Una nueva forma de gobernanza en la ciudad

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Por Domingo Contreras

Santo Domingo es una ciudad que ha vivido un acelerado y permanente proceso de transformación durante los últimos 100 años, hasta convertirse en la metrópoli más importante del Caribe. Sin embargo, la estructura de gobierno de la ciudad no ha evolucionado en la misma dimensión. El modelo de gestión de la ciudad de Santo Domingo mantiene, en grandes rasgos, características centralizadoras que han permanecido desde el surgimiento mismo su gobierno local.

La diversidad y complejidad de la composición social y económica de los habitantes de la ciudad requiere de nuevas formas de articulación y relacionamiento entre el ayuntamiento como órgano de gobierno y las distintas expresiones del tejido social del territorio al que debe servir y regular. La participación activa de la ciudadanía es requisito necesario para una gestión democrática, más aún en el caso del gobierno de la ciudad, ya que es el espacio donde, teóricamente, hay un mayor relacionamiento entre gobernantes y gobernados.

El Distrito Nacional, más que cualquier otra entidad municipal de la República Dominicana, tiene una riqueza y diversidad en su tejido social, que permite producir conocimiento colectivo para impulsar acciones que mejoren la convivencia ciudadana, la calidad de los servicios públicos y un modelo de desarrollo que beneficie a todos sus habitantes.

Para aprovechar estas fortalezas, el gobierno de la ciudad debe modernizarse, adaptar su estructura y métodos de trabajo a los intereses, necesidades y potencialidades de los distintos sectores que componen la ciudad. Más allá de una gestión dirigida desde el Centro de los Héroes, el Palacio Consistorial o cualquier otra infraestructura pública, se requiere una gestión que se oriente desde el territorio, con la participación de aquellos que representan sus intereses.

Santo Domingo requiere una nueva forma de gobernanza, es decir, una nueva forma de gestión, interacción y relación de su ayuntamiento con los demás actores, públicos y privados, que inciden en el desarrollo de la ciudad. El ayuntamiento del Distrito Nacional debe construir una forma distinta de relacionarse con el gobierno nacional, con los ayuntamientos que integran el Gran Santo Domingo y con la ciudadanía que habita su territorio, para lograr ser más efectivo en sus funciones y los servicios que brinda.

Varias instituciones del gobierno nacional comparten con el ayuntamiento la regulación y gestión de servicios de vital importancia para la vida y el desarrollo de los capitaleños, como la provisión de agua potable y alcantarillado, regulación del tránsito y transporte público, seguridad ciudadana, alumbrado público, asfaltado de calles, entre otros; sin embargo, no se cuenta con espacios efectivos para la coordinación de sus acciones, a pesar de lo que las leyes disponen. Testimonio de esto se observa a diario cuando brigadas de obreros rompen una calle recién asfaltada para realizar un trabajo del acueducto, por solo citar un ejemplo.

Asimismo, la creación de la provincia Santo Domingo y la conversión en municipios de lo que antes eran sectores del Distrito Nacional, como Herrera, Villa Mella, o la zona oriental, supone una necesidad de coordinación entre las acciones del ayuntamiento del Distrito Nacional y sus pares de los nuevos municipios, ya que la ciudad continúa siendo una sola. Sin embargo, estos espacios de coordinación no alcanzan el desarrollo y fortaleza suficiente, para producir soluciones integrales a las problemáticas comunes con mayor eficiencia en el gasto público. Ejemplo de esta falta de coordinación se observa diariamente en el caos del tránsito, en las vías que conectan a los municipios del Gran Santo Domingo.

Una situación similar puede observarse en la limitada participación de los capitaleños en las acciones que implementa el Ayuntamiento del Distrito Nacional. Las distintas expresiones del tejido social de la ciudad como: ciudadanas, comerciantes, asociaciones comunitarias, culturales y deportivas, industriales, comunidad educativa, comunidades religiosas, juntas de vecinos, juntas de condómines, tienen escasa o ninguna participación en las decisiones del ayuntamiento que afectan positiva o negativamente a sus intereses. Tampoco se aprovecha adecuadamente las fortalezas y oportunidades que estos actores tienen para contribuir a un desarrollo de la ciudad que sea más incluyente, equitativo e integral; y ni hablar del necesario seguimiento y veeduría de cada ciudadano, ciudadana o sector organizado a la gestión municipal.

Ante esta realidad y bajo la premisa de que el desarrollo debe abrir ventanas de oportunidad para todos y todas, entiendo que el Ayuntamiento del Distrito Nacional, como gobierno de la ciudad, debe abrir las puertas a la participación activa de los distintos sectores sociales en la construcción de un nuevo modelo de ciudad.

Se requiere la creación de espacios operativos, como mesas técnicas territoriales, donde representantes del ayuntamiento y de las entidades públicas vinculadas a la provisión de los servicios, junto al liderazgo local, puedan analizar a profundidad las principales problemáticas que afectan la eficiencia de dichos servicios en los distintos barrios y sectores de la ciudad identificando soluciones efectivas. Además, esto espacios se convertirían en mecanismos de control social de las comunidades sobre las ejecutorias de las autoridades.

Esta modalidad de organización del ayuntamiento en el territorio debe ser transversal a todo el funcionamiento del gobierno de la ciudad. Es decir, el ayuntamiento debe organizar la ciudad en polígonos de gestión, integrando barrios o sectores colindantes que comparten una misma dinámica económica, comercial, social y cultural. Esto permitiría una relación diferenciada y directa del ayuntamiento con cada polígono, favoreciendo intervenciones concertadas, que ayuden a la solución de los problemas o al aprovechamiento de las oportunidades de los barrios y sectores que conforman cada polígono.

El liderazgo comunitario y los actores económicos del territorio tendrían así espacios donde poder incidir oportunamente en las decisiones del gobierno de la ciudad que competen a sus sectores. El ayuntamiento, a su vez, se convierte en un socio capaz de dinamizar el desarrollo de dichos sectores, a través de intervenciones culturales, deportivas, tecnológicas y de apoyo al emprendimiento empresarial.

El ayuntamiento debe ser el principal agente de desarrollo del territorio, su rol supera la gestión del ornato, debe impulsar con sus intervenciones el mayor aprovechamiento de las oportunidades que brinda la ciudad, para generar desarrollo para todos. Santo Domingo avanza y se posiciona como la ciudad más importante del Caribe, su crecimiento atrae a inversionistas extranjeros, migrantes que vienen en busca de oportunidades y turistas que vienen a conocer su historia y cultura. Los capitaleños deben ser los actores centrales de este proceso, deben formar parte de la construcción de una ciudad para todos, de una ciudad para ti.