Humberto Almonte

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Analista de Cine y Series

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El 2026 siguió un camino parecido al 2025, pero con otras variantes narrativas y analíticas. Estas van desde las parejas jóvenes a las de mediana edad, tocan lo laboral, el racismo, el edadismo, las decisiones sobre si procrear o no, hasta llegar a los traumas pasados que inciden en cómo se desarrollan las relaciones de pareja. En este caso, nuestros cineastas subieron la apuesta en la complejidad de sus visiones sobre el tema.

El tratamiento va desde los documentales hasta la ficción, el cine dentro del cine, o el drama, abriendo el abanico hacia diferentes opciones estéticas en sus abordajes de una problemática personal y social que cruza todo el espectro de convivencia en un país donde los prejuicios se esconden tras una cínica y amable máscara.

Las representantes del 2026 son Nieta de mi abuela, Interior Apartamento Día, Melodrama y La corta vida de las flores, que abarcan este capítulo dos.

Relaciones de pareja del 2026, el amor en los tiempos de la IA

Nieta de mi abuela nos encamina hacia Tatiana Fernández Geara, una cineasta documentalista soltera de 40 años, llena de preguntas sobre lo que significa “no terminar sola”. Explora la vida de su abuela Teresa: una mujer imponente que fue dueña de un icónico cine, se divorció tres veces y desafió las normas sociales dominicanas de su época.

Esta inmersión de la cineasta en sí misma no es un simple ejercicio de nostalgia familiar, pero mucho menos es una recapitulación de sus historias amorosas. Al usar el cine como un espejo, que a veces le devuelve una imagen de sí misma, no necesariamente la que queremos ver en este caso, el espejo/cine nos proporciona una imagen dual, la de Tatiana y su abuela, lo que nos pone delante de una obra cinematográfica de gran carga psicológica que mira las relaciones de pareja desde una óptica crítica y muy analítica.

El documental nos muestra los paisajes interiores de las relaciones sentimentales de Teresa y Tatiana, las cosas que las conectan, y por supuesto, de las dudas y las angustias de cada una.

Del contrapunteo entre Tatiana y Teresa emerge la imagen de mujeres que han manejado las relaciones de pareja con una claridad y una fortaleza mental lo que trae agregado un alto costo emocional y vital. Las estructuras del pensamiento en las sociedades han tenido una cierta evolución a lo largo del tiempo pero guardando las distancias los retos de Tatiana en sus relaciones no son menores en comparación con los de su abuela.

Interior Apartamento Dia de Israel Cárdenas y Laura Amelia Guzmán nos acerca a Omar y Nini, una joven pareja en pleno apogeo, viviendo juntos en un pequeño apartamento en Santo Domingo, donde hacen el amor y atienden a su gata ciega, Luna. Cuando sus rumbos profesionales empiezan a desviarse y se exponen profundos resentimientos entre ellos, una nueva oportunidad laboral para Nini ofrece un salvavidas. Ambos andan en busca de algo que pueda reactivar su relación, pero en un nuevo mundo de decisiones adultas se darán cuenta de que lo difícil no es comenzar, sino continuar.

Omar (Juliano Kunert) y Nini (Maia Otero), eligen la vida del trabajador, la de sostenerse con sus propios medios, la de no acudir al financiamiento de familiares con cierta holgura económica, pudiendo hacerlo. Deciden construir su vida y su felicidad desconectándose del cordón umbilical familiar, lo que no es poco ni fácil para ellos.

Una de las grandes cualidades de Interior Apartamento Dia es su retrato de los inicios de cualquier pareja joven, de una etapa por la que muchos hemos pasado en nuestras vidas, presentando una imagen tan real como la vida misma y con la que muchos podemos identificarnos. De hecho, nos hace sentir y nos hizo sentir, con una enorme precisión, situaciones vividas anteriormente y que la película nos hizo recordar como si fuesen flashbacks propios de cada uno de los espectadores.

Juliano Kunert como Omar y Maia Otero como Nini, ellos mismos creadores y trabajadores en la cinematósfera dominicana, se reinterpretan en cierta forma encarnando sus personajes desde el doble eje de su propia visceralidad y experiencia vital. La organicidad de la interpretación de ambos podría suscribir aquellos versos de Miguel Hernández en Elegía cuando dice: «voy de mi corazón a mis asuntos”. En este caso, Maia y Juliano van desde su vida de pareja a sus asuntos laborales, cinematográficos o emocionales.

¿De qué va Melodrama del realizador Andrés Farias? Sonia, una viuda dominicana, se ve obligada a vender la casa de toda su vida para mudarse a un pequeño apartamento frente al mar Caribe. La transición la abruma, pero todo cambia cuando conoce a Aimé, el obrero haitiano que trabaja en un edificio vecino bajo construcción. Casi al instante, Sonia y Aimé entablan una fuerte conexión, y comienzan una relación amorosa a la cual todos se opondrán. Con la oportunidad de un nuevo comienzo, Sonia deberá decidir si hacerle caso a su corazón o rendirse ante la presión de la sociedad.

¿Qué puede unir a Sonia (Mercedes Morales), una mujer de clase alta, viuda, perpleja ante los cambios de la vida y de lugar de residencia con un tono de piel que aquí se asume que es blanco, y Aimé (Jimmy Jean-Louis), obrero haitiano de la construcción, quien tampoco es tan joven como ella? Pues técnicamente nada, pero así son las causas y azares del amor.

El conflicto para su hija Miriam (Sarah Jorge León), su empleada de servicio doméstico, Dilenia (Cyndie Lundy), o sus amigas del círculo social opulento. No es que Sonia tenga pareja ni que sea de menor edad, nada de eso, sino que sea haitiano, negro y pobre, siendo ese el nudo central de su argumento.

Melodrama, bajo la dirección de Andrés Farías, es un drama romántico cargado de fuertes raíces sociales que escudriña tras las paredes de zonas exclusivas las relaciones y los prejuicios en las clases altas de la sociedad dominicana. Todo ello va muy acorde al pensamiento predominante en ciertos estratos altos de la composición social dominicana, asentados en la simulación, los prejuicios ancestrales y un falso sentido de superioridad.

La Corta Vida de las Flores es un drama minimalista con toques cómicos del realizador Pablo Lozano y que se inscribe en una corriente estilística del cine dominicano que se ha sumergido en el tratamiento de la familia y las relaciones de pareja desde la cotidianidad y los ángulos afectivos, económicos y sociales en el que se enmarcan tales interacciones.

La ligereza del trazo dramático que nos dibuja el guion de Juan Antonio Bisonó, no debe llevarnos como espectadores a ignorar que la crisis en ascenso entre la florista Roxanna (Judith Rodríguez) y el músico Rommel (Héctor Aníbal), no es tanto por los cambios traídos por el embarazo y la aparición de un nuevo integrante de la familia, sino por la presencia de una situación o trauma no resuelto.

Roxanna y Rommel reciben en forma de recuerdo doloroso la presencia de su amigo Arturo (Yasser Michelén), una especie de fantasma de las relaciones pasadas. Lo cierto es que mientras ese fantasma emocional persista sin ser encarado por ambos, esa bomba de efecto retardado penderá sobre la pareja, amenazando su estabilidad y su felicidad.

Si ya decíamos lo de las complejidades de la vida de pareja, entonces la convivencia entre creadores artísticos añade una capa adicional de dificultad que eleva el reto de convivir, comunicarse, crear y amarse.  Las parejas artísticas como la de Rommel y Roxanna interactúan en esferas espirituales y cósmicas cuya cercanía debe respetar unos ciertos límites, una distancia suficiente para que lo afectivo sobreviva y perdure.

Es una preocupación genuina, no una casualidad

Los resultados o las conclusiones a las que llegamos confirman la persistencia de las preocupaciones de los creadores cinematográficos en cómo nos relacionamos como pareja. Esta continuidad no parece una casualidad sino más bien el reflejo de los hechos en estos creadores, quienes devuelven sus obras a la sociedad buscando un entendimiento y una reflexión sobre la pareja y como se relaciona en la intimidad, en lo emocional o en lo cotidiano.