Humberto Almonte
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Analista de Cine
Sociedades como la dominicana dan muchas cosas por sentado, y en otras fingen aceptar que vivimos regidos por un orden basado en reglas, es más, hasta nos creemos nuestra propia discursividad prejuiciada, aunque la realidad nos demuestre nuestras equivocaciones una y otra vez. De ahí que sugiero no prejuzgar el discurso de una película como Melodrama.
Ni el matrimonio es obligatorio “hasta que la muerte nos separe”, ni las mujeres después de cierta edad deben asumir aquello de “ponerse en su lugar”. Tampoco entre etnias y nacionalidades todos piensan igual, ni el clasismo o el racismo en la sociedad dominicana actual es menor que antes, pero mucho menos el amor o las relaciones deben atenerse a lógicas sociales estrechas.
¿De qué va Melodrama? Sonia, una viuda dominicana, se ve obligada a vender la casa de toda su vida para mudarse a un pequeño apartamento frente al mar Caribe. La transición la abruma, pero todo cambia cuando conoce a Aimé, el obrero haitiano que trabaja en un edificio vecino bajo construcción. Casi al instante, Sonia y Aimé entablan una fuerte conexión, y comienzan una relación amorosa a la cual todos se opondrán. Con la oportunidad de un nuevo comienzo, Sonia deberá decidir si hacerle caso a su corazón o rendirse ante la presión de la sociedad.
En esta producción de 90 minutos de Lantica Estudios la dirección recae en Andrés Farías y el guion es de Farías, Julia Scrive-Loyer y Rey Andújar. El elenco este compuesto por Mercedes Morales, Jimmy Jean-Louis, Sarah Jorge León, Cyndie Lundy, Pachy Méndez, Adriana Zayas.
Melodrama está situado en un segmento de clase acomodada y su entorno, un componente de la estructura societal dominicana que recién comienza a ser explorado a profundidad por nuestros cineastas. Aquí su realizador hunde su bisturí estilístico echando mano a un minimalismo estético y rítmico para mostrar el cinismo social que esas clases altas ocultan tras sus elegantes, cultas y refinadas maneras.
Los prejuicios dividen, el amor une
¿Qué puede unir a Sonia (Mercedes Morales), una mujer de clase alta, viuda, perpleja ante los cambios de la vida y de lugar de residencia con un tono de piel que aquí se asume que es blanco, y Aimé (Jimmy Jean-Louis), obrero haitiano de la construcción, quien tampoco es tan joven como ella? Pues técnicamente nada, pero así son las causas y azares del amor.
El conflicto para su hija Miriam (Sarah Jorge León), su empleada de servicio doméstico Dilenia (Cyndie Lundy), o sus amigas del círculo social opulento, no es que Sonia tenga pareja ni que sea de menor edad, nada de eso, sino que sea haitiano, negro y pobre, siendo ese el nudo central de su argumento.
Todo ello va muy acorde al pensamiento predominante en ciertos estratos altos de la composición social dominicana, asentados en la simulación, los prejuicios ancestrales y un falso sentido de superioridad.
La película avanza a un ritmo moroso, lento y detallista en el buen sentido narrativo, con unos personajes milimétricamente estructurados, precisos expresivamente y que encajan en el tono asordinado que ha elegido el realizador y sus co-guionistas Julia Scrive-Loyer y Rey Andújar, para esta crónica emocional y cotidiana de las relaciones afectivas al estilo de esos licores nobles en donde los tragos se saborean lentamente de cara al horizonte marítimo del histórico Edificio Manzano.
Al elegir las subtramas y los subtextos, Farías se decanta por esas distancias que crecen entre madres e hijas y de estas a las nietas, o a la nieta Maia (Adriana Zayas), quien termina siendo la que entiende mejor a su abuela y la que menos entiende a su madre Miriam, la cual, a su vez pasa por una situación difícil en su matrimonio. Como terapeuta es paradójico que Miriam se conecte de manera muy orgánica con sus pacientes, pero tenga dificultades para entenderse con su madre y entender a su hija.
Dilenia, la joven del servicio doméstico de casa de Sonia mantiene un tono de hostilidad con su compatriota Aimé que raya en lo incomprensible, pero su actitud no está lejos de las del círculo de su jefa Sonia, lo que tampoco es extraño, pues ciertos esclavos asumen el pensamiento de sus amos o del círculo dominante en una relación de dependencia, una especie de síndrome de Estocolmo social.
La pirámide interpretativa de la película culmina con la tonalidad asumida por Mercedes Morales, cuya parquedad, laconismo y sobriedad expresiva para encarnar a Sonia es el punto dramático más elevado de los personajes, todo ello acompañado con el bien estar del siempre atinado Jimmy Jean-Louis como Aimé o la presencia efectiva de Sarah Jorge León en su papel de Miriam, el cual apuntala sólidamente la arquitectura actoral del conjunto.
Y el amor también …
Visualmente esta película es un festín gracias a las imágenes de Saurabh Monga cuyo ojo sensible y estético es parte fundamental de la atmosfera que eleva el discurso expresivo. Monga es un pintor de luz que ha traducido el universo narrativo del director con su lente hasta materializarlo en su segundo largometraje con este realizador.
Melodrama, bajo la dirección de Andrés Farías, es un drama romántico cargado de fuertes raíces sociales que escudriña tras las paredes de zonas exclusivas las relaciones y los prejuicios en las clases altas de la sociedad dominicana. La exploración que hace Farías está asentada en una factura discursiva y estética asordinada, pero sin concesiones de ningún tipo.










