Pedro Caba

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Aparte de cualquiera otra consideración de tipo ideológica o política los Estados Unidos de América de hoy no sólo luce sólido en capacidad de retomar el liderazgo tecnológico-económico para competir y evitar ser desplazado por China, con la que ya lucha de igual a igual, sino también en manifiesta ofensiva política.

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En apenas año y medio Trump ha prendido en una porción importante del pueblo norteamericano con su movimiento MAGA al frente, del cual forma parte también una nueva generación de líderes políticos y de empresarios de la era digital y del desarrollo espacial.

Pudiera considerársele disruptivo con respecto a principios que parecían ya establecidos, como el cambio climático y las políticas de mitigación y de preservación del ambiente relacionada con la energía, regresando al uso de energéticos convencionales, pero tal actitud es de coyuntura, a los fines de reponer la infraestructura industrial que había sido desplazada. Después de todo, China ha echado adelante preservando sus fuentes calóricas originales (carbón e hidrocarburos) y aprovechando para desarrollar las renovables, siempre en proporción minoritaria con respecto a las otras.

El poder hegemónico de hoy está relacionado con el desarrollo y control aeroespacial acompasado de una fuerte presencia de la manufactura tradicional, y no se puede negar Trump ha movilizado ambos sectores del alto empresariado alrededor suyo.

China convirtió el sudeste asiático en una extensión de sí misma con ejemplos tan emblemáticos como Vietnam y Corea del Norte, y hace esfuerzos ciclópeos por hacerlo también con la empobrecida Africa. Aunque un poco tarde pero con tiempo para hacerlo, USA en estos tiempos procura hacer lo mismo con las Américas, su patio trasero.

Como China está muy ocupada en consolidar su propio desarrollo y el expansionismo programado al tiempo que Rusia se mantiene en garantizar la seguridad de su frontera y recuperar la gloria de la antigua URSS, Trump y su estructura político-empresarial y militar apuran el paso (por aquello de los cortos períodos presidenciales de su forma democrática de vida) para pasar a la plena ofensiva político-militar, al mejor estilo del imperio.

Eso es lo que explica la inacción tanto de China como de Rusia ante la ofensiva internacional de Trump.

Con la intervención de Trump en el Oriente Medio USA le sirve de garantía existencial a Israel y de soporte a los Estados árabes que cimentaron su desarrollo económico y social implantando sociedades de estilo de vida occidental sin abandonar sus prácticas culturales, con los hidrocarburos como basamento. Hoy el preterido de la comunidad internacional Líbano tiene razones para recuperar el aliento original y relanzarse extirpando el implante indeseado de Hezbolá.

El acuerdo de seguridad mutua que la expresión armada de USA en Oriente Medio el CENCOM acaba de firmar con sus pares jefes armados de 10 naciones árabes, es un ejemplo palmario del liderazgo e influencia de Trump en toda la región

Si Trump, como parece, tiene el acierto de aprovechar el alto al fuego en la Franja de Gaza y mantiene a raya a Israel, asociarla a Palestina y respaldarla en la ONU para su reconocimiento como Estado asociado, habrá completado una verdadera obra maestra moderna.

El Factor X de Trump en las Américas es incontrovertible. Batea para 1,000 puntos hasta ahora en la instalación de gobiernos fruto de elecciones que le son afectos. Sin necesidad de intervenciones directas, que no sea la episódica extracción de Maduro en Venezuela, avanza en abrir Estados cerrados como el de Cuba, y Nicaragua tiene que apurar el paso en el mismo sentido pues ya demasiado dependencia tiene con el DR-CFTA.

Tan sólo horas después de la confirmación como presidenta electa de Keiko Fujimori en Perú, el tribunal supremo de ese país denegó la instancia del gigante chino Cosco Chips que limita las operaciones de su multimillonaria inversión en el megapuerto-multipropósito Chancay en ese país, destinado a facilitar la influencia de China en todo el continente. Horas más tarde, Trump proclamó que ya Cuba está en el sendero que interesa a USA, y que no permitirá que China controle el Canal de Panamá.

El otro frente en que acciona Trump es en la guerra ucrano-rusa, la que prometió pondría fin tan pronto llegara al poder, alegando las altas erogaciones que significa para el presupuesto de USA. Evidente no lo ha logrado hasta ahora, aunque con su presencia en el escenario ya redujo a Europa a su verdadero tamaño y la ha puesto a cargar con los costos que significa mantener a Zelenski en el teatro de guerra.

La capacidad de maniobra de Trump está puesta a prueba en Europa, pues ni puede abandonar totalmente a los antiguos aliados de USA, pues ya limitó su asistencia en la OTAN ni tampoco puede malquistarse con Putin, a quien admira y desea imitar y considera legítimos sus propósitos de defender la frontera de Rusia. Mientras, Europa tendrá que sufragar su armamentismo basado en el supuesto expansionismo ruso, una verdadera sinrazón. Así que, juega al tiempo hasta ver quien se gasta primero.

La era Trump con su movimiento MAGA y el alto empresariado que lo apoya ha llegado a USA, a contrapelo de las estructuras políticas y mediáticas que facilitó el Partido Demócrata.

Como hemos dicho siempre, corresponderá al voto popular certificarlo pues esas son las reglas de juego históricas que se ha impuesto los Estados Unidos de América.