José Rafael Sosa

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Santo Domingo. Se inauguraron este pasado viernes 24 los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe 2026 con un espectáculo que sorprendió por la conjunción del deporte, la música, la pintura, la danza, artesanía, canto, cine y tecnología, sentando un precedente en la memoria colectiva. Fue una entrega hermosa, emotiva y digna. 

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Es de justicia exponer cómo se montó este acontecimiento, quiénes fueron los responsables, cómo se preparó todo y qué reacciones ha producido. 

Con la intención de despejar dudas sobre su costo y tiempo de trabajo, indagamos en la producción a cargo de AZ Producciones y recabamos detalles clave del montaje.

Equipo organizador y de producción

La organización general estuvo bajo la responsabilidad del Comité de los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe y Centro Caribe Sports, entidades presididas por José Monegro y Luisín Jiménez. 

La producción general fue liderada por Alberto Zayas (AZ Producciones), acompañado en la dirección artística por Waddy Jáquez y Chiqui Hadad, con coreografía de Pablo Pérez, narración de Anyely Báez, Raymond Jáquez (textos en inglés) y Frank Camilo (textos en español) , administración de Ángela Gil, vestuario de Alina Julia y guion de Juan Manuel Tejeda. La administración fue responsabilidad de Angela Gil.

Los directores de cine Mariano Pichardo y Tuto Guerrero llevaron a las pantallas los cien años de los Juegos con imágenes que hilaron la memoria de la justa con el presente dominicano.

Para lograr la precisión los números artísticos se desarrollaron 35 días de ensayos con más de 150 horas de trabajo repartidas en la Escuela Nacional de Danza (ENDANZA), el Club Mauricio Báez, la Cancha de fútbol UFC, el Santiago Dance Center, Núcleo Extremo, Royalty Dance Place, el DNI Dance Center y la Universidad UCE San Pedro. Y finalmente dos ensayos generales en el Estadio. Hubo presión y excelencia en el rendimiento de cantantes, danzantes y músicos. 

El costo del espectáculo

Una estimación razonable —considerando la calidad artística, el despliegue tecnológico con drones y láseres, la participación de talentos nacionales, la producción audiovisual y la ejecución observada— sitúa la ceremonia entre US$7 y US$9 millones (aproximadamente RD$420–540 millones). Esta cifra representa una apreciación interpretativa del cronista firmante y no un dato oficial definitivo. Totalmente especulativa.

En el apartado tecnológico destacaron más de 30,000 insignias LED personalizadas por la empresa PixMob en credenciales luminosas) y que fueron entregadas a cada persona que ingresó como público, logrando que fueran parte del espectáculo. La impresión que daba esa masa colorida sincronizada, por ejemplo, con los colores de las banderas de los países participantes, producía una sensación impactante.

El espectáculo aéreo estuvo a cargo de 1,100 drones programados por la empresa Sky Elements y un show de láseres de gran formato instalado por la empresa Dog From The Moon, en lo que significó la primera presentación de esta tecnología en el Caribe. No pudimos determinar la responsabilidad de la escenografía, pero estuvo muy bien. La disposición de los espacios para los diversos momentos, fue adecuada y funcional.

Los datos de la justa y las delegaciones

La dimensión del evento se resume en cifras impresionantes: 

6,200 deportistas de 37 delegaciones compitiendo en 40 deportes y disputando 1,500 medallas durante el periodo del 24 de julio al 8 de agosto de 2026. 

Duración de 90 minutos, distribuidos en tres escenarios 

912 bailarines, danzando bajo el concepto central: “100 años de unión, una sola región, un mismo corazón”.

El ceremonial inició con el Himno Nacional interpretado en lengua de señas por el ballet contemporáneo dominicano bajo la instrucción de Sonia Encarnación y coreografía de Daime del Toro, junto a la Orquesta Sinfónica Nacional y el Coro Nacional Dominicano dirigidos por el maestro José Antonio Molina. Fue la primera vez que la canción patria se ejecutaba en este formato ante una audiencia multitudinaria y masiva en plataformas como YouTube

37 delegaciones reunieron a las naciones de: Antigua y Barbuda, Aruba, Bahamas, Barbados, Belice, Bermudas, Colombia, Costa Rica, Cuba, Curazao, Dominica, El Salvador, Granada, Guatemala, Guyana, Guayana Francesa, Haití, Honduras, Islas Caimán, Islas Vírgenes Británicas, Islas Vírgenes de los Estados Unidos, Jamaica, Martinica, México, Nicaragua, Panamá, Puerto Rico, San Cristóbal y Nieves, San Martín, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía, Sint Maarten, Surinam, Trinidad y Tobago, Turcos y Caicos, Venezuela, Anguila, Guadalupe y República Dominicana en su condición de país anfitrión.

La música como hilo conductor del desfile.

Al paso de los atletas se escucharon 37 canciones emblemáticas o compuestas especialmente para la ocasión, logrando que las delegaciones cantaran y bailaran al ritmo de sus identidades. 

