Por Pedro Caba
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Con su orden ejecutiva de ayer al Pentágono para que toda la energía de sus bases e instalaciones militares se suministre a partir de generadoras a carbón mineral, el presidente Donald Trump libera los obstáculos existían para que países como el nuestro pudieran acceder a créditos y seguros e instalar generadoras a carbón.
En efecto, cuantas veces tratábamos el tema con los ejecutivos dominicanos del subsector eléctrico nos decían que el problema consistía en conseguir fuentes de financiamiento y aseguradoras pudieran sustentar la inversión de una nueva Punta Catalina.
Como USA es el principal accionista del BID, del BM y dispone del EXIMBANK además de enorme influencia en las instituciones de crédito privadas tanto norteamericanas como de otras latitudes, lo mismo que en empresas aseguradoras de categoría mundial, los mencionados obstáculos consecuencia de las políticas energética afectadas por las regulaciones del cambio climático quedan sin efecto.
El país está inmerso en un activo programa de desarrollo de generación de base con el gas natural como sustento, además de una gran cantidad de proyectos de energía renovable, en procura de recoger el déficit de oferta que se acrecienta cada día. Pero no es suficiente para garantizar de una reserva fría que le suministre seguridad operativa sin perjuicio de suspensión o apagón.
Si sumamos los 1,250 megas que saldrán de Manzanillo en los próximos tres años a los 400 que el grupo Rizek construye en las proximidades de Andrés, Boca Chica, para alimentarse del gas natural de AES y los 150 megavatios ordenados por Seaboard para agregar a sus dos barcazas Estrella del Mar en el río Ozama, estamos hablando de 2,000 megavatios nuevos de energía a gas natural de base fiable. A esto se sumarían poco más de 1,000 megavatios de energía renovable en proceso que sólo suple en contadas horas del día, y que necesitan infraestructuras complementarias como baterías acumuladoras y redes de alta tensión dedicadas.
Todo ello, sin embargo, no garantiza una reserva fría del 25 al 30% de la oferta total para librarnos de suspensiones masivas o apagones por causas de operación, averías o mantenimiento.
De ahí la importancia de construir, como se proyectó, una segunda central Punta Catalina para el 2030 para obtener esa reserva fría.
Lo puede hacer la misma Empresa Generadora Punta Catalina por su capacidad financiera, sin tener que recurrir al crédito del Estado.
Las partes comunes tales como el puerto, sistema de transporte interno y almacenamiento techado del carbón, subestación eléctrica, y otras partes avizoran una reducción de costo de una planta similar a la existente que podría ser de hasta un 30%.
El gobierno estaría plenamente justificado para dar este paso, desde que convirtió a la central Punta Catalina actual en una empresa bien administrada y eficiente, manteniéndola como líder del sistema y primera ameritada para la venta de energía por su más bajo costo operativo.
Hace tiempo, desde el inicio mismo de su operación que el Banco Mundial certificó Punta Catalina se ajusta a los requerimientos de afectación del ambiente exigidos por la institución.









