Resultó que el batazo clave no fue un batazo.
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En cambio, fue un toque de bola de Victor Scott II lo que impulsó a los Cardenales a una victoria de 5-3.
Los números de Scott contra zurdos han sido una fortaleza hasta este punto de la temporada, pero después de que el dominicano José Fermín y el puertorriqueño Nelson Velázquez abrieran la parte baja de la octava entrada con sencillos consecutivos, la situación requería que el jardinero central de los Cardenales hiciera un toque de bola.
Scott colocó la bola en el “Triángulo de las Bermudas” del césped del cuadro interior con la fuerza justa para incitar al relevista de los Rojos, Sam Moll, a una idea arriesgada: intentar sacar al corredor en tercera base.
Pero después de que Moll fuera el chivo expiatorio en la historia de héroe de Lars Nootbaar el sábado, le volvió a suceder el domingo. El tiro de Moll se fue desviado hacia el tercera base de los Rojos, Sal Stewart, por la línea del jardín izquierdo, permitiendo que los Cardenales anotaran la carrera que les dio la ventaja. El cerrador de los Cardenales, Riley O’Brien, lanzó una novena entrada sin permitir carreras para conseguir su segundo salvamento en dos días, asegurando así la barrida sobre los Rojos.









