José Rafael Sosa
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Los Premios Soberano han anunciado sus nominaciones y, como de costumbre, la relación se transforma en el platillo de miel de programas, personalidades vinculadas, artistas y empresarios del arte, además del público, que se apropia del derecho a opinar, especular y hasta vaticinar los resultados que habrá de tener el ceremonial de la noche del próximo 18 de marzo.
Entre todas las categorías en contienda, resalta el Gran Soberano: la máxima expresión de honor al talento del arte popular en la República Dominicana, otorgado desde la sociedad misma. El Gran Soberano no es solo un premio: es un acto de síntesis histórica. Es un lauro que reconoce trayectorias, transforma el presente en memoria y señala qué aportes han definido —y continúan definiendo— la cultura dominicana.
De cara a la edición 2026, diversas voces del ámbito cultural, mediático y ciudadano consideran oportuno especular, esperanzarse o previsualizar a quienes podrían ser merecedores. En ese contexto, se plantean estas cinco figuras, cuyos méritos se sostienen en el impacto, la innovación, la trayectoria, la influencia social y el legado.
El cronista que suscribe es jurado del Renglón Clásico y Cine, y no tiene ninguna objeción al listado de nominaciones.
Tiene el deber: 1) respaldar todas las nominaciones y 2) apoyar el premio en su condición de miembro de ACROARTE. Asimismo, pertenece, con orgullo, a ADOPAE.
A continuación, cinco figuras con valores artísticos suficientes para ganar el Gran Soberano 2026:
Cecilia García, ícono absoluto del arte dominicano, encarna la excelencia artística integral. Con más de 50 años de carrera, ha brillado como cantante, actriz, comediante, productora y presentadora. Fue pionera del teatro musical en la República Dominicana, protagonizando producciones emblemáticas como Evita, Les Misérables, Víctor/Victoria y Master Class. En televisión creó formatos clásicos y personajes memorables, combinando calidad, riesgo creativo y conexión popular. Cecilia inició su carrera artística en televisión como cantante en espacios como La Taberna de Babín (1960–1961).
Su legado ha sido reconocido con múltiples Premios Soberano, galardones teatrales, premios cinematográficos y el histórico Soberano a las Artes Escénicas. Cecilia García no solo hizo carrera: construyó estándares.
Protagonizó obras teatrales, especialmente musicales de gran renombre: Evita (como Eva Perón), Víctor/Victoria, El beso de la mujer araña, Les Miserables, Master Class (interpretando a María Callas) y Hello, ¡Dolly!, entre otros títulos aclamados por la crítica y el público. Posee una voz melodiosa, afinación destacada y dominio escénico, capaz de interpretar diversos géneros —desde la balada hasta el jazz y la música popular— con solvencia artística.
Ha lanzado álbumes como Déjà Vu, que recopila éxitos de su carrera musical, y Maravillosa (dirigido por Rafael Solano), consolidando también su presencia en la música grabada.
Santiago Matías es una figura clave de la comunicación digital dominicana, que ha redefinido el consumo de contenidos urbanos y multiplataforma desde Alofoke Media Group. Su liderazgo fue reconocido por Forbes República Dominicana, que lo colocó al frente del ranking Los Más Creativos de 2025. Es trabajador, inteligente y disciplinado, y ha sido responsable del lanzamiento de numerosos talentos musicales.
Bajo su dirección se produjo un hito histórico con La Casa de Alofoke 2, récord Guinness por la transmisión en vivo más larga del mundo (38 días), además de lograr conexiones simultáneas superiores a 1.8 millones de dispositivos.
Su influencia trasciende lo digital: ha impulsado el género urbano, proyectado talento local a nivel internacional y ha sido invitado a foros de alto nivel como Dominicans on the Hill en el Congreso de los Estados Unidos. Su nominación oficial con Esto no es radio en Premios Soberano 2026 refuerza que su impacto ya es reconocido dentro del propio sistema de evaluación del premio.
El hándicap que lo marca es el uso de un código de comunicación oral matizado, en ocasiones, por violencia verbal y enfrentamientos interpersonales con otras figuras, que por momentos se torna ofensivo, discriminador o sexista, sin necesidad. No puede seguir abrazando los linderos de ser un “Alvarito 2.0”. Es parte de una estrategia iniciada —afortunadamente superada ya— antes de ciertos giros en la Z 101. Un asesor de contenido podría marcar la diferencia. Debe reflexionar. Esta es una crítica humilde y sincera.
Su talento, cultivado por una madre que se esforzó para que se educara y aprendiera inglés desde muy joven, lo que ha marcado una enorme diferencia en su desarrollo. Posee condiciones humanas que lo llevan, incluso, a abogar para que se premie como Youtuber del Año a una joven que compite con él en el mismo renglón. Sus posturas patrióticas, cuando no se enmarcan en el nacionalismo extremo, tienen sobrada justificación, siendo la expresión más reciente su postura ante los intentos de captación privada del Himno Nacional, situándose en una vanguardia que lo hace digno de admiración.
Domingo Bautista es pionero, innovador y referente absoluto del entretenimiento dominicano. Con casi cinco décadas de trayectoria continua, transformó la televisión y la radio desde una narrativa popular, inclusiva y atrevida.
Programas como Súper Éxito, Súper Tarde, Súper Revista y Domingo Latino marcaron generaciones, mientras su influencia abrió puertas a nuevas figuras fuera de los circuitos tradicionales de poder mediático.
Bautista creó una escuela de animación televisiva que rompió esquemas y generó discípulos aventajados, entre ellos Maicol Miguel y Emilio Ángeles.
Ha recibido reconocimientos mayores como el Soberano Especial, el Gran Micrófono de Oro, distinciones del Senado y el Premio Nacional del Locutor. Su carrera representa constancia, impacto cultural y una huella imborrable en la identidad comunicacional del país.
Desde su primera aparición en televisión con Radio TV junto a Aracelis Melo (EPD), en Canal 13, hasta Súper Éxito, Súper Tarde y Súper Revista en Color Visión, su estilo innovador, atrevido y carismático marcó una época y ayudó a democratizar el medio televisivo dominicano. Fue un factor fundamental en el fortalecimiento del merengue, de sus figuras y compositores. Resulta difícil medir cuán crucial fue para elevar el ritmo popular, del cual hoy muchos cosechan esa siembra.
La Súper Tarde y La Súper Revista se convirtieron en clásicos de la televisión dominicana, transmitidos por casi 25 años en uno de los principales canales del país.
Su programa Domingo Latino se ha mantenido activo por más de 30 años en radio (Hits 92), consolidándolo como uno de los espacios radiales más longevos y consistentes en la promoción de música, cultura y entretenimiento.
Negro Santos es el creador invisibilizado de la televisión dominicana moderna. Más que figura pública, ha sido arquitecto de formatos, productor ejecutivo y formador de talentos.
Filmó los primeros videos musicales de la televisión nacional y fue propulsor del turismo dominicano ante las teleaudiencias hispanas en los Estados Unidos. Hizo posible que, cada fin de semana, los destinos y refugios más hermosos del país fueran divulgados a un público que descubrió, por su vía, bellezas desconocidas de la República Dominicana.
Se ocupó de traer al país equipos de grabación televisiva de última generación para su espacio Santo Domingo Invita, estrenando sistemas de grabación y edición que estimularon a otros programas y televisoras a actualizarse.
Su mérito radica en haber entendido la televisión como industria cultural: contenido popular con estructura, humor con rigor y respeto por el espectador. Bajo su guía se consolidaron figuras, estilos y dinámicas que aún hoy definen el entretenimiento local.
Otorgarle el Gran Soberano sería un acto de justicia cultural: reconocer a quienes sostienen el andamiaje creativo desde la producción, el concepto y la visión estratégica.
Negro Santos, quien ya ha recibido el Premio Soberano al Mérito en Comunicación, vería así coronada y consagrada su carrera. El próximo 11 de marzo será reconocido en la Casa Blanca con motivo del Día de la Hispanidad, por iniciativa del senador Adriano Espaillat.
Jochy Santos, con más de cinco décadas en radio y televisión, es sinónimo de cercanía, humor saludable y liderazgo comunicacional. Programas como Divertido con Jochy, Botando el Golpe y Es Temprano Todavía lo convirtieron en una figura intergeneracional. Su estilo carismático y su cercanía con el público lo han convertido en una figura querida y reconocible en todo el país, con una marca personal que trasciende generaciones. Ha sido responsable de millones de carcajadas dominicanas durante tres décadas. Y también ha sido plataforma de lanzamiento para nuevos comunicadores y artistas formados junto a él en radio y televisión, reforzando su papel como impulsor del talento local. Es generoso en las oportunidades que ofrece a otros. No obstante, debe cuidar con mayor atención el tono machista de algunas intervenciones de ciertos talentos que, en ocasiones, se exceden.
Sus programas Botando el Golpe y El Mismo Golpe han cultivado el conocimiento y estudio de la cultura popular, el lenguaje, los refranes y los recuerdos del pasado cultural dominicano, un aspecto al que poca gente presta atención.
Si bien su principal argumento de candidatura no se sustenta en un logro aislado de 2025, su propuesta para recibir el Gran Soberano se apoya en su impacto acumulado y en su visión del entretenimiento dominicano, incluso aportando ideas sobre cómo reconocer distintos aportes en la gala de 2026.
Algunos han sugerido a Iván Ruíz, pero no es la figura ahora a considerar para este galardón. Es joven y su labor en RTVD es notable, pero coyuntural.
Estos seis nombres representan cinco formas legítimas de impacto cultural: innovación digital, trayectoria histórica, excelencia artística, creación de formatos, solidaridad gremial, liderazgo popular y compromiso social.
La decisión final corresponderá al Comité Ejecutivo de ACROARTE, pero el debate ya está planteado: el Gran Soberano 2026 no solo premiará a una figura, sino a una idea de país, de cultura y de memoria colectiva.














