Sangre, sudor y lágrimas

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Alberto Quezada

Definitivamente parece ser una realidad que el Departamento de Estado de los Estados Unidos de América y la llamada Comunidad Internacional no tienen dentro de su matriz geopolítica inmediata un plan que conduzca a visualizar una salida a la compleja y profunda crisis social, política y económica que vive Haití.

Hacemos la afirmación por lo evidenciado en los más recientes acontecimientos que se han llevado a cabo en los distintos escenarios internacionales sobre ese preocupante tema. Lo que se ve es que la agenda geopolítica de ahora la domina la guerra de Ucrania, lo que ha colocado en un segundo plano temas tan apremiantes como la crisis haitiana, alimentaria, el clima, la pobreza, el hambre y la desigualdad.

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Hasta ahora en torno a Haití todo ha sido discurso, conferencias, cumbres, diálogos, propuestas engañosas, pero nada concreto que refleje una sincera intensión de viabilizar una solución verdadera que encamine a ese país por los senderos del orden, la institucionalidad y la democracia.

Me luce que esos tomadores de decisiones que dirigen el mundo, juegan al tiempo, tienen su agenda oculta y esperan paciente que todo avance, se agudice y explosione en Haití, para de esta manera poner en marcha su plan oprobioso en donde sólo saldrá perjudicada la República Dominicana.

Las autoridades dominicanas que se preparen, porque ha llegado la hora de pasar del discurso exclamatorio reiterado en escenarios nacionales y extranjeros, a la acción contundente y decidida.

No debe haber vacilación, ha llegado el momento de tomar como Estado soberano que somos nuestras medidas en el orden migratorio; ya está bueno de clamar apoyo, mendigar solidaridad, hacerse de la vista gorda, ¡ya basta de temor para aplicar nuestras leyes y reglamentos migratorios!

Ya no se puede esperar más para iniciar de inmediato en todo el territorio nacional un amplio programa de deportación y repatriación de nacionales haitianos que estén en condiciones irregular en el país. ¡Esto no puede esperar más!

No podemos permitir, señores, que nuestro amado país que ha costado sangre, sudor y lágrimas, como proclamara el estadista británico y héroe de la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill; se hunda en el oprobio, el caos, el desorden y el desastre. No puede ser.

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