Danylsa Vargas

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Los debates han sido, históricamente, el gran miedo de muchos políticos dominicanos. Prefieren el discurso preparado, la entrevista pactada y el acto multitudinario antes que enfrentarse a preguntas incómodas o contrastar ideas con sus adversarios.

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Pero los tiempos han cambiado. Hoy la ciudadanía no solo quiere promesas; quiere escuchar, comparar, cuestionar y conocer quién está realmente preparado para gobernar.

En la era de las redes sociales y de la información inmediata, evitar un debate ya no siempre se interpreta como una estrategia inteligente. Cada ausencia también comunica. Y la pregunta inevitable es: ¿qué se intenta evitar?

La democracia se fortalece cuando las ideas compiten de frente, cuando los candidatos defienden sus propuestas y los ciudadanos pueden evaluar no solo lo que dicen, sino cómo responden bajo presión.

La gran interrogante es: ¿hasta qué punto podrán seguir esquivando los debates en un país donde el electorado exige cada vez más transparencia, preparación y capacidad de responder?

Porque al final, quien aspira a dirigir una nación también debería estar dispuesto a defender sus ideas frente a la nación.