ciudadana.
Por eso, de manera personal, considero acertado que el Congreso Nacional, bajo una iniciativa del diputado Eugenio Cedeño, discuta un proyecto de ley para incentivar el voto. )No podemos conformarnos con ver crecer la abstención mientras la democracia pierde representatividad. Promover la participación es una responsabilidad compartida entre las instituciones, los partidos y la sociedad.
Sin embargo, el éxito de esa iniciativa dependerá de sus límites. Incentivar no puede convertirse en privilegiar.
Otorgar facilidades administrativas, descuentos en determinados servicios públicos o reconocimientos simbólicos a quienes cumplen con su deber cívico parece una política razonable. Pero utilizar el voto como criterio preferencial para acceder a empleos públicos, becas, viviendas o programas sociales abre un debate mucho más delicado.
El mérito, la capacidad y la necesidad no pueden ser desplazados por un certificado de participación electoral. Precisamente por eso vale la pena mirar experiencias exitosas de la región.
Países como Brasil, Perú o Ecuador, donde el voto es obligatorio y quienes no participan pueden enfrentar multas o restricciones para realizar determinados trámites públicos. Pero esos modelos responden a una realidad distinta a la dominicana, donde el voto sigue siendo libre y voluntario.
El ejemplo que más se acerca a nuestra realidad es Colombia.
Allí el voto también es voluntario. Sin embargo, desde la Ley 403 de 1997 se creó el Certificado Electoral, mediante el cual el Estado reconoce a quienes ejercen el sufragio con incentivos claramente definidos. Entre ellos figuran descuentos en la expedición del pasaporte y otros documentos oficiales, rebajas en la matrícula de universidades públicas y medio día de descanso remunerado para los trabajadores.
Pero existe una diferencia que merece resaltarse.
En Colombia, el certificado electoral no sustituye el mérito ni la necesidad. Cuando se utiliza como criterio para acceder a becas, subsidios de vivienda o empleos públicos, opera únicamente en igualdad de condiciones entre los aspirantes, como un criterio de desempate y no como un privilegio automático. Ese detalle hace toda la diferencia.
La propuesta dominicana podría enriquecerse tomando esa referencia. Incentivar el voto no debe significar crear ventajas que puedan interpretarse como discriminatorias para quienes, por la razón que sea, deciden no participar en un proceso donde la Constitución reconoce el carácter libre del sufragio.
La ciudadanía no deja de votar únicamente porque no existan beneficios. Muchas veces deja de hacerlo porque siente que su voto no cambia las cosas, porque ha perdido confianza en los partidos, porque percibe poca transparencia o porque entiende que las propuestas electorales ya no responden a sus necesidades.
El proyecto debe formar parte de una estrategia mucho más amplia que incluya educación cívica, fortalecimiento institucional, transparencia electoral y una política permanente de acercamiento entre los representantes y la ciudadanía.
La democracia necesita recuperar votantes, pero también recuperar confianza.
El desafío del Congreso no es decidir si incentiva el voto. El verdadero reto es hacerlo de manera inteligente









