La tragedia de Jet set, el estado de alerta en Haití y la creciente incertidumbre mundial, agravada por la guerra en Medio Oriente, nos plantean un cuadro riesgoso y abrumador.

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Aunque con características ostensiblemente diferentes, esos temas ameritan de la misma atención y responsabilidad en su tratamiento.

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Hoy, con mayores razones, la crisis en Haití obliga a una vigilancia permanente más allá de la presencia militar dominicana a todo lo largo de la frontera.

El mantenimiento de los ataques entre Estados Unidos, Israel e Irán en Medio Oriente, acompañado de una retórica bélica sin límites, acrecienta los temores de una mayor escalada con el consiguiente desplome económico global, con riesgos sobre la seguridad alimentaria, lo que obliga a la toma de medidas de contingencia que atenúen sus efectos sobre la población.

El derrumbe del techo de Jet Set con sus secuelas de muerte masiva y conmoción social que se conoce en los tribunales, reclama de la mayor pulcritud y aplicación rigurosa de la ley.

Temas altamente sensibles que no asimilan descuido alguno y que nos mueven a advertir que la paz social no debe ponerse en juego.