São Paulo (EFE).- Latinoamérica posee un potencial enorme para transformar biodiversidad y recursos naturales en riqueza, pero ese objetivo se enfrenta a un mundo marcado por desafíos geopolíticos y otros de carácter climático como El Niño.

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Este fue el asunto central del IV Foro Latinoamericano de Economía Verde (FLEV), que la Agencia EFE organizó este jueves en la ciudad brasileña de São Paulo, con especialistas internacionales en medioambiente, bioeconomía y transición energética.

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Con el precio del barril de petróleo por las nubes, debido al conflicto entre Estados Unidos e Irán, la transición energética se vuelve más urgente y la región está bien posicionada para aprovechar el momento geopolítico, apuntaron los asistentes al foro.

“La inestabilidad crea una oportunidad”, afirmó Patricia Ellen, cofundadora da AYA Earth Partners.

En ese sentido, la extracción de minerales críticos y tierras raras, esenciales para la fabricación de productos como las baterías de vehículos eléctricos y las turbinas eólicas, cobran gran importancia para una región que posee una de las mayores reservas del mundo de estos materiales.

Aunque estos productos son codiciados por los EE.UU. de Donald Trump, el exembajador Luiz Augusto de Castro Neves, presidente del Consejo Empresarial Brasil-China, defendió que el país suramericano mantenga relaciones con todo el mundo por “interés nacional”, especialmente con el gigante asiático.

Por su parte, la exministra brasileña de Medio Ambiente Izabella Teixeira abogó por “construir una nueva cultura de cooperación regional, con resiliencia climática” para que los países de América Latina tengan “acceso a tecnologías” y “seguridad energética”.

El impacto de El Niño

Pese a las oportunidades que ofrece la geopolítica actual, la capacidad de Latinoamérica para transformar esa riqueza natural se enfrenta a un El Niño más grave que los anteriores y que probablemente aumentará las temperaturas, como apuntaron muchos de los participantes.

“Será el más fuerte en 100 años, la sequía ya empezó”, avisó el reputado científico Carlos Nobre, antes de destacar la importancia de que los gobiernos regionales estén preparados para combatir los incendios, que se vuelven más frecuentes en estas condiciones.

En este contexto, organizaciones no gubernamentales como Imaflora, otra de las participantes en el foro, tratan de enseñar a los productores rurales prácticas para mitigar los impactos, como variedades genéticas de plantas más resistentes.

“La economía local va a verse afectada, sea porque los agricultores van a producir menos por la falta de precipitaciones, sea porque los productos no van a llegar a los mercados debido al bajo caudal de los ríos”, dijo Eduardo Trevisan, especialista de Imaflora.

La bioeconomía amazónica

Más allá de la coyuntura actual, los expertos expresaron durante el foro su confianza en el futuro de la bioeconomía regional, basada en el aprovechamiento de recursos naturales de forma sostenible.

Estas cadenas hoy aportan 13.000 millones de reales (unos 2.500 millones de dólares) al producto interno bruto (PIB) brasileño y podrían inyectar hasta 40.000 millones de reales (o 7.800 millones de dólares) hasta 2050 con inversiones estratégicas, según un estudio del centro de investigación WRI presentado durante el foro.

Un ejemplo es la próxima inauguración de la primera biofábrica de chocolate gestionada por el pueblo indígena Paiter Suruí en el estado amazónico de Rondônia, impulsada por una asociación liderada por Nobre.

El objetivo es agregar valor a las comunidades que históricamente han vendido materia prima sin procesar, como la semilla de cacao, a precios muy bajos.

Para Thiago Reis, de WWF-Brasil, la solución reside, justamente, en la selva, que tachó de “hacienda de la bioeconomía” debido a la presencia de plantas endémicas que dan frutos como el açaí, el cacao o el guaraná y que los pueblos indígenas cultivan desde hace generaciones.

“La selva es un activo y hay que aprender de la tecnología de los pueblos originarios”, afirmó.

Como parte de la bioeconomía, el turismo también puede ser un motor de desarrollo y conservación medioambiental, pero necesita lograr que los turistas gasten más y que el beneficio se quede en las comunidades locales.

“El gran desafío es cuánto queda en los territorios: salir del volumen de turistas para pensar en cómo traer beneficios”, afirmó Juliana Bettini, especialista senior en Turismo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

El IV Foro Latinoamericano de Economía Verde contó con el patrocinio de la Agencia Brasileña de Promoción de Exportaciones e Inversiones (ApexBrasil) y WWF-Brasil, y el apoyo de AYA Earth Partners, Imaflora y Observatorio del Clima. EFE