Humberto Almonte
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Analista de Cine
La deriva del cambalache nos ha seguido trayendo un cruce de profesiones, la fusión o la desaparición de algunas. Pero en el cine se ha producido un fenómeno curioso, mucho más acentuado en cinematósferas pequeñas como es la dominicana, y es la aparición del crítico de cine / relacionista público o el analista de cine / relacionista público. Esto se da en algunos casos por confusión, y en otros, buscando mantener las buenas relaciones.
Y les asegura quien les escribe que, más de una vez, leyendo un texto bajo la denominación de origen “crítica y análisis“, he creído que estoy delante de una nota de prensa enviada por la casa productora de la película o quizás de un infomercial institucional por los tonos laudatorios y de alabanza.
Deseo evitar confusiones y asegurar que creo en la función analítica es un puente entre los creadores cinematográficos, la exhibición, la distribución y el público. Que nuestra misión no es acabar o destrozar la obra de los cineastas, como aseguran algunas leyendas urbanas, y que esa misión tiene mucho de la responsabilidad de dotar o facilitar al espectador de las herramientas para acercarse a la aprehensión integral de lo que se visiona, es decir del hecho fílmico.
Tengo la impresión de que mucha de esta gente que evacua textos tan simpáticos y tan del gusto de los exhibidores y productores, busca mantener a toda costa una relación, llamemos cordial con estos sectores, difundiendo unos contenidos que excluyen las complicaciones del abordaje analítico a profundidad. Un análisis que debería ser respetuoso, pero sin concesiones. De ahí que en aras de mantener buenas relaciones que les abran las puertas y eviten que se las cierren a los visionados, screenings, premieres y demás actividades cinematográficas, se tiende a lo complaciente con unas lecturas de lo más pasteurizadas, libres de los gérmenes de lo inquisitivo.
El dicho popular «pueblo pequeño, infierno grande», se aplica perfectamente a nuestro país, pues aquí nos conocemos todos y muchísimo más en el caso de quienes se dedican al análisis de las películas. Por lo tanto, cualquier opinión que no agrade a creadores fílmicos y exhibidores estará más temprano que tarde en el conocimiento de estos, y en ocasiones, esas opiniones tienen consecuencias.
Rigor, ética y análisis ¿o será otra cosa?
Solía decir y creer hace tiempo que para mí o cualquiera de los que nos dedicamos a esta profesión era menos riesgoso diseccionar una película extranjera que una local, pero viendo las situaciones actuales y tomando en cuenta los intereses creados en este país caribeño y caluroso, ya no estoy tan seguro de eso, porque cualquier tecla que toques puede que no sea del agrado de alguien beneficiario de los intereses mencionados.
Observando países con cinematografías de larga data y gran solidez industrial como lo son Estados Unidos y su lugar más famoso como es Hollywood, la distancia y la forma de relacionarse entre exhibidores, productores, distribuidores y críticos es muy distinta por el peso de los gremios de analistas o la importancia del medio donde se opina, además de la claridad de las reglas de cómo relacionarse y tratarse. Esto hace que las labores de los colegas estadounidenses gocen de una mayor libertad de acción expresiva.
La industria cinematográfica de Estados Unidos ha asumido que las divergencias o los desacuerdos deben ser abordados con una perspectiva profesional y empresarial. Por parte de la comunidad analítica podemos darnos cuenta accediendo a sus medios que tienden a evitar los tonos exageradamente personalistas o maltratadores en exceso sin caer tampoco en alabanzas melosas manteniendo claramente una rigurosa distancia profesional.
Respeto, profesionalidad y análisis
Nuestro planteamiento es que los profesionales de las relaciones públicas y los críticos de cine ejerzan sus funciones de acuerdo a las especificidades de cada área, y por supuesto, dentro de sus competencias existen las confluencias en donde se producen las interactuaciones con un absoluto rigor profesional, es decir, respetando las especificidades que hemos mencionado.
Hacer análisis y crítica de cine requiere templanza, rigor y aunque algunos se empeñen en olvidarse de ella, de ética. No es necesario entonces cruzar las fronteras de otras áreas como son las relaciones públicas, amarse de valor al hacer un análisis respetuoso de una película y asumir las consecuencias de lo expresado. No se pide más.











