Desplazarse en el Gran Santo Domingo es caótico.

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Por años, las autoridades municipales, tránsito y transporte lo han sabido y proyectos van y vienen.

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No hay forma de ahorrar tiempo y combustibles cuando se cruza de norte a sur o este a oeste y viceversa. Los puentes están atestados de vehículos, al igual que los elevados.

Ninguna autoridad parece encontrar soluciones a los tediosos tapones. Ni los alcaldes, directores de transporte y sindicatos quieren sentarse en la mesa a discutir el asunto. Y cuando lo hacen, uno u otro lado no se ponen de acuerdo.

Imagínese una ambulancia con un paciente grave atravesar del oeste hacia el hospital Darío Contreras. Es una odisea y solo hay que rezar que llegue a tiempo.

Igual sucede si es desde el este hacia el Marcelino Vélez o el Calventi. Otra vez a rezar.

Múltiples intervenciones se realizan en el Gran Santo Domingo, pero solo se quedan en eso.

Hemos avanzado con el Metro y el teleférico, pero falta mucho por hacer en planeamiento y educación ciudadana.

Ojalá, en el próximo cuatrienio, avancemos.