Arsenio Cruz
​Dajabón.– La historia se repite ante la mirada indiferente de quienes deciden el destino del país desde la distancia. En cuestión de horas, las furiosas y momentáneas crecidas del río Masacre volvieron a sepultar bajo el lodo millones de pesos en inversión, sudor y esfuerzo del sector arrocero de nuestra provincia.

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Hoy, los caminos vecinales y las parcelas muestran la estampa de la desolación: cultivos ahogados por la escorrentía y productores endeudados que lo han perdido todo.

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Pero la verdadera tragedia de Dajabón no es solo la destructiva fuerza de la riada; es la ironía que viene al día siguiente.

​Una vez que las correntías pasan y el agua se pierde infértil en el mar, los canales de riego se quedan vacíos. El mismo río que ayer inundó y destruyó las parcelas, hoy niega el agua necesaria para mitigar el desastre e irrigar lo poco que queda en pie. Pasamos de la inundación catastrófica a la sequía crítica en menos de 48 horas. Es un ciclo perverso y destructivo que está quebrando la columna vertebral de la economía dajabonera.

​La provincia entera sabe, desde hace décadas, cuál es la única vacuna contra este mal: La construcción de la Presa de Don Miguel.

​Este proyecto no es un capricho político ni una obra suntuaria; es un asunto de supervivencia humana, económica y de seguridad nacional. La Presa de Don Miguel es la única infraestructura capaz de regular esas crecidas salvajes, almacenar el agua para los meses de escasez y garantizar que el esfuerzo de nuestros productores no se traduzca en lodo y quiebra cada vez que llueve en la cabecera del río.

​Dajabón ha pedido esta solución a gritos. Se han hecho estudios, se han levantado promesas en campañas electorales y se han firmado compromisos que hoy duermen en el fondo de algún escritorio burocrático en Santo Domingo. Mientras tanto, el productor fronterizo sigue jugando a la ruleta rusa con el clima, arriesgando su patrimonio en una tierra que parece olvidada por los planes reales de desarrollo.

​Defender la frontera no es emitir comunicados ni improvisar parches temporales en los canales. Defender la frontera es garantizarle el agua y la seguridad al hombre que siembra la tierra. Ya basta de mirar hacia otro lado. Exigimos que se desempolve el proyecto de la Presa de Don Miguel y se inicie su ejecución de inmediato.

​El Masacre no puede seguir siendo sinónimo de destrucción y olvido. ¿Hasta cuándo tendrá que esperar Dajabón por su presa?