«El título», afirma Harris, «es a la vez una pregunta y una declaración». Es un poema en sí mismo —un monóstico— que el público debería mantener presente en el trasfondo de su mente mientras se desarrolla la acción. Una mujer negra no tiene por qué esperar a ser salvada.
Thank you for reading this post, don't forget to subscribe!
De gran envergadura y tono épico, la obra de Harris —que ella misma adaptó para la pantalla— narra la trayectoria (y la inquietante historia previa) de unas gemelas afroamericanas de 21 años, Racine (Kara Young) y Anaia (Mallori Johnson), quienes sufrieron quemaduras durante su infancia en un atroz acto de violencia doméstica perpetrado por su padre (Sterling K. Brown). Las cicatrices de Racine se extienden por sus brazos, espalda y cuello, mientras que Anaia carga con la pesadilla de aquel horror como un velo que le cubre todo el rostro, además de marcas que recorren sus brazos y cuello.
*Is God Is* es una obra misteriosa; aunque evoca un amplio abanico de influencias cinematográficas, se sitúa justo al margen de escuelas o géneros concretos.
«Podría haber elegido un lenguaje más directo —no solo visual, sino también en los diálogos propiamente dichos—», explica Harris. El juego de imágenes y las cadencias evocan y ponen de manifiesto dónde residen las profundas raíces de la historia de esta familia: un Sur muy particular que los moldeó. «Quería ser un poco fantasiosa: jugar con el lenguaje, no ser tan directo. Me preguntaba una y otra vez: ¿qué clase de sucesos insólitos pueden ocurrir en este mundo?».
Ella soñaba sin fronteras: «Es lo mítico, lo folclórico. Esa es la dimensión que yo buscaba. Aquí tenemos a esta madre que es, en cierto modo, divinizada en vida; de este modo, trasciende nuestro tiempo actual y puede enseñarnos algo». Harris sabe que concederse ese espacio y esa libertad fue «lo que hizo que escribir resultara liberador».
«A veces me llega una imagen. Un momento que abre mil puertas. Y eso me lleva a una buena historia», dice Harris. Ha aprendido a confiar en esas premoniciones y señales.
Harris fue componiendo un collage de imágenes, lenguaje y paisajes. «Al principio iba a escribir una historia centrada en un solo personaje, pero la idea no terminaba de funcionar. De repente, lo vi claro: era como si la historia misma me dijera que no se trataba de una sola persona, sino de dos. De gemelos». Ese descubrimiento avivó su imaginación. «Para mí, la idea de los gemelos conlleva un dramatismo intrínseco. ¿En qué están de acuerdo? ¿En qué discrepan? ¿Quién nació primero? Hay en ello un matiz mítico».
Al desenmarañar las voces, vio un camino a seguir. «Como gemelas, realmente daban una nueva dimensión a la historia. Supe desde muy pronto que serían polos opuestos». El siguiente paso consistió en determinar cómo esas características contrapuestas impulsarían la trama, «y qué efecto tendrían tales diferencias en su relación y cómo esta evolucionaría con el tiempo. Fue un proceso divertido, sobre todo por la forma en que ellas me hablaban».
La película es, literalmente, un viaje por carretera de venganza, y cada parada que hacen Racine y Anaia posee su propia atmósfera y energía distintivas. «La película se divide en tres partes: el norte frío, el sur húmedo y el oeste seco y bañado por el sol», explica Freyja Bardell, diseñadora de producción del filme. «A medida que las hermanas recorren Estados Unidos, los paisajes y los escenarios cambian para reflejar no solo su viaje físico, sino también la evolución de su relación».