Destacaron piezas como “Esto es México” de Emmanuel Armando “Coray”; “Antigua Nice” de Glenroy “Zamba” Richards; “Dushi Bida” de Jonathan Thiel (Aruba); “I Am a Bahamian” de Nakhaz Gay; “Like Ah Bajan” de Michael Mercer (Barbados); “I Am Belize” de Tanya Carter y Lynn Young; “Jam Bermuda” de Alphonsus Cassell “Arrow”; “Colombia Tierra Querida” de Lucho Bermúdez; “Playa, Montaña y Sol” de Arley Esteban Gómez Vargas “Gonín” (Costa Rica) y “Me Dicen Cuba” de Alexander Abreu.

Continuaron  “Mama Wa’ (The Blue Wave)” de Jonathan Bryan Thiel “Jeon” (Curazao); “Raise Your Flags” de David Terrel y Carlyn Xavier-Phillip (Dominica); “Arriba El Salvador” de Lito Barrientos; “Sweet Home” de Jalon Olive (Granada); “Fos A Péyi La” de Admiral T. (Guadalupe); “Cumbia Guatemayense” de Daniel Vásquez Marroquín y Jaime Cabrera; “I Am a Guyanese” de Adrian Dutchin; “Zot di mo bél” de Emilie Sébéloué (Guayana Francesa); “Set It Off” de Samuel Point Du Jour y Hantz Mercier (Haití) y la popular “Sopa de Caracol” de Hernán “Chico” Ramos (Honduras).

Otras piezas seleccionadas como tema por paises: “Perfection” de Beneil Miller (Islas Caimán); “BVI” de Raul “Jougo” Sprauve (Islas Vírgenes Británicas); “VI to the Bone” de Ángel Ventura III, Kevre Lawrence Hendricks y Michael Stephens (Islas Vírgenes de EE. UU.); “Jamaican (Bam Bam)” de Sister Nancy (Ophlin Russell); “Run di Town” de Yoni Alpha “Paille” (Martinica); “Nicaragua Mía” de Tino López Guerra; “Sube la Marea” de Ricardo Gaitán y Alberto Gaitán (Panamá).

Puerto Rico desfiló con el tema “¿Quién no se siente patriota?” de José Rafael López Figueroa “I Love St. Kitts” de Elston “King Ellie Matt” Nero; “I Love St. Maarten Anthem” de King Vers y Magic; “This Island Is Mine” de Gamal Doyle (San Vicente y las Granadinas); “Damn Proud Lucian” de Sylvinus Charles (Santa Lucía); “Lusu” de Psycho Maadnbad (Surinam); “Encore” de Machel Montano y Andre Jeffers (Trinidad y Tobago); “Take Me to Paradise” de David Lightbourne (Turcos y Caicos); y “Venezuela” de Pablo Herrero Ibarz y José Luis Armenteros Sánchez. El trabajo de coordinar la plataforma musical del desfile de las delegaciones fue ingente y tomó varios meses afinar detalles.

Las canciones más emotivas incluyeron la de México, con un contagioso lenguaje popular; la de Venezuela, ovacionada en solidaridad por la resiliencia de su pueblo tras el sismo de todos conocido; Colombia, por su fuerte empatía artística; y Costa Rica, con un tema que exalta su naturaleza y su condición de país sin ejército. 

La delegación dominicana, la más numerosa y abanderada por los medallistas olímpicos Marileidy Paulino y Cristian Javier Pinales, cerró el desfile con “Cuando pise tierra dominicana” de José Hernández Maestre en la voz de Fernandito Villalona, desbordando la emotividad del recinto.

Hubo arte, cultura e inclusión en escena, pero se pudo aprovechar de mejor forma la figura de Marileidy Paulino, no solo como figurante. Es la gran figura dominicana del deporte. Una leyenda con piel de caoba.

El segmento “Dominicano Soy” celebró el orgullo generacional con coreografía de DNI Dancers Studio y Osvaldo Víctor, abriendo con “Quisqueya” de Rafael Hernández en la voz de Manny Cruz, Techy Fatule, Lomiel y Lápiz Consciente, sobre una pieza de Willy González (Redimi2) producida por Antonio González. 

“Corazón de Fiesta”, tema oficial de Vladimir Dotel, contó con coreografía de Marcos Taveras (Santiago Dance Center) y la participación del Niño Aron en el redoblante.

La representación del Caribe anglófono integró sonidos de reggae, soca y calipso interpretados por Héctor Aníbal, Vakero y Mark B, con arreglos de Antonio González, producción de Maffio, coreografía de Da Republick y la sorpresiva actuación de Ky-Mani Marley, hijo de la leyenda Bob Marley.

El momento artísticamente más plástico, “Soy Caribe”, transformó el campo del Estadio Félix Sánchez en un lienzo con obras de Ada Balcácer, Guillo Pérez, Cándido Bidó, Iván Tovar, Elsa Núñez y Jorge Pineda. 

Las bailarinas lucieron tocados con la flor de Bayahíbe (la flor nacional) y vestuario diseñado por Alina Julia. 

