Humberto Almonte

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Analista de Cine.

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El cine catastrofista y el que busca salvar el mundo, se dan la mano en este drama de ciencia ficción y aventuras espaciales, demostrando la perennidad de géneros que son como el Ave Fénix,  pues resurgen de tiempo en tiempo. Esta vez le ha tocado esa misión a Proyecto Fin del Mundo (Project Hail Mary). 

La película elige una de las vías narrativas usadas frecuentemente, siendo una de ellas la del extraterrestre malvado que busca destruir el planeta, como el Thanos de Avengers o Galactus en Los 4 Fantásticos. Pero aquí se acude a la colaboración entre un humano y un extraterrestre para salvar, no solo la Tierra, sino a todo el universo. 

La trama inicia con el profesor de ciencias Ryland Grace quien se despierta en una nave espacial a años luz de casa sin recordar quién es ni cómo ha llegado hasta allí. A medida que recupera la memoria, empieza a descubrir su misión: resolver el enigma de la misteriosa sustancia (Astrófago), que provoca la extinción del sol. Deberá recurrir a sus conocimientos científicos y a sus ideas poco ortodoxas para salvar todo lo que hay en la Tierra de la extinción… pero una amistad inesperada significa que quizás no tenga que hacerlo solo. 

 

La dirección recae en Phil Lord y Christopher Miller, el guion en Drew Goddard, basado en la novela Project Hail Mary de Andy Weir. El elenco lo componen Ryan Gosling, Sandra Hüller, James Ortiz, Lionel Boyce, Ken Leung, Milana Vayntrub, entre otros. 

Los realizadores Lord y Miller desmontan al superhombre o al alienígena con poderes extraordinarios, haciendo que dos seres unan sus limitaciones y sus inteligencias, para buscar la solución que evite la catástrofe estelar que se avecina, si estas dos figuras no resuelven los retos que la aventura vital les presenta. 

Las malignas bacterias atacan, como siempre 

Todo el edificio dramático se sostiene en la interacción que logran el biólogo molecular Dr. Richard Grace y el ingeniero extraterrestre Rocky del planeta Erid en la estrella Eridani o Eridani A, quienes transmiten, en unas escenas muy fluidas, calidez y humor, viniendo de  ahí la química especial lograda. 

Si por un lado tenemos la comicidad y el enorme rango expresivo de Ryan Gosling como el Dr. Grace, por el otro aparece la voz, la interpretación y el manejo del títere que hace de Rocky asumidos por James Ortiz, puesto que su personaje no es totalmente digital, existe una hibridación en el manejo técnico.  Esa mezcla títere / criatura digital es lo que agrega el plus para conseguir la atmósfera altamente interactiva y dramática entre estos dos personajes. 

Lo conseguido por los realizadores con el  Dr.  Grace y Rocky, choca y no fluye tan orgánicamente cuando nos vamos a los flashbacks en el planeta Tierra. Lo que en la nave se desliza sobre rieles, en las escenas de la tierra se transforma en algo menos ágil, con tonos y ritmos que se contraponen al desarrollo rítmico de lo que vemos en el espacio. Es como si la gravedad de la tierra ralentizara la acción o fuesen dos películas con frecuencias rítmicas distintas. 

Al Proyecto Fin del Mundo le sobran dos cosas: un poquito menos de humor quizás hubiese estado bien, y posiblemente unos minutos menos también. En lo primero, es una línea que viene aplicándose en varios géneros con suertes dispares. En cuanto a la duración, en algunos instantes observamos cierta redundancia en la trama, recordando que en ocasiones menos es más. 

Por esta vez, volvemos a ver al científico rebelde que se enfrenta a la autoridad y desconfía del poder y de sus instituciones, al hombre de ciencia hábil pero despistado, al sujeto con reducidas habilidades de interacción social o de relaciones personales. En este caso, echar mano de estos tópicos funciona gracias a la habilidad y buena mano de los realizadores. 

En lo que estamos de acuerdo es en que Ryan Gosling se echa encima la película, contando, eso sí, con la capacidad creativa de su contraparte James Ortiz. Todo ello en una obra que descansa en el factor humano y actoral, puesto que no se deja abrumar por el factor tecnológico y de los efectos. 

Yo digo que las estrellas le dan gracias a los científicos

De vez en cuando, los homenajes a otras películas son un acierto como apreciamos en las alusiones a Rocky, 2001: Odisea del Espacio, Interestelar, Star Wars o The Martian, unos creativos toques de atención a los cinéfilos, sin caer en el plagio descarado o la apropiación forzada. En cambio, aquí son elementos que se integran muy bien en la trama. 

Proyecto Fin del Mundo (Project Hail Mary) de los directores Phil Lord y Christopher Miller, basado en la novela Project Hail Mary de Andy Weir, es una entretenida aventura de ciencia-ficción espacial que pone énfasis en la amistad y la colaboración para salvar el universo, asentada en la agilidad y la gracia de sus escenas espaciales, de sus personajes y en la entrañable química que consiguen Ryan Gosling y James Ortiz para hacer funcionar la película.