La Habana. La escalada estadounidense contra La Habana parece haber quedado momentáneamente en pausa este miércoles, con Washington dirigiendo su foco internacional a Irán y permitiendo la entrada de algo de combustible en Cuba.

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La constatación más evidente de que el presidente de EE.UU., Donald Trump, no da máxima prioridad a seguir aumentando la presión sobre la isla es que en su discurso sobre el Estado de la Nación, de una hora y 47 minutos, no pronunció una sola vez la palabra “Cuba”.

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Pero hay elementos más tangibles. La Administración estadounidense ha dado pasos entre este martes y miércoles para permitir que empresas estadounidenses exporten o reexporten combustibles a firmas privadas en la isla.

La Oficina para el Control de los Activos Extranjeros (OFAC) anunció este miércoles que permitirá la reexportación desde EE.UU. a Cuba de petróleo venezolano, siempre que vaya al sector privado de la isla y cumpla ciertas condiciones.

Además, la Oficina de Industria y Seguridad (BIS) de EE.UU. comunicó que “ciertas transacciones” ligadas a la exportación y reexportación de “gas y otros productos petrolíferos” a miembros del sector privado en Cuba podrían ser autorizadas, incluso sin la correspondiente licencia, si cumplen con los requisitos necesarios.

El presidente del Consejo Comercial y Económico EEUU-Cuba, John Kavulich, aseguró a EFE que esta decisión es “significativa” porque “vuelve a legitimar la reemergencia del sector privado en Cuba ante la opinión pública de Estados Unidos y, específicamente, ante el Congreso”.

Además, a su juicio, es relevante porque Washington le indica así al Gobierno de Cuba que las medidas que refuerzan al sector privado en la isla pueden ser “un camino para las negociaciones” bilaterales.

Kavulich está convencido de que la Administración estadounidense trata de replicar en Cuba el “modelo Venezuela”, a pesar de todas las diferencias económicas y políticas entre los dos países, favoreciendo los cambios en política económica sobre las reformas en la estructura política.

La medida se dio a conocer después de que el sector privado en la isla, principalmente las pequeñas y medianas empresas cubanas, empezasen a importar combustible para autoconsumo tras una reforma legal del Gobierno cubano.

Estas entradas limitadas de combustible no ponen en duda sin embargo el grueso del asedio petrolero de EE.UU. a Cuba, una medida que la Oficina de Derechos Humanos de Naciones Unidas ha calificado de contraria al derechos internacional.

Pese a que Washington ya no puede imponer aranceles a los países que suministren petróleo a Cuba, Trump dejó claro en el discurso del Estado de la Nación, hablando en términos generales sobre el uso de gravámenes, que tiene a su disposición otras sanciones alternativas “ya aprobadas por el tiempo y aprobadas”.

Situación crítica

Mientras tanto, la situación en la isla sigue siendo crítica y empeora con cada día que pasa. La falta de combustible está lastrando al país entero de forma transversal, del transporte estatal a la sanidad pública, pasando por la producción de pan y las universidades.

En este sentido, el Ministerio del Interior anunció este miércoles que por este motivo su Dirección de Identificación, Inmigración y Extranjería no cuenta con tarjetas para la elaboración de documentos de identidad.

Una de sus caras más visibles en La Habana es la acumulación de basuras en las calles por la falta de combustible para los camiones de recogida. Las montañas de desperdicios impiden el paso a vecinos y vehículos, atizan un problema de salud pública y suponen un creciente peligro de incendio.

El ministro cubano de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, Armando Rodríguez, salió a redes sociales para pedir a la ciudadanía que no queme la basura en las calles porque esta práctica “atenta contra la salud de las personas” y daña el entorno.

En este contexto, México -el país que más está más está apoyando diplomática y materialmente a Cuba- envió este martes su segundo paquete de ayuda humanitaria para la isla: cerca de 1.200 toneladas de alimentos que está previsto que lleguen a La Habana en cuatro días.

Canadá anunció por su parte una línea de 5,8 millones de dólares (5 millones de euros) para “ampliar el acceso a alimentos y nutrición” en Cuba, que se gestionará a través del Programa Mundial de Alimentos (PMA) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), con lo que la ayuda llegará “directamente al pueblo cubano”.

Además, los países del Caribe, reunidos en la conferencia anual de la Comunidad del Caribe (Caricom), abogaron por “tomar acción colectiva” para ayudar a Cuba en su actual crisis, recordando los lazos políticos y de cooperación que han mantenido con La Habana.