¿Qué hacen los militares para proteger la frontera?

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Por Kirisis Díaz

Es la media tarde de un jueves y miembros del Cuerpo Especializado en Seguridad Fronteriza Terrestre (Cesfront) se desplazan por las calles de Dajabón, provincia localizada al noroeste de República Dominicana.

Acuden a un llamado de alerta de representantes del Departamento de Inteligencia, quienes apresaron a 15 personas intentando entrar al territorio nacional sin documentos.
A mitad del trayecto, abandonan las calles pavimentadas para dirigirse a un sector llamado La Aviación. El camino no tiene asfalto, no hay viviendas, solo árboles y animales en todo el entorno.

Antes de llegar al lugar hacen una parada y vuelan un drone para tener registro del punto exacto donde se encuentran los indocumentados. Tras ubicarlos, continúan el trayecto.
Se detienen luego de recorrer 3.7 kilómetros. En este operativo participan 13 miembros del Cesfront.

Los apresados son ocho mujeres, dos hombres y tres niños quienes en su paso ilegal hacia el territorio nacional fueron delatados por fuentes del Departamento de Inteligencia. Cruzan de este lado buscando una mejor vida para ellos y su familia. La media de apresamiento mensual del Cesfront es de 5 a 6 mil apresados mensuales. “¡Cruzamos para acá buscando vida!”, manifestó uno de los haitianos apresados. “Pagué a un dominicano cuatro mil pesos para que me trasladara a Santo Domingo. ¡Yo solo quería encontrar un trabajo!”, exclamó otro de los indocumentados detenidos. Todos contaban con historias muy similares: huían de la precariedad, cruzan en busca de progreso.
La responsabilidad de los miembros del Cesfront es llevar a estas personas de regreso a su país. Por lo que los conducen a la base militar y allí separan a las mujeres y niños de los hombres, estos últimos son encerrados en un espacio techado y cercado con malla. Todos los apresados durante el día son montados en un camión. Los niños con su madre van en un vehículo a parte. “Cuántas haitianos detienen por día”, se le pregunta al director del Cesfront mientras se hace el recorrido por las calles de Dajabón para la entrega de los haitianos en la frontera.
“Unos 300 a 400 indocumentados los días de mercado binacional y en enero luego de las festividades de fin de año porque tratan de cruzar con familiares para el lado dominicano. En días normales entre 150 a 200”, precisó el coronel José Manuel Infante Durán.

Al llegar a la puerta binacional se hizo la entrega de los indocumentados apresados en territorio dominicano.

La línea fronteriza está compuesta por unos 391 kilómetros. Parte de la responsabilidad del Cesfront es cuidar los pasos formales en la frontera. Para ello posee más de 750 miembros distribuidos en cuatro bases de operaciones ubicadas en Dajabón, Elías Piña, Jimaní y Pedernales. El resto de la frontera es responsabilidad del Ejército dominicano, el cual cuenta con más de ocho mil soldados que monitorean la zona con labores similares.

Al caer la tarde a un grupo de haitianos se les ve retornar a su país. Regresan porque a las seis cierran la puerta. Les llaman habitantes fronterizos.

De acuerdo con la Ley de Migración, el habitante fronterizo es todo aquel extranjero residente en área de la República de Haití limítrofe al territorio de la República Dominicana en las cinco provincias fronterizas, que desarrolle actividades no laborales, dedicado a faenas de pequeño comercio. Una vez sea debidamente autorizado por la Dirección de Migración podrá gozar del privilegio de ingresar al país dentro del perímetro de la frontera establecido para ello. Está obligado a regresar diariamente a su lugar de residencia.

El reglamento de Migración llama a calificar de ilegal y ordenar su salida del país a todo aquel habitante fronterizo que exceda el límite geográfico permitido.

Equipos para vigilar la frontera

Para vigilar la línea fronteriza los militares del Cesfront hacen uso de cuatro unidades de drones en las bases de operaciones. Cuentan además con ocho vehículos Buggies, más de 60 motores, ocho jeep tipo Hombi, 15 camiones para el traslado de indocumentados, 18 camionetas todo terreno, fusiles M 16, escopetas, pistolas, cámaras colocadas en el uniforme, pistolas eléctricas tipo Teiser y visores nocturnos.

Las cámaras de vigilancia graban las 24 horas, los siete días de la semana, todo el movimiento alrededor de la puerta binacional.

Uno de los drones cuenta con un alcance de 12 kilómetros, es alimentado por un generador y tiene la capacidad de trabajar hasta que se acabe el combustible. Con este aparato supervisan parte del territorio haitiano.

“Eso ya es del lado haitiano, lo que está sucediendo allá con un alcance de doce kilómetros nosotros lo estamos viendo desde aquí. Esas son edificaciones y una de las calles de Juana Méndez, eso es en Haití, se ven las personas caminando. Los militares se ponen en diferentes puntos para hacer este tipo de observación”, especificó el coronel Durán mientras mostraba al equipo de prensa las imágenes obtenidas durante el vuelo del referido drone.

También utilizan drones con cámaras térmicas que permiten ver la fílmica de calor que el drone percibe.

Las amenazas, en la zona fronteriza no solo se centra en la migración irregular, los militares también deben estar atentos al narcotráfico, el contrabando, el robo de vehículos y de ganado y de la depredación ambiental.

Los centinelas

En un ambiente solitario y oscuro, los soldados se mantienen vigilantes en la línea de la frontera. Su misión es impedir la entrada a territorio dominicano de ilegales, así como de narcotraficantes y contrabandistas. Son los centinelas.

“Por lo general nos encontramos con nacionales haitianos que quieren entrar ilegal a nuestro país”, expresó el centinela José Pimentel.

De noche hay dos centinelas por puesto en la línea fronteriza. El motivo, es reforzar la seguridad.

El trabajo aumenta los días de mercado

Es viernes, día de mercado binacional. La orden es abrir la puerta a las 8 de la mañana para que penetren miles de comerciantes y compradores haitianos. Previo a esta hora se ven personas intentando entrar más temprano a suelo dominicano para ser los primeros en comprar comida, llegar al trabajo o llevar sus hijos a escuelas de aquí.

Mientras avanza la mañana, los dueños de locales en el mercado de Dajabón comienzan a abrir sus puestos de venta. En un bullicio que se produce en español y creole, dominicanos y haitianos, venden diferentes productos, algunos contrabandeados, otros que consiguen en Panamá. Los clientes son ciudadanos de ambas naciones.

Cuando se abren las puertas de República Dominicana ingresan cientos de haitianos. Lo que a simple vista parece una invasión ya forma parte de la cotidianidad en la frontera. Toda el área está rodeada por militares del Cesfront.