Humberto Almonte 

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 Analista de Cine

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Pablo Milanés afirmada en una de sus canciones: “El tiempo, el implacable, el que pasó…” 

En cuanto a las obras de arte que trascienden el tiempo, coincidiendo con la letra de Pablo, suele ser ese tiempo el implacable juez confirmante de esa trascendencia, por eso La Odisea (The Odyssey) de Christopher Nolan debe esperar para su validación, lejos del ruido mediático actual, al igual que ese tiempo ha validado la obra del aeda griego. 

No todo el que habla de Homero lo ha leído, y evidentemente, muchos de los que han criticado la película antes de salir, tampoco la habían visto.  Ahora que podemos acceder a la película, debemos agradecer en parte a quienes la han lapidado antes de verla por haber despertado la curiosidad de una parte del público que ha acudido a las salas.  

La historia nos cuenta que, tras la guerra de Troya, el legendario Odiseo emprende el largo y peligroso regreso a su hogar en Íthaca, donde su esposa Penélope y su hijo Telémaco lo esperan desde hace mucho tiempo mientras resguardan el reino de los numerosos pretendientes que acechan el trono. Sin embargo, el camino de vuelta se convertirá en una epopeya legendaria en la que deberá enfrentarse a dioses hostiles y criaturas mitológicas que pondrán a prueba no solo su ingenio y valentía, sino también su propia humanidad.

 

La dirección y el guion recaen en Christopher Nolan. El elenco lo componen Matt Damon, Tom Holland, Anne Hathaway, Robert Pattinson, Lupita Nyong’o, Samantha Morton, Zendaya, Charlize Theron, Jon Bernthal, Himesh Patel, Elliot Page, Travis Scott, John Leguizamo, James Remar y Benny Safdie.

La desmesura y la osadía de Nolan se ha plasmado en una película 2 horas y 52 minutos acudiendo al IMAX como herramienta técnica y a su credo estético como elementos articuladores de un discurso cinematográfico en donde la mitología griega y lo actual se entrelazan para entregarnos un relato, que vistas las reacciones de todo tipo, reafirma las virtudes y defectos del ser humano de todas las épocas. 

¿Y dónde está lo homérico?

En su Odisea, Nolan acentúa la presencia y el poder de las divinidades como lo marca el bardo griego Homero pues Odiseo (Matt Damon) reta a los dioses conscientemente pagando el precio por ello. Él héroe de Troya se debate entre su obediencia a lo divino y la responsabilidad de proteger a sus hombres, fracasando en ambos casos.  

Una de las características fundamentales de las deidades griegas, sean Atenea, Zeus, Apolo o Poseidón, es que son de hecho de los más humanos de los dioses de todas las mitologías, pues sus iras, deseos, apetitos, sueños o temperamentos son muy cercanos a las características humanas, aunque vivan en el Olimpo o en el inframundo. 

Transferir o adaptar el espíritu de la obra de Homero siempre será una tarea compleja que el realizador de esta película acierta en unas ocasiones y en otras no. Una cosa es la fidelidad al espíritu homérico y otra capturar o replicar la atmósfera homérica. En la primera hace lo propio de un artista original que es traicionar la forma para ser fiel al espíritu, lo atmosférico lo alcanza en alguna ocasión, pero en otras, y son muchas, ni se acerca. 

En la película Homero está presente en lo que la productora Carol Herrera llama el “Dark Nolan” o el oscuro Nolan, cuando el narrador griego y el director británico caminan juntos a Odiseo y sus hombres en la isla en la que reside la hechicera Circe (Samantha Morton) donde gracias a Morton y evidentemente a Nolan, el espíritu de la obra y de Homero descienden hacia la pantalla, hechizando al espectador. 

Homero y Nolan vuelven a darse la mano al llegar Odiseo al inframundo a consultar a Tiresias (James Remar) donde también se encuentra con el rey Agamenón (Benny Safdie), Sinón (Elliot Page) y los soldados que han perecido por las decisiones del héroe, pues la atmosfera oscura, solemne y tétrica hace honor a esa llamada atmósfera homérica.

A nuestro parecer esas virtudes atmosféricas desaparecen en el encuentro de Odiseo con las sirenas, la visita de Telémaco (Tom Holland) a Menelao (Jon Bernthal), la estadía del héroe con la diosa y ninfa Calipso (Charlize Theron) y en una parte significativa de las escenas desarrolladas en el palacio. 

El triunfo de la estética nolaliana 

La fluidez narrativa de su versión de La Odisea coloca al realizador británico en lo alto del universo cinematográfico actual pues la película discurre a lo largo de su metraje sin caída significativa ninguna de ritmo y mantiene al público cautivo y atento de principio a fin, algo complicado de lograr con el déficit de atención de las audiencias actuales. 

Nolan se ha tomado unas licencias que pueden ser criticadas, pero está demostrado que hacen funcionar la trama tomando en cuenta que es una película de ficción que se basa a su vez en un relato de ficción, por tanto, criticarla sería como criticar a Homero por embellecer unos hechos y eludir otros. Por ejemplo, es un acierto atmosférico /tonal y dramático de la elección del rapero Travis Scott como el narrador oral para mencionar una de esas decisiones creativas que han provocado bastante polémica. 

Los personajes principales son el Odiseo de Matt Damon, el Telémaco de Tom Holland, la Penélope de Anne Hathaway o el Antínoo de Robert Pattinson quienes cumplen con cierta efectividad en sus papeles asignados sosteniendo competentemente la narración. Y no olvidemos el gancho comercial de varios de ellos de cara a los espectadores. 

A nivel de interpretación destacada, los puntos más altos de La Odisea se encuentran en la Circe de Samantha Morton quien en un alarde de proyección y fuerza dramática, introspección en su personaje y la presencia enorme que consigue en la pantalla elevan su participación a las alturas. John Leguizamo como Eumeo sostiene y articula soberbiamente su personaje con gran efectividad para transformarlo en uno de los más sólidos de la película.   

Entre bardos y directores de cine 

Hoyte van Hoytema y Ludwig Göransson dotan a esta película de unas cualidades visuales y sonoras que apuntalan el edificio estético diseñado por el realizador, Hoytema con sus planos, ángulos y movimientos que capturan la acción gracias a su ojo transformador de imágenes normales en visiones pobladas de significado.  Göransson, por su parte, crea una música, unas sonoridades que conectan la épica narrativa con lo visual realzando la experiencia audiovisual. 

La Odisea (The Odyssey) de Christopher Nolan toma la obra de Homero y la trae a nuestra época, reflejando la persistencia y la continuidad de las actitudes y pensamientos humanos, sea en la Grecia de Homero y de Zeus o en las sociedades actuales con sus soberanos y gobernantes. 

Y en la línea de Penélope o Menelao, Nolan propone sus preguntas sobre las causas antiguas y actuales de los conflictos, sean de género, bélicos o comerciales.