Samuel Guzmán, cardiólogo de CEDIMAT

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Durante años, el ejercicio físico ha sido considerado una de las herramientas más poderosas para prevenir enfermedades. Y la ciencia lo confirma: mantenerse activo reduce entre un 20% y un 30% el riesgo de muerte en comparación con llevar una vida sedentaria. Caminar, correr, nadar o practicar deportes de forma regular mejora la presión arterial, el colesterol, el control del azúcar, el peso corporal e incluso la salud mental.

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Sin embargo, existe una realidad que muchas veces pasa desapercibida: aunque el deporte es salud, en algunas personas con enfermedades cardíacas no diagnosticadas el ejercicio intenso puede actuar como un detonante de eventos graves, incluyendo arritmias peligrosas o muerte súbita cardíaca. Aunque estos casos son poco frecuentes, generan gran impacto porque afectan a personas aparentemente sanas y activas.

Por esta razón, la evaluación cardiovascular antes de iniciar entrenamientos intensos o participar en competencias deportivas no debe verse como un simple requisito, sino como una herramienta preventiva capaz de salvar vidas.

El riesgo cambia según la edad

Uno de los aspectos más importantes en cardiología deportiva es entender que no todos los deportistas tienen el mismo perfil de riesgo. La edad marca una gran diferencia en las causas de los eventos cardíacos relacionados con el ejercicio.

En atletas menores de 35 años, la mayoría de los casos de muerte súbita se relacionan con enfermedades genéticas o congénitas. Algunas personas nacen con alteraciones en la estructura del corazón o en su sistema eléctrico y pueden pasar años sin presentar síntomas. Entre las causas más frecuentes se encuentran la miocardiopatía hipertrófica, ciertas arritmias hereditarias y anomalías congénitas de las arterias coronarias.

En cambio, en adultos mayores de 35 años, especialmente quienes continúan practicando deporte competitivo o recreativo intenso, más del 80% de los eventos cardíacos durante el ejercicio se relacionan con enfermedad coronaria, es decir, obstrucciones de las arterias por acumulación de grasa y colesterol.

También se han identificado diferencias importantes según sexo y tipo de deporte. Los hombres presentan un riesgo considerablemente mayor que las mujeres, y disciplinas de alta intensidad como el fútbol y el baloncesto muestran una mayor incidencia de estos eventos.

El corazón del atleta no siempre significa enfermedad

Uno de los principales desafíos para los especialistas es diferenciar entre un “corazón de atleta” normal y una enfermedad cardíaca real.

El entrenamiento intenso produce adaptaciones fisiológicas normales: el corazón puede aumentar ligeramente de tamaño, latir más lento en reposo y mostrar cambios en el electrocardiograma que serían anormales en una persona sedentaria. Por eso, la evaluación debe realizarse por médicos entrenados y especializados, capaces de interpretar correctamente estos hallazgos y evitar diagnósticos erróneos o restricciones innecesarias.

La medicina deportiva moderna ha avanzado notablemente en este aspecto y hoy se comprende mucho mejor cómo distinguir entre adaptación saludable y patología.

¿Qué debe incluir un chequeo cardiovascular?

El objetivo principal de la evaluación médica es detectar enfermedades silenciosas antes de que produzcan síntomas o eventos graves.

El primer paso es una historia clínica detallada y un examen físico. El médico investiga síntomas como dolor de pecho, palpitaciones, mareos o desmayos durante el ejercicio, además de antecedentes familiares de muerte súbita o enfermedades cardíacas hereditarias. Aunque esta evaluación es fundamental, por sí sola puede no detectar muchos problemas.

El segundo pilar es el electrocardiograma (ECG), una prueba sencilla y rápida que registra la actividad eléctrica del corazón. Su utilización ha aumentado considerablemente la capacidad de identificar enfermedades potencialmente peligrosas incluso en personas completamente asintomáticas.

En deportistas mayores o personas con factores de riesgo como hipertensión, diabetes, tabaquismo, colesterol elevado u obesidad, suelen añadirse pruebas de esfuerzo, ecocardiogramas u otros estudios complementarios para evaluar el riesgo cardiovascular de forma más precisa.

Actualmente también se utilizan escalas de riesgo cardiovascular que ayudan a estimar la probabilidad de sufrir un evento cardíaco en el futuro.

Un cambio importante en la medicina deportiva

Durante décadas, la medicina actuó bajo un modelo muy restrictivo. Si un atleta presentaba alguna alteración cardíaca, la recomendación habitual era prohibir completamente la práctica deportiva.

Hoy la visión ha cambiado. La cardiología deportiva moderna promueve un enfoque llamado “toma de decisiones compartida”. Esto significa que el médico no impone unilateralmente una prohibición, sino que conversa con el atleta sobre los riesgos reales, las opciones disponibles y los beneficios físicos y emocionales del deporte.

Este modelo reconoce que el ejercicio también forma parte de la identidad, la salud mental y la calidad de vida de muchas personas. Gracias a nuevas investigaciones, hoy sabemos que ciertos pacientes con enfermedades cardíacas bien controladas pueden continuar practicando deportes bajo supervisión médica adecuada.

Prepararse para lo inesperado

Aunque la prevención ha avanzado enormemente, ningún chequeo puede garantizar riesgo cero. Por eso, la seguridad deportiva no termina en el consultorio.

Los expertos enfatizan la necesidad de contar con planes de emergencia en lugares donde se practique deporte organizado. Esto incluye entrenadores capacitados en reanimación cardiopulmonar (RCP), disponibilidad de desfibriladores externos automáticos (DEA) y protocolos claros de actuación.

La rapidez en reconocer un paro cardíaco y utilizar un desfibrilador puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Muchos atletas han sobrevivido gracias a una respuesta rápida dentro del campo de juego.

El equilibrio correcto

El mensaje final no debe generar miedo al ejercicio, sino promover una práctica deportiva más segura e inteligente. El deporte sigue siendo una de las mejores inversiones en salud cardiovascular y bienestar general.

Pero así como revisamos el motor de un vehículo antes de un viaje largo, también debemos conocer el estado de nuestro corazón antes de exigirle al máximo.

Si usted planea iniciar entrenamientos intensos, participar en competencias o lleva años haciendo ejercicio sin una evaluación cardiovascular adecuada, consultar con un especialista puede ser una decisión clave.

Entrenar con información, prevención y supervisión adecuada permite disfrutar todos los beneficios del ejercicio minimizando los riesgos y protegiendo lo más importante: la vida.