Los sandinistas conmemoran este domingo el 47 aniversario de la revolución que derrocó por la vía armada a la dictadura de Anastasio Somoza Debayle, con el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, como su único protagonista de los históricos nueve comandantes.

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Las demás figuras de la revolución han muerto bajo custodia del Estado o están en prisión, desnacionalizados, exiliados, tildados de “traidores a la patria” o denunciando la consolidación de un nuevo régimen autoritario y dinástico.

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Los comandantes sandinistas de la Dirección Nacional eran, en 1979, Bayardo Arce, Tomás Borge, Luis Carrión, Carlos Núñez, Daniel Ortega, Humberto Ortega, Henry Ruiz, Víctor Tirado y Jaime Wheelock.

El mandatario, de 80 años y quien retornó al poder en 2007 tras coordinar una Junta de Gobierno de 1979 a 1985 y presidir por primera vez Nicaragua de 1985 a 1990, acusó de “traición a la patria” a su hermano menor, el general retirado Humberto Ortega, tras cuestionar la sucesión “dictatorial” del jefe de Estado, y murió bajo arresto domiciliario e incomunicado el 30 de septiembre de 2024.

Arce, de 77 años y exasesor presidencial, fue declarado culpable en enero de estafar al Estado por cerca de 5.000 millones de dólares, según la Procuraduría.

Ruiz, próximo a cumplir 83 años y que en 1990 se distanció del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), es, junto con Arce, uno de los al menos 46 personas que permanecen bajo custodia por motivos políticos en el país centroamericano.

Carrión fue desnacionalizado, exiliado y tildado de “traidor a la patria”. Wheelock está alejado de la política. Tirado tiene problemas de salud. Borge y Núñez, fallecieron.

Nicaragua se encamina a otra “sucesión dinástica”

La caída de los antiguos comandantes sandinistas es consecuencia de la “sucesión dinástica” de Ortega y de su esposa, la ahora copresidenta Rosario Murillo, quienes estarían preparando el camino a uno de sus hijos, valoró el analista político nicaragüense desnacionalizado Óscar René Vargas.

Ortega ha delegado paulatinamente el poder a su esposa y a sus hijos, principalmente a Laureano Ortega Murillo, encargado de las relaciones con China y Rusia y considerado como el ‘delfín’ por sectores de la oposición.

De acuerdo con un análisis del Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (Cetcam), en Nicaragua ya se ha afianzado “una nueva dictadura familiar”.

Nicaragua “se ha convertido en una dinastía de familia con una copresidencia (Ortega y Murillo), donde básicamente han tratado de eliminar, por ejemplo, la Iglesia católica (…) y todo lo que pueda amenazar el poder a ese régimen”, comentó el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, en febrero de 2025, durante su visita a Costa Rica.

Para entonces, había entrado en vigor la reforma constitucional que pasó a Murillo de vicepresidenta a copresidenta, que aseguró “la continuidad en el poder de la familia Ortega-Murillo”, sostuvo en su análisis el Cetcam, un centro de pensamiento integrado por investigadores centroamericanos de distintas disciplinas, con sede en Costa Rica.

Esas enmiendas no solo aseguraron la herencia del poder a la familia Ortega Murillo, sino que modificaron “tanto el régimen político como al Estado, dando lugar a la institucionalización de un Estado totalitario y completamente subordinado a la voluntad de la pareja dictatorial”, advirtió ese centro de pensamiento.

Los sandinistas conmemoran su revolución, además, con esporádicas apariciones en la escena pública de Ortega, quien ha dejado de viajar a otros países y mantiene constantes guiños a China y Rusia.

También bajando su retórica antiestadounidense, aunque en abril tildó de “desquiciado mental” y de no estar “en sus cinco sentidos” al mandatario Donald Trump por “secuestrar” al exjefe de Estado venezolano Nicolás Maduro, y amenazar “con desbaratar” a Cuba a través de una operación militar.EFE

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