Pedro Caba
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Aunque contamos ya con 3 (tres) radares Doppler muy bien ubicados constituyen la herramienta moderna para predecir el comportamiento del tiempo, en nuestro país no se ha sentido su presencia.
Tenemos el primero de los radares en Punta Cana, recientemente reconvertido y actualizado, al que el gobierno ha agregado otros dos, uno en el estratégico aeropuerto de Puerto Plata y un tercero en el no menos importante aeropuerto internacional de Las Américas. Con un cuarto en el suroeste, pongamos por caso el aeropuerto María Montez de Barahona o en el nuevo aeropuerto que se construye en Pedernales, quizá en este último por aquello de darle seguridad a la estación espacial que se instalará en la zona, se estaría completando la red de radares Doppler más completa de la región.
En teoría, con tan sólo los tres Doppler estamos dotados de la herramienta básica para una predicción bastante actualizada de la evolución esperada en corto tiempo de las condiciones atmosféricas y meteorológicas de todo nuestro territorio.
El ingeniero geólogo y conocido ambientalista Osiris de León, quien ha dedicado buena parte de su ejercicio profesional a conocer el comportamiento meteorológico en nuestro territorio y en la región circundante del Caribe y el Atlántico, consultado por nosotros, fue quien nos puso sobreaviso.
Osiris cree que o falta personal suficientemente entrenado, para lo que recomienda ingresar personal calificado adicional, o el personal del Instituto Nacional de Meteorología no se aplica a fondo para aprovechar estas herramientas de predicción.
La cuestión debe ser atendida con la mayor urgencia. Tal parece que para sacarle provecho a los radares Doppler que ya tenemos tiene que haber una interconexión permanente y eficiente con ellos, con personal suficiente en número y a tiempo completo, pero además debidamente entrenado para que pasemos ser una nación más segura y predecible.
Ya la época de estiaje del mes de noviembre al mes de abril parece no existir, porque Osiris que lleva un seguimiento estricto atestigua que aún en esos meses se nos ha presentado en los últimos años sorpresivos eventos meteorológicos dañinos en todos los ámbitos: a las personas, a las propiedades, a las obras viales y otras infraestructuras y a los cultivos agrícolas y pecuarios.
No es que ya nuestros sistemas de desagües no estén condicionados para recibir y despejar tales cantidades de agua, eso lo sabemos máxime cuando son en demasía. Con respecto a su ocurrencia debemos mejorar nuestros sistemas de disposición final de las aguas lluvias, como el mismo Osiris sugiere mediante recomendaciones específicas que hizo en su oportunidad.
De lo que hablamos es de la necesidad de saber con antelación que tales eventos se aproximan para que nuestro eficiente Centro Operativo de Emergencia pueda operar. Y si al COE le hace falta agregarle otros instrumentos de operación, que lo diga para suplirlos.
Por fortuna, la República Dominicana es el país mejor dotado de toda la región centroamericana y del Caribe de presas y sistemas de canales de riego ¡y cuidado! si de todo el Continente si tomamos en cuenta nuestra limitada superficie territorial.
Las presas, 23 de las 36 de ellas grandes según la terminología internacional que las considera así después de los 15 metros de altura, han sido de gran ayuda para contener la devastación de crecientes rápidas de ríos poderosos que se alimentan de nuestra excelente población arbórea en las alturas, que por su corta extensión llevan al mar las aguas sobrantes de los embalses.
Las siembras y cosechas por venir están garantizadas por efecto de las últimas lluvias, bienaventuradas ellas y a las que siempre debemos recibir con beneplácito.
El efecto colateral negativo de las lluvias que provocan crecientes repentinas de ríos, arroyos y cañadas tenemos que aprender a respetarlas y ponernos a prudente distancia, así como también disponer de los instrumentos para su disposición final en las áreas urbanas.
Esta ética en el comportamiento ante los fenómenos climáticos de los dominicanos debiera ser mucho más exigente, pues nos encontramos en el corredor mismo de los ciclones, los sistemas frontales, los frentes fríos y las vaguadas.









