Pedro Caba
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Hasta la tarde del martes 28 abril de 1965 cuando comenzaron a desembarcar las primeras avanzadas de la invasión norteamericana, y desde el mediodía del 24 de ese mismo mes cuando inicia la revuelta cívico militar, todas las fortalezas militares y establecimientos policiales del país a excepción de la Junta Militar de San Isidro estaban bajo control de lo que ya era la Revolución de Abril.
De este hecho histórico brotado de las entrañas mismas del pueblo dominicano, que en la época moderna sólo compite con la Revolución Cubana en principalía latinoamericana, ha sido menoscabado por las élites dominicanas y regionales poseedoras de los medios de comunicación y dominantes de estructuras fácticas nacionales responsables de conformar lo que se conoce como opinión pública, las mismas élites a lo largo de la historia se han lucrado de la manipulación del Estado.
Cada año incluido el presente se repite la misma historia: medios de comunicación escritos que menguan o extrañan de sus páginas y referencias audiovisuales los eventos épicos de abril del 65.
A este menoscabo contribuyen la acción de demeritar la figura histórica del que convoca el alzamiento popular José Francisco Peña Gómez y de la casi extinción de la fuerza política principal motivadora y organizadora del movimiento cívico-militar el Partido Revolucionario Dominicano.
La Batalla del Puente Duarte del 27 de abril en la que las fuerzas constitucionalistas comandadas por el glorioso coronel Caamaño lograron detener el avance de tanques, blindados, piezas de artillería y tropas del Centro de Enseñanza de las Fuerzas Armadas, último reducto de la Junta Militar de San Isidro en procura de retomar el control de Santo Domingo en total control de los alzados, selló la victoria de la Revolución de Abril.
Con los tanques, carros de asalto y artillería abandonados o despojados a las fuerzas militares que comandaba el coronel Elías Wessin y Wessin en la Batalla del Puente Duarte, era cuestión de horas o días para que éstos se rindieran o fueran objeto de un asalto final de las tropas dirigidas por Caamaño que tenían a su favor el apoyo de todo el pueblo, la desmoralización del reducto militar de San Isidro y el aprovisionamiento de instrumentos pesados de guerra.
En esos menesteres se encontraba el alto mando constitucionalista cuando al otro día 28 comenzaron a desembarcar las avanzadillas militares aerotransportadas que desde el Departamento de Guerra y por orden del presidente de Estados Unidos Lyndon B. Johnson se denominó Operación Power Pack, que terminó siendo la mayor invasión de USA en el Siglo XX en América Latina con 42 mil tropas.
La intervención de USA en República Dominicana fue unilateral hasta que por su influencia y la de las élites que gobernaban Las Américas la Organización de Estados Americanos creó el 5 de mayo la Fuerza Interamericana de Paz (FIP) para convertirla en una acción multilateral.
Como era de esperarse y bajo el influjo de USA y de la FIP se constituyó el 7 de marzo el Gobierno de Reconstrucción Nacional presidido por el general Antonio Imbert Barreras paralelo al Gobierno Constitucionalista de Caamaño.
Peña Gómez y figuras prestantes del PRD contactaron a oficiales de las Fuerzas Armadas y uno que otro de la Policía Nacional para involucrarlos en la revuelta con la motivación de restablecer la avanzada Constitución de 1963 y al derrocado ese mismo año presidente Juan Bosch del PRD.
Entre los oficiales desafectos con el régimen del Triunvirato que gobernaba de facto desde hacía 3 años los había por diversas motivaciones, entre ellas el irrespeto a la marcialidad militar y policial heredada del régimen de Trujillo y la identificación de esos militares y policías con reclamos populares, incluido la vuelta a la constitucionalidad. Con el tiempo se ha sabido que hasta oficiales militares que contaron en su tiempo con la cercanía de Ramfis Trujillo fueron motivados por éste incorporarse a la revuelta.
Mención especial merecen los partidos de izquierda Movimiento Revolucionario 14 de Junio, Movimiento Popular Dominicano, Partido Comunista Dominicano, Partido Socialista supieron interpretar el momento histórico, se incorporaron al proceso con sus propias fuerzas y operaron bajo la tutela de los demócratas confesos que integraron el gobierno-gabinete del coronel Caamaño.
Fue esta participación puntual de la izquierda revolucionaria la que echó por tierra y nunca validó la intervención norteamericana sobre la base de impedir la instalación de otra Cuba.
Otra habría sido la historia si USA hubiese respaldado la reinstalación de Bosch que se encontraba en Puerto Rico, su territorio, aunque con tal acción negara su manifiesto apoyo a los grupos retardatarios de la élite empresarial y católica que lo derrocaron en 1963.
Lo que sí ha estado claro siempre es que ni las élites económicas ni el alto clero católico estuvieron de acuerdo con los motivos de la Revolución de Abril.
Como hemos sido testigos presenciales y actor en la primera línea de estos eventos, los referimos.
Peña Gómez por humilde y de origen binacional tan sólo sobrevive su imagen y respeto en esas élites. En el caso del PRD tan sólo es referencia por haber parido desde sus entrañas y del genial Juan Bosch las tres grandes fuerzas políticas que gravitan sobre el país PRM, PLD y FP.
Esas grandes instituciones políticas y sus líderes, con todo y que tienen raíces en el PRD, actúan hoy de forma convenenciera con las élites nacionales y extranjeras, cuando pudieran muy bien relanzarse y apoyarse en su rico pasado histórico.









