Emilia Pereyra @EmiliaPereyra
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La tragedia que hoy enluta al país con la muerte de Zeneida Socorro Castillo, esposa de Julián Oro Duro ha expuesto la crudeza de la delincuencia y también un código de comunicación que muchos desconocían y que hoy inunda el debate público: la jerga policial y de la calle.
A raíz de las confesiones y las entregas de los implicados, expresiones del bajo mundo se han vuelto tendencia en las conversaciones cotidianas de la gente.
Una de las frases más repetidas en las últimas horas es poner en 29 o dar 29. Esta expresión proviene directamente de las claves de radiocomunicación de la Policía Nacional dominicana, donde el código 1-29 se utiliza técnicamente para reportar a una persona fallecida en la escena.
En el argot urbano actual, la calle adoptó este número con un significado directo y frío que equivale a eliminar físicamente a alguien o darle de baja. Cuando la ciudadanía utiliza este término en las redes ante una tragedia así, refleja una profunda frustración y un reclamo implacable de mano dura contra los criminales.
Asimismo, en el caso se ventilan frases como coger una vuelta, utilizada por uno de los señalados al declarar ante las cámaras que era su primera vez. En su entorno, una vuelta no es un paseo. Es la ejecución de un acto delictivo planificado como un asalto o un atraco.
Del mismo modo, el término dar un tumbe o la figura del intelectual hacen referencia a la planificación y traición desde el círculo de confianza de la víctima, donde el intelectual no es el más educado, sino el cerebro que aporta la información privilegiada para dar el golpe.
Cuando el lenguaje del bajo mundo salta a los titulares y a los comentarios de la sociedad civil, nos recuerda que la delincuencia opera bajo sus propios códigos y reglas. Estas expresiones delatan una alarmante realidad social que urge desmantelar mediante la aplicación rigurosa de la justicia y el aislamiento total de quienes apagan vidas inocentes









