Urge DN avance hacia la sostenibilidad y la eficiencia

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Por Francina Hungría

Hace meses que el principal tema de conversación es la recuperación económica, la generación de empleos y la estimulación de la productividad. A esos criterios se suman la seguridad ciudadana, la captación de turismo y la sostenibilidad. La inversión en el Distrito Nacional es un modo efectivo de lograr estos objetivos desde la perspectiva del desarrollo.

El Distrito Nacional se ha convertido en el centro económico, político y académico del país. Según las últimas estadísticas fiables disponibles, 965,040 personas residen de forma permanente en esta ciudad, alrededor del 10 por ciento de la población nacional. La densidad poblacional equivale a 10,537.67 habitantes por kilómetro cuadrado. Estas cifras corresponden al último Censo Nacional de Población y Vivienda, que data de más de una década; por lo que, evidentemente, el número de residentes actual es superior.

Y, de acuerdo a distintos expertos, el crecimiento demográfico continuará en ascenso. Es decir, aumentarán las personas, las dificultades para encontrar viviendas, la cantidad de vehículos, la congestión vehícular y la contaminación ambiental.

Las repercusiones caen directamente en los habitantes. Unido al cambio climático y la calidad en los servicios, los cambios afectan el desarrollo productivo y social.

En el contexto actual, la implementación de políticas que garanticen la sostenibilidad y la eficiencia de la ciudad es más necesaria que nunca. Mejorar el acceso a conectividad se suma a las nuevas consideraciones a tomar en cuenta al momento de contemplar los derechos de los ciudadanos.

Se trata de avanzar hacia la adopción de tendencias globales de diplomacia urbana y smart cities. Estas ofrecen alternativas esenciales para la ejecución de programas estratégicos de desarrollo sostenible, basados en buenas prácticas de gestión, en el fomento de la cooperación pública-privada y el planeamiento urbano enfocado en la autonomía.

Dicho más simple: hablamos de convertir la ciudad en un espacio amigable para todas las personas. Es innegable la necesidad de contar con entornos accesibles para dignificar la vida de forma inteligente. Y ante posibles crisis sociales, políticas, económicas y ambientales, una perspectiva de esta naturaleza es indispensable para garantizar la protección de los ciudadanos que viven en condiciones de vulnerabilidad.

De este modo podremos mitigar las crecientes desigualdades. Asimismo, conseguiremos eficientizar el gasto público. ¿Qué se necesita?

Primero, es indispensable la articulación de alianzas público-privadas para generar espacios accesibles en torno a los puntos neurálgicos de la productividad del DN, incrementando así las oportunidades de participación productiva en contextos laborales y de desarrollo personal.

Es decir, que se habiliten entornos orientados a la autonomía para la población usuaria de accesibilidad, tales como estudiantes, adultos mayores, embarazadas, personas con discapacidad y la ciudadanía con alguna condición de salud que le supone un riesgo como: diabetes, cáncer, hipertensión e, incluso, las personas que quedarán con secuelas producto del covid-19. Esto se traduciría en el incremento de la productividad y el progreso de la ciudad, lo cual genera bienestar para toda la población.

Segundo, realzar los atributos sensoriales del Distrito Nacional para construir una marca destino basada en las experiencias, brindando servicios desde la perspectiva de la pluralidad como parte de la promesa de marca.

Al convertirse en el primer destino inteligente del país, el Distrito Nacional tendría la oportunidad de captar nuevos nichos de turistas estacionales, fortalecer las cadenas de valor y generar encadenamientos productivos. Así es como se crean nuevas oportunidades laborales, pero, además, se abre la oportunidad de tener acceso a certificaciones de calidad como destino accesible y destino de innovación.

Tercero, y sumamente importante, es la conectividad. Se debe invertir en hacer del Distrito Nacional una ciudad conectada, que el usuario tenga a un clic una base de datos de comercios y oportunidades de negocios; acceso a recorridos guiados por el casco histórico y espacios turísticos. Asimismo, a oportunidades de entretenimiento: ruta gastronómica, ruta de las artes y el diseño.

Las nuevas tecnologías, mediante el uso inteligente de big data y planeamiento urbano, han permitido que la experiencia citadina sea cada vez más personalizable. Igualmente, los recursos de gamificación o lógica de juego diseñados para el turismo hacen posible vivir los viajes como aventuras épicas, con aprovechamiento de los espacios culturales y recompensas que se traducen en vivencias sensoriales.

Tenemos ya mismo que acercar la ciudad a la ciudadanía, brindar mejores servicios a la población, propiciar una reducción drástica de la huella de carbono y a la vez, hacer gratamente memorables las experiencias para los visitantes del Distrito Nacional, atrayendo no sólo un mayor número de turistas, sino también a inversionistas que ven en estas facilidades una excelente oportunidad de negocio. Y, por supuesto, todo esto fomenta la participación y el crecimiento de las pequeñas y medianas empresas.

Quisiera ser reiterativa en resaltar que las soluciones no siempre son de índole presupuestal. Propuestas en las que todos los sectores ganen, hacen sostenibles las sinergias con aliados estratégicos como las entidades académicas, de la sociedad civil y de los sectores productivos. Esto viabiliza la cooperación internacional y las políticas de diplomacia urbana. Además, permite monetizar recursos para capitalizar las iniciativas de innovación, diseñar mecanismos para la instalación de conocimiento especializado y el establecimiento de cooperación entre gobiernos locales para adaptar e impulsar buenas prácticas en la gestión plural de la ciudad.

Este es el enfoque estratégico que hará que el Distrito Nacional sea un referente de gestión de ciudad en la República Dominicana y ante países de la región.

La autora es Ingeniera Civil, especialista en accesibilidad física y digital. Tiene una maestría en Responsabilidad Social Empresarial y Sostenibilidad por la Universidad Politécnica de Valencia y la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. Es maestrante en diplomacia y servicio consular por el Instituto de Educación Superior en Formación Diplomática y Consular, INESDYC. Preside la Fundación Francina y asesora a empresas y al Estado en materia de responsabilidad social y aplicación de políticas de gestión de diversidad.