El Club de París, que reúne a 22 países acreedores, entre los que están los más ricos pero también otros como China, así como Sudáfrica, acumulaba títulos de deuda de 344.900 millones de dólares (303.427 millones de euros) a finales de 2025, un 7 % más que un año antes.

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De esa cifra, 215.000 millones de dólares correspondían a deudas concedidas como ayuda pública al desarrollo, precisa el Club de París en el informe anual publicado este miércoles.

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Los principales deudores en volumen a finales del pasado año eran India, con 38.722 millones de dólares; Bangladesh, con 25.155 millones; Grecia, con 24.145 millones; Indonesia, con 15.429 millones; Egipto, con 14.824 millones; y Vietnam, con 13.140 millones.

En un artículo que forma parte del informe, el director de estrategia y evaluación del Fondo Monetario Internacional (FMI), Guillaume Chabert, y la directora de política presupuestaria y de crecimiento del Banco Mundial (BM), Manuela Francisco, señalan los desafíos por la presión creciente de la deuda para ciertos países en desarrollo.

Chabert y Francisco explican que, si bien desde el repunte de la crisis de la covid los niveles de deuda pública de las economías emergentes y de los países en desarrollo se ha estabilizado en torno al 50 % del producto interior bruto (PIB), siguen siendo superiores a los observados antes de la pandemia.

Un 16 % de los considerados “países con bajos ingresos” están en una situación de exceso de endeudamiento y los dos organismos calculan que la carga de la deuda para ellos se ha duplicado en el último decenio y sus necesidades anuales de financiación exterior van a alcanzar cerca de 40.000 millones de dólares anuales en el periodo 2026-2028, unas cuatro veces más que hace diez años.

Teniendo en cuenta que, en paralelo, esos “países con bajos ingresos” están particularmente expuestos a la reducción radical de la ayuda pública, muchos pueden verse obligados a financiar los reembolsos que deben abonar a unos tipos de interés de mercado y a reducir inversiones esenciales para el crecimiento, advierten Chabert y Francisco.

Por eso, el FMI y el BM insisten en que son necesarios “esfuerzos adicionales” para que esos países tengan “un acceso rápido y adecuado al tratamiento de su deuda”, que debe abordarse en el marco del enfoque llamado de los “tres pilares”, concebido para respaldar las reformas, la inversión y el crecimiento.

En otro artículo del informe, el ministro español de Economía, Carlos Cuerpo, defiende las conclusiones de la cuarta edición de la Conferencia Internacional sobre la Financiación del Desarrollo que se celebró en Sevilla en julio de 2025 y, en particular, las iniciativas pilotadas conjuntamente por España y el BM.

Cuerpo recuerda que con la Plataforma Mundial para las Conversiones de Deuda en favor del Desarrollo se trata de proponer “herramientas prácticas para acelerar” esas operaciones.

También se refiere a la Alianza para las Cláusulas de Suspensión de Deuda que busca la integración de “cláusulas estandarizadas y automáticas de suspensión del servicio de la deuda”.

El objetivo es que esos países puedan beneficiarse de una reducción “temporal, previsible y planificada de las tensiones de liquidez en caso de catástrofe natural o de crisis sanitaria o alimentaria sin tener que renegociar sus obligaciones ni encontrarse en situación de suspensión de pagos”.

En su informe, este grupo de acreedores públicos recuerda que, desde su creación en 1956, un centenar de países que tenían dificultades para reembolsar sus préstamos en las condiciones inicialmente fijadas han negociado cerca de 500 acuerdos para el tratamiento de la deuda.

Eso se hace únicamente con países que, según los parámetros del Club de París, se comprometen a llevar a cabo reformas para restablecer su situación económica y financiera y que han demostrado una capacidad para llevarlas a cabo en el marco de un programa con el Fondo Monetario Internacional (FMI).