Jandy Ventura (con una chaqueta ilustrada por Angurria, máxima expresión de la pintura mural popular) y Miriam Cruz interpretaron “Merenguero hasta la Tambora” en tributo a Johnny Ventura; Alexandra y Jeo Veras honraron la bachata con “Pena por Ti” de Luis Segura (coreografía de Laura Ramírez) asistidos por El Prodigio  y su acordeón. 

El campo vibró cuando 118 parejas bailaron “Caña Brava”, seguido por Maridalia Hernández interpretando “Soy Caribe” a bordo de la “yola de la esperanza”, en un entorno ilustrado por Poteleche con bailarines portando sombreros tejidos por artesanos de Gurabo.

La teleaudiencia  y visitas digitales

Estimado de audiencia total

IA de Chat GPT calcula que si se eliminan duplicaciones (personas que vieron el evento por más de una plataforma), el alcance podría situarse aproximadamente en: Audiencia en vivo: entre 4 y 6 millones de personas y el alcance total durante la primera semana: entre 7 y 12 millones de personas

El sistema de IA dice que si se contabilizan todas las reproducciones sin descontar duplicados (lo que en mercadeo digital se denomina “impresiones” o “views”), el total podría alcanzar entre 10 y 18 millones de visualizaciones.

El fuego sagrado y el debate 

El punto culminante ocurrió cuando la llama “Fulgor Caribe”, trasladada desde Teotihuacán en la Ruta Wiche García Saleta, ingresó al estadio portada por figuras históricas del deporte: Dr. José Joaquín Puello, Milagros Cabral, Félix Díaz y Robert Rafael Jiménez. 

El encendido final del pebetero estuvo a cargo del doble campeón olímpico Félix Sánchez, desencadenando un cierre con fuegos artificiales, láseres y drones.

Nuestro amigo, el reconocido empresario artístico Luis Medrano publicó en un medio web, una crítica en la que argumentaba que “la tecnología no es cultura” y que las luces y telas eran un adorno sin esencia. (1) 

Frente a esta postura, cabe precisar que la opinión de Medrano se enmarca en la libre expresión y el debate público, pero el montaje no careció de alma nacional. La selección del talento incluyó representaciones de primer orden de nuestra música, danza e historia.  

La tecnología empleada no sustituyó la cultura, sino que la potenció: permitió ver en el firmamento figuras que homenajearon nuestras tradiciones y dio realce visual a la música folclórica y popular.

 Con un guion riguroso y una puesta en escena de nivel internacional que tomó más de tres años de preparación, la ceremonia inaugural representó un tributo digno, moderno e impecable a la identidad dominicana y caribeña.

Al final

El espectáculo inaugural de los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2026 fue digno, impecable y representativo de la cultura de todos los países participantes a través de su música. La selección del talento actuante se hizo con criterio. Claro que no podía estar el universo íntegro de todas las figuras representativas, pero las que actuaron sin duda lo eran. 

¿Es acaso posible pautar un espectáculo inaugural deportivo en el que se concentre el súmmum del parnaso artístico para poder ostentar el título de «artístico nacional»? Vimos al Coro Nacional, a la Sinfónica Nacional y al Ballet Nacional interpretando danza con lenguaje de señas. Tuvimos a Manny Cruz como un digno exponente del merengue y una cuidada selección de artistas urbanos. 

¿Acaso los merengueros actuantes estaban de más? ¿O eran figuras muy bien afianzadas en el arte musical popular?

Cierto que hubo tecnología (y muy bien utilizada); cierto que hubo drones, ¿pero es eso malo por sí mismo? ¿No depende más bien de lo que representaron en el firmamento estos modernos aparatos voladores? Gracias a ellos vimos por primera vez (por suerte) parejas bailando nuestro merengue, a la mascota Coli, a los instrumentos del merengue. ¿La luz parte esencial de los espectáculos artísticos?

Presenciamos un espectáculo inédito en este tipo de montajes:

  • Música e identidad: El uso de la música emblemática de cada delegación participante, dándole el tiempo necesario para su lucimiento.
  • Guión e investigación: La textualidad del guión demuestra una rigurosa investigación histórica para describir el papel de cada país en estos juegos y resaltar el rol del deporte como vía de hermandad entre los pueblos, incluso entre aquellos que mantienen diferencias actualmente.
  • Simbolismo deportivo: Fue emotiva y aleccionadora la selección de las figuras deportivas para los momentos cruciales, como el izamiento de las banderas y el encendido del pebetero.
  • Diseño e impacto: El diseño artístico de los escenarios desde los cuales se pronunciaron los discursos estuvo a la altura, logrando una expresividad y colorido sin precedente.

Esta ceremonia estuvo a un nivel superador, no visto antes, en coherencia con los tres años y medio de trabajo invertidos en el montaje —una labor que entiendo merece consideración, respeto y admiración—.

  1. https://soylatino.net/reflexion-letal-de-luis-medrano-juegos-centroamericanos-y-del-caribe-sd-xxv/