Relectura analítica fílmica

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Acercarse a una comunión plena con los significados de una obra cinematográfica exige en ocasiones una revisión o relectura que nos permite ese abrir los ojos delante de los secretos o mensajes ocultos, que no son tales. Es simplemente abandonarse a los efluvios del arte, pasar de la ojeada displicente a la observación y de ésta al sentimiento pleno de la comunicación. 

La ausencia de profundidad que puebla una enorme cantidad de películas actuales predispone a los espectadores y los instala en una comodidad que va oxidando sus capacidades analíticas, suministrándoles una dosis que va sumiendo al cerebro en una modorra que sólo reacciona delante de las vaciedades superficiales de la CGI y demás efectos especiales. 

Esa linealidad de los tres actos es una adicción destructiva, y si se le suma la tendencia a la  sobrecarga de detalles, tendremos un tedio garantizado. Y si no, véase ejemplos como los de Capitana Marvel (2019) o de Han Solo: una historia de Star Wars (2018), cuya sobreabundancia termina por hacernos bostezar del aburrimiento.  

Apostar por tramas menos previsibles o de contenido más profundo, no significa en ningún grado decantarse por esos filmes alambicados, retorcidos y cultores del absurdo por el absurdo mismo. Siempre es oportuno recordar a Robert Bresson y su frase lapidaria:  «Cine de arte, el más carente de arte». 

Si usted es de aquellos que acusan de confusos y pesados a directores como Lucrecia Martel, Terrence Malick  está entre los que les pareció excesivamente lenta, la Blade Runner 2049 (2017) de Denis Villeneuve, lo recomendable es que le den una segunda o tercera lectura, evitando los prejuicios y despojándose de las mañas adquiridas. 

Los escrutinios pacientes

Los gustos son costumbres adquiridas; de ahí que puedan ser desinstaladas de nuestra psiquis con un riguroso autoanálisis. La evolución del cinéfilo pasa por determinadas etapas, todas ellas necesarias para la conformación de un amplio corpus de pensamiento, base o archivo de toda opinión que expresamos y por lo tanto podemos hacer las transformaciones correctivas necesarias en los gustos. 

Se ha vuelto un paradigma de normalidad, dada la cantidad de producciones, aquello de usar y tirar, de pasar de una película a la otra sin pausa, sin dedicarle un segundo al análisis  o la reflexión, en un claro paralelismo con el consumo de comida chatarra, y se va deglutiendo un cine que no nutre el espíritu y que solo nos divierte forzadamente. 

Una demostración de lo absurdo de los defensores de las tesis de que los ritmos lentos o de las temáticas cotidianas no atraen, está en la acogida desigual de Pájaros de verano (2018), Un asunto de familia (Manbiki kazoku -2018), o Las herederas (2018), las cuales tuvieron un modesto desempeño comercial, lo que no pasó con Roma de Alfonso Cuarón. La diferencia entre Roma y los otros filmes de igual ritmo o temas con ciertas similitudes en los que Netflix invirtió un gran presupuesto en la obra del mexicano, es decir que los gustos y la aceptación pueden adquirirse. 

La relectura siempre es necesaria para acceder integralmente a un filme, diseccionándolo para una mejor comprensión y su posterior conversión en análisis. La revisión estructural es un paso obligatorio y sin el cual es imposible articular un discurso analítico pertinente.   

Puede un crítico o un espectador tener una comprensión cabal  con un solo visionado de una película? De poder se puede, pero corriendo el riesgo de pasar por alto elementos importantes que convertirán en incompleta la aproximación a obras artísticas tan complejas como son los filmes. El tomarse su tiempo para observar y después reflexionar lo observado es también parte fundamental de la labor cinéfila y critica.  

Releer y repensar 

Algunas obras soportan una relectura mejor que otras; aquellas estructuralmente complejas te aportan nuevos significados en cada visionado, como lo es el caso de Zama (2017) de Lucrecia Martel, y lo contrario pasa con Avengers: Infinity War (2017). Esto no debe confundirse con la revisión para detectar errores técnicos o de otro tipo porque no pertenece a la parte discursiva. 

Releer  una película no es solo volver a mirarla. Es detenerse en ella, observarla y pensarla para después pasarla por el cedazo analítico, intentando tener una aproximación lo más cercana y precisa posible para evitar caer en posiciones prejuiciadas, incompletas y carentes de esa distancia prudente entre el analista y la obra.  

Humberto Almonte

Productor y Analista de Cine.-