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Pies en la Arena, la convergencia caribeña en el cine

Humberto Almonte

Analista de Cine

La cultura caribeña sumerge a sus habitantes en unas realidades individuales y colectivas que parecen alejar a los países de la región, unos de otros, mientras que lo cotidiano desmiente ese espejismo y nos desvela unas similitudes  cercanas a las planteadas en Pies en la Arena, una coproducción entre Puerto Rico y la República Dominicana. 

Emigrar es un proceso de trasladarse a otros lugares en la búsqueda de trascender a los problemas sociales e individuales, pero en ocasiones algunos de esos problemas logran alcanzarnