Humberto Almonte

Productor y Analista de Cine.-

Son extraños los caminos del Señor, dice una conocida frase, y dice otra, no sabe uno con quien va a encontrarse por esos caminos de Dios. Aunque la lógica no lo diera por sentado el destino de las artes hizo que el cine y la pintura cruzaran miradas quedando flechados para compartir más de una vez.

El gran cineasta español José Luis Borau, quien era a la vez un gran conocedor de la pintura, nos hablaba en su libro “La Pintura en el cine, el cine en la pintura”, de las relaciones, malos entendidos, préstamos y otros sucesos que han poblado la ya larga relación entre estas dos artes visuales.

Y no pueden dejar de mencionarse a los pintores convertidos en directores o los realizadores que echaron mano del caballete, o del óleo, a la acrílica, como es el caso de Akira Kurosawa, Peter Grenaway, Federico Fellini, o Andy Warhol, quienes se trasladaron de un arte a otro sin perder efectividad.

El cine ha devenido en espacio de reflexión, expresividad plástica y describir la vida y obra de los pintores. A su vez la pintura, como ya lo apuntaba muy certeramente Borau, se apropia de las angulaciones, los movimientos o las formas de iluminación cinematográfica buscando el grial de todos los pintores, la movilidad dentro del cuadro.

El director de fotografía, como responsable creativo de la imagen fotográfica, es una figura que ha debido y sigue conectado con un cordón umbilical a las artes pictóricas. No se asombre usted si dentro del trabajo conceptual para armar la identidad visual del film acuda a este o aquel pintor, pues yo he visto a más de uno llevar en su bolsillo como guía consultiva, algún libro de reproducciones de cuadros, famosos o no, al que acudir en aquellos momentos de duda.

Un viaje de ida y vuelta 

Los géneros cinematográficos en los que se desenvuelve la pintura no conocen fronteras, el corto, el largometraje de ficción, el documental o la animación, son los huéspedes de obras como What Dreams May Come, El Sol del Membrillo y la Chica de la Perla.

El sol del  Membrillo (1992), es un documental de Víctor Erice en donde el gran pintor realista Antonio López intenta plasmar en un cuadro el membrillero que ha plantado en el patio de su casa. Ese punto de partida inicia a su vez un diálogo con el arte de pintar y las dificultades del artista para con el objeto que se pinta.

La hoja de ruta artístico-técnica que se trazan López y Erice se enriquece con las discusiones sobre el arte de la pintura, las conversaciones con los obreros y la conceptualización muy personal de este pintor con el objeto dibujado, su visión del arte mismo y la ética creativa que practica.

Lo importante no es la finalización del cuadro a toda costa, sino el compromiso del artista con el arte y las búsquedas de soluciones técnicas, que en este caso, nunca llegaron, ni López se permitió forzarlas o encontrar un atajo facilista para engañarse o engañar al espectador de sus obras.

Cómo iluminar los membrillos o hacer que la luz se filtrara de manera realista y llegara a los frutos, más que un asunto técnico se transforma en un dilema estético que conecta todas las épocas, pues ilustra el compromiso del creador con su arte, problema medular que atormenta a los artistas de todas las épocas. Por lo que ni Erice ni López son la excepción.        

 Más Allá de los Sueños (What Dreams May Come) -1998- que dirigió Vincent Ward con la actuación de Robin Williams (Chris) Annabella Sciorra (Annie Nielsen) y Cuba Gooding JR. Los hijos de Chris y Annie fallecen en un accidente como más tarde lo hace Chris, que despierta en uno de los paisajes que solía pintar su mujer.

La película es de hecho empalagosa hasta más no poder, con un guion dramáticamente inconsistente y sin sustancia, pero la belleza plástica de los paisajes pictóricos en donde Chris se sumerge nos llevan a una aproximación física a la pintura, a los óleos y acrílicas usados en donde el protagonista se sumerge, chapoteando entre azules y lilas, entre otros colores.

Si bien falla como obra cinematográfica, nos llama poderosamente la atención como expedición al fondo de la pintura, pues los personajes, sobre todo Chris (Robin Williams) quien aterriza en un mundo mágico hecho de elementos pictóricos. La belleza plástica de esa aproximación al mundo físico de la pintura bien vale el filme entero.

El paso de lo real a lo fantástico mantiene los valores de este arte, pues la sombría travesía al infierno en busca de la amada tiene reminiscencias de aquel infierno de Dante por su belleza cruel, oscura y punzante, de un plasticismo doloroso. Mas Allá de los Sueños será muy desigual a nivel dramático, pero visualmente es un festín para los ojos.  

El universo pictórico del extraordinario Vermeer de Delf es reflejado en La chica de la Perla (Girl With a Pearl Earring)-2003- que dirigió Peter Webber con una muy joven Scarlet Johansson, acompañada de Colin Firth, Tom Wilkinson, Cillian Murphy y otros. Se inspira en el cuadro homónimo de Vermeer y narra la historia de la relación entre Griet, la chica y el pintor.

Griet (Scarlet Johansson) posee el sentido del color y la luz, lo que no escapa a la mirada atenta de Johannes Vermeer (Colin Firth), quien se tomará el tiempo para guiar a la chica que modela para el cuadro mencionado, en el universo de la pintura. La obra de arte resultante del encargo en donde Griel Sirve como modelo, es uno de los varios cuadros del genio holandés, que trasciende como una gran obra de arte.

El respeto a la estética de Vermeer es clave para que el portugués Eduardo Serra, director de fotografía de la película, se planteara iluminar y encuadrar exactamente como lo hiciera el pintor, consiguiendo como resultado una plasticidad única. Serra tiene una formación en historia del arte que aquí le fue de mucha utilidad. 

El hiperrealismo del nacido en Delf (Holanda), es traducido desde la novela La chica de la Perla (Girl With a Pearl Earring)  de Tracy Chevalier, y asumido por el director Peter Webber, quien recrea la visión  artística de Vermeer  para construir un filme de indudable interés. 

Huellas de luces y colores 

De pintura al cine y de este otra vez a la pintura, es un viaje que  produce un maridaje artístico para mayor gloria de ambas artes, que transfieren y enriquecen sus características respetando la especificidad de cada una. La decisión final del pintor y el director cinematográfico será el índice que determine si el hecho de atenerse a la ética artística los guía hacia los resultados deseados.

La pantalla se tiñe de los colores que la pintura provee en un festín audiovisual que solo la conjunción de dos artes dirigidas hacia los ojos de los espectadores con la intención de producir un goce estético, son capaces de estar a la altura de ojos, almas y cerebros.