Carlos Meneses
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São Paulo.- El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, ha hablado con los líderes de México, Colombia, España y Canadá para abordar la crisis venezolana tras la captura de Nicolás Maduro, pero ¿cuál es el margen real de la mayor potencia de América Latina para mediar con el presidente Donald Trump?
Antiguos diplomáticos de Brasil y Estados Unidos consultados por EFE ven «muy limitado» el papel de Brasil para acelerar la prometida transición democrática porque eso es algo que ahora «no le interesa» ni al Gobierno de Delcy Rodríguez, ni al Gobierno Trump.
«Brasil no puede hacer nada. Ahora es imposible. Creo que el régimen se volverá mucho más agresivo» y «desde la Administración Trump, según sus declaraciones, prefieren tener un régimen autocrático que se someta a los intereses de Trump», explica Hussein Kalout, exsecretario especial de Asuntos Estratégicos de la Presidencia brasileña (2016-2018).
En la misma línea se manifiesta Juan González, quien trabajó en el Departamento de Estado de EE.UU. y como director senior del Consejo de Seguridad Nacional para el Hemisferio Occidental del Gobierno de Joe Biden (2021-2024).
«La captura de Maduro marca el comienzo de una fase mucho más compleja y, francamente, peligrosa para Venezuela, para la región y para EE.UU. (…) No soy optimista sobre el papel de Brasil para influir», apuntó en un seminario del Centro Brasileño de Relaciones Internacionales (CEBRI).
Lula quiere, pero no puede
Pero Lula no cesa en su empeño. El líder progresista mantiene contacto con todas las partes. Habló con Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela desde el lunes, poco después de los bombardeos en Caracas, y se declara «amigo» de Trump, con el que conversó por última vez en diciembre.
También ha sido clave en la liberación de «un número importante» de presos venezolanos y extranjeros, según reconoció el presidente del Parlamento venezolano, Jorge Rodríguez.
Lula siempre ha apostado por una solución negociada en Venezuela. Cuando regresó al poder, en enero de 2023, intentó rehabilitar internacionalmente a Maduro.
Le recibió con honores de Estado en mayo de ese año y luego compartieron mesa con once líderes regionales, en Brasilia, en un intento del brasileño por resucitar el espíritu de integración de la malograda Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).
Pero la relación entre Lula y Maduro se torció a partir de las elecciones presidenciales venezolanas, en julio de 2024.
Lula exigió la publicación de las actas y no reconoció formalmente la victoria del líder chavista, que la oposición venezolana denunció como fraudulenta, así como una parte de la comunidad internacional.
Ahora, con Maduro capturado en mitad de la madrugada a punta de pistola, acción que Brasil ha calificado de «secuestro», Brasil resurge como alternativa para acercar posturas, aunque el margen es mínimo.
«Lula mandó el recado, quiere ayudar, pero EE.UU. no necesita ningún intermediario, ni Brasil, ni nadie», analiza a EFE el presidente del Centro de Defensa y Seguridad Nacional, Rubens Barbosa, quien fue embajador de Brasil en Londres y Washington.
Para Christopher Garman, director ejecutivo para América de la consultoría Eurasia Group, Brasil tendrá que esperar al margen y, de manera oportunista, desempeñar algún papel si más adelante hay presión para un retorno a la democracia.
«Aunque, en realidad, esta es una historia entre Washington y Caracas», pondera.
Una difícil respuesta regional
Kalout considera además que Brasil no puede construir solo una solución democrática para Venezuela porque esta debe darse a nivel regional, algo inviable en el corto plazo debido a la «naturaleza del régimen» chavista y a los «intereses de EEUU».
Además, Latinoamérica se ha mostrado profundamente dividida frente a la intervención estadounidense en la nación petrolera, como se ha visto en Naciones Unidas o la Organización de Estados Americanos (OEA).
Las posturas de los presidentes Daniel Noboa (Ecuador), Javier Milei (Argentina) y Santiago Peña (Paraguay) son radicalmente distintas a las de Lula, Gustavo Petro (Colombia) o Claudia Sheinbaum (México). Los primeros aplaudieron la captura de Maduro; los segundos, la condenaron.
Por el momento, el don de gentes de Lula no ha unido a Latinoamérica en relación con Venezuela, algo que podría ser vital para la estabilidad del país.
«El futuro de Venezuela no estará determinado por esa operación que removió a un solo hombre, sino por si la siguiente fase se alinea con la legitimidad y la cooperación regional con miras, en última instancia, a un desenlace democrático», apunta González. EFE









