Humberto Almonte

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Analista de Cine

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Entre 2025 y 2026 descubrimos una cantidad relativamente alta de películas dominicanas centradas en las relaciones de pareja dentro del género de la ficción dramática, y la presencia de solo una comedia, lo que en inicio podría parecer una de esas casualidades creativas que suceden de cuando en cuando. Cuatro visionados de este tema en 2025 e igual cantidad en 2026, dejan de ser casualidad para evolucionar hacia una inquietud interior de nuestros cineastas.

Haremos entonces una inmersión en estas películas que se adentran en el aparentemente idílico ambiente de las relaciones de pareja, para encontrarnos de frente en una compleja área. En ocasiones esa vida en común esta tocada por unos ciertos asomos de violencia psicológica, en otras cuando decimos afecto quiere decir sexo, y a lo que llamamos relación es en realidad una coincidencia temporal de intereses, no necesariamente amorosos. Otras veces los obstáculos son sencillamente falta de comunicación, pero no de amor.

Veremos el análisis social, las coincidencias estéticas y las líneas narrativas de Cucú, Au Revoir, La bachata de Biónico, Olivia & las nubes, en el 2025, que componen el capítulo uno de este análisis. Las representantes del 2026 son Nieta de mi abuela, Interior Apartamento Día, Melodrama y La corta vida de las flores, que abarcan el capítulo dos.

Relaciones de pareja o intereses compartidos circa 2025

En Cucú (2025), más que una esposa, Verónica (Evelyna Rodríguez), funciona como la empleada de servicio de Benjamín (Marlon Moreno), cuya relación afectiva real y esencial es con la literatura. Verónica provee a Benjamín de compañía, es su cocinera y proveedora de sexo, alguien que está colocada entre una ama de llaves, asistenta o una trabajadora sexual, pues a lo que ellos tienen no se le puede llamar relación.

 

Víctor, interpretado por Danilo Reynoso, es un curioso personaje cuya relación con Verónica viene desde la niñez, es quien llena o pretende hacerlo, la necesidad de la esposa del escritor, de una cierta emoción sexual y algún sucedáneo de cariño y afecto. La confusión es llamar amor a lo que es solo sexo puro y duro.

El final inesperado y trágico de este triángulo nacido desde esta pareja descasada y este amante venido del pasado, demuestra, por un lado, el cinismo de unos seres atados al contrato social del matrimonio, el mito o la imagen del intelectual como ser racional y equilibrado ajeno a desbordes conductuales, o a la buena fe y ausencia de malicia de esos amigos de la infancia.

Cucú de Tito Rodríguez se asienta sobre el estancado matrimonio de una pareja, cuyo hastío termina envolviéndolos en la infidelidad y la tragedia. Todo ello contextualizado en una atmósfera grisácea, helada, con personajes igualmente grises y emocionalmente congelados por fuera y por dentro.

La aproximación en Adiós (Au Revoir – 2025-) del realizador Ronni Castillo, se centra en los resultados de dar las cosas por sentado en una relación, es lo que vemos cuando Marco (Jalsen Santana) se entera de la infidelidad de su recién fallecida esposa Paz (Sophie Gaëlle Gómez), y no bien digerimos la noticia, el mismo marido confiesa que sí tuvo una relación extra matrimonial, pero que “eso no fue nada”.

Imbuido cada vez más en una espiral ascendente de celos, este viudo egoísta, posesivo, de corazón duro y encima, tacaño, emprende un viaje a Francia para conocer al hombre que le ha robado su “propiedad más valiosa, su mujer”.

En una pequeña ciudad de la Bretaña francesa, Marco finalmente da con su némesis, Frederic (Jimmy Jean- Louis), quien ve la vida y las relaciones desde un lado más afectivo y libre, todo ello en las antípodas del pensamiento del viudo celoso cuya humanidad descansa primero en el yo, después en el yo y más tarde, en sus circunstancias e intereses, que no incluyen la preocupación por más nadie.

A la apelación de Marco sobre la fidelidad, Frederic le responde que tal cosa no es algo natural para los hombres o las mujeres. En ese momento, algo estalló dentro del marido, quien se despoja de la máscara de persona ecuánime y educada, transformándose en el resentido lleno de ira y frustración que realmente es, para terminar, enterándose, por medio del francés, de que su fallecida esposa no lo dejó porque lo amaba.

En La Bachata de Biónico (2025) de Yoel Morales, el Biónico (Manuel Raposo) baja de la nube hipnótica de la droga para acceder a la lucidez del amor, obligado por la exigencia de su musa, o “aficie”, como se diría en dominicano, La Flaca (Ana Minier), inmersa en un proceso de desintoxicación. De cómo logrará Biónico mantenerse limpio y desintoxicarse, conseguir un lugar decente para mudar a su pareja, y a la vez hacerse de un medio de vida para sí, se convierte en el núcleo dramático de la película.

Donde fracasan las instituciones y los discursos oficiales sobre la rehabilitación de los consumidores de estupefacientes, en donde la familia y los discursos buenistas se estrellan, o se “etrallan”, para decirlo en dominicano, ahí triunfan La Flaca, el amor y la necesidad de afecto, pues como dice la frase emblemática de la película: «El amor es la droga más fuerte».

 

Esta comedia dramática y romántica que ha producido el colectivo Mentes Fritas, rompe el molde al sumergirse en las profundidades del barrio dominicano sin caer en la arrogancia analítica o social. La dinámica cotidiana de las relaciones de pareja aquí serpentea por las circunstancias especialmente difíciles de las adicciones, las dificultades económicas y un medioambiente social cuyas costumbres se asientan sobre dinámicas conceptuales con matices diferenciados de las otras clases.

La pantalla se llena de colores y sonidos con Olivia & Las Nubes (2025) de Tomás Pichardo Espaillat, una fábula de amor, desamor y de realismo mágico dominicano en clave de animación.

Olivia (Elsa Núñez – Olivia adulta-, Olga Valdez- Olivia joven- Voces), una mujer marcada por un amor que no logra dejar atrás. Ese sentimiento, convertido en un pequeño fantasma que vive debajo de su cama, la acompaña de forma casi ritual: ella le regala flores y él le entrega nubes de lluvia que la reconfortan cuando la memoria la ahoga.

Detrás de todo ese lirismo narrativo aparece el fantasma, no el de Ramón (Héctor Aníbal – Voz), su ex pareja, sino el fantasma menos agradable de lo posesivo, el maltrato psicológico, la depresión, contra quien lucha la Olivia convertida en planta hasta liberarse, es una metáfora de lo limitante y aprisionador en que se puede convertirse una relación o la nostalgia de una relación para uno de sus integrantes y que, en este caso, es una mujer. En el caso de este intento de pareja el aislamiento se transforma en un mecanismo de control y ese control en dependencia.

 

Todo ello nace de las inseguridades de los dos integrantes de la pareja, y conduce a un proceso en el que ambos son lastimados, quizás uno más que otro. Los dos sufren, y la salida es hacer la catarsis que suele ser dolorosa pero liberadora.

Amores en tiempos digitales  

Al parecer, nuestros cineastas están tocados por las preocupaciones comunes a todos los sectores, como son las relaciones dentro de las parejas o los matrimonios, pues todo ha tendido a una complejidad aún mayor en esta época. Esto se ve reflejado en las obras que estos creadores cinematográficos envían hacia las pantallas con destino a los espectadores.