Por el rescate del río Ozama

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Por Felipe Mora

Cuando han transcurrido más de cinco siglos -523 años para ser más específico- de haberse erigido la ciudad de Santo Domingo, en la margen occidental del río Ozama, a escasa distancia de su desembocadura, asistimos a lo que se podría considerar el trágico final de esa importantísima corriente fluvial, otrora signo inequívoco y sello indeleble de la Primada de América y que en estos tiempos corre la suerte de convertirse en una inmensa cloaca, a no ser que se tomen medidas urgentes en pro de su rescate.

Los conquistadores españoles eligieron ese sitio para fundar la ciudad, precisamente para aprovechar lo estratégico del estuario de este curso de agua, de 148 kilómetros -contados a partir de su nacimiento-, de los que más de 15 son navegables por embarcaciones de mediano y pequeño calado.

El Ozama domina una cuenca que abarca 2,686 kilómetros cuadrados, y forma parte del llamado Cinturón Verde de la ciudad de Santo Domingo, mediante decreto 183-93. Pero en la práctica resulta cuesta arriba su aplicación, debido a malos hábitos de personas físicas e instituciones en cuanto a regular el crecimiento urbano y horizontal de la Capital, protección de los cursos de agua, arrojo de desperdicios en lugares que lo prohíben, entre otros.

En la Sierra de Yamasá, en específico en lo que se conoce como Los Siete Picos, con una altura aproximada de 853 metros, nacen los principales ríos del municipio de Yamasá: el Ozama, río Verde, el Yamasá, Guanuma,y Máyiga.

Aparte de que la capital dominicana se beneficia del río, más bien con su muelle en Sans Soucí y frente a la Zona Colonial (antes de su desembocadura en el mar Caribe), ya sea como forma de abastecimiento, o facilitando el comercio a nivel nacional e internacional, otras comunidades a lo largo de su curso aprovechan su caudal, en múltiples formas.

¿Pero, qué está pasando con el Ozama? El constante uso y abuso de este río lo han convertido en una inmensa cloaca, eternamente herido de muerte, y que agoniza lentamente para cualquier día sucumbir. Los cientos o miles de tuberías con desechos líquidos que desembocan en su cauce, a lo que se suman las escorrentías por lluvias arrastran a su lecho miles de toneladas de plásticos y otros residuos sólidos.

Ahora mismo la amenaza que pende sobre este río incluye su nacimiento mismo, con la pretensión de la multinacional Barrick Gold de construir allí una presa de cola, o lo que es lo mismo habilitar un lugar para depositar los desechos o desperdicios en el proceso de extracción de oro, que según entendidos abunda en esa sierra. Y no se han hecho esperar las protestas en contra de ese propósito de comunidades como Peralvillo, La Cuaba y el propio municipio de Yamasá, con bloqueos de carreteras incluidos.

Otro peligro letal para el cauce del río está a escasos metros antes de su desembocadura en el mar Caribe. Una planta flotante, surta en su ribera occidental, sus responsables están en desavenencia con el Ministerio de Medio Ambiente, debido a que –según se ha explicado-la licencia ambiental vigente para operar allí se obtuvo de manera irregular.

Expertos medioambientalistas aseguran que la empresa Seaboard Corporation, a cargo de las generadoras Estrella del Mar II y Estrella del Norte, ha incurrido en el error de descargar residuos oleosos en el proceso de arranque y mantenimiento de las maquinarias.

El ex ministro de Medio Ambiente Francisco Domínguez Brito dijo en abril pasado que durante su gestión suspendió la licencia a la barcaza eléctrica Estrella del Mar II, y que en el 2018 se condicionó su renovación.

Agregó que las condiciones para devolver la licencia eran reconvertir la barcaza exclusivamente a gas natural, eliminando el fuel oil como combustible en su matriz de generación, mimetizar su presencia visual dentro del río y unificar en una sola planta la actividad futura de la Estrella del Mar III, que también se esperaba instalar allí.

Las operaciones de las plantas flotantes provocan contaminación ambiental por la emisión de monóxido de carbono, sustancias químicas y efectos sónicos dañinos a la salud de las personas.

Las sucesivas inundaciones que cada año registra el Ozama constituyen una autolimpieza de primer orden para su cauce, pero con las consabidas medidas de desalojo de decenas y en ocasiones cientos de familias de los alrededores, según sea la magnitud del caso. La cuenca del Ozama registra niveles de precipitación anual entre 1,400 y 2,250 milímetros. Entre sus afluentes más importantes están los ríos Isabela, La Savita y Yabacao.

Funestos aportes

A medida que las aguas del Ozama se aproximan a la Capital, mayores son los daños provocados, en especial con los enormes asentamientos humanos en ambas riberas, y las consabidas contaminaciones que ello acarrea, lo mismo que las industrias en sus proximidades, que vierten desechos sólidos y líquidos en sus aguas. A todo esto se agregan fincas, mataderos, pocilgas, metales hundidos en su lecho, etc, etc.

Pero también la práctica de la agricultura en áreas circundantes contribuye a que se viertan al río residuos de insumos como pesticidas y yerbicidas, y restos de vegetales y animales. Y hay lugares del río de donde se extrae arena para destinar a la construcción.

Una advertencia que las autoridades de Medio Ambiente deben tener en carpeta: desde el mismo nacimiento del Ozama hay peligro de muerte con los planes de la multinacional Barrick Gold, de construir una presa de cola en la Sierra de Yamasá, precisamente próximo al lugar donde nace el río. Ese sería el tiro de gracia para hacer desaparecer ese importantísimo recurso hidrológico.

A finales del año 1999, debido a que tanto el Ozama como el río Isabela cada cierto tiempo forman una inmensa alfombra de lilas o “Jacintos de Agua, la Autoridad Portuaria Dominicana recomendó aplicar un yerbicida con el propósito de eliminar esas plántulas, lo que en definitiva iba a ser más mal que bien, explicó en la ocasión el experto ambientalista Eleuterio Martínez en su artículo “El tiro de gracia para el río Ozama”, publicado en Listin Diario el 24 de noviembre de ese año.

Desde su inauguración, la Estación Depuradora de Aguas Residuales del Río Ozama/Mirador Norte-La Zurza, que se construyó con una inversión de US$110 millones, ha estado depurando aguas residuales y devolviendo aproximadamente 27 millones de galones de agua limpia por día, a los ríos Ozama e Isabela, en su primera etapa. Esto aparece en una información de octubre de 2020 en la página web de la CAASD.

Y agrega que esta obra forma parte del ‘Plan Maestro’, en el que se prevé la construcción y rehabilitación de 12 plantas de tratamiento de aguas residuales (9 de ellas descargan en los ríos Ozama e Isabela), el saneamiento de 30 cañadas, de las que 23 vierten en los cauces de ambos ríos.

Con todo lo que se ha hecho, se esté haciendo y lo que falta por hacer, lo cierto es que el río Ozama languidece en medio de la infinidad de abusos a que lo han sometido los seres humanos, muy a pesar de los beneficios que nos ha aportado desde que estas tierras fuesen colonizadas por hombres ávidos de acumular riquezas. La autoridad competente debe tener importantes decisiones para este gran río, orgullo patrio de todos los dominicanos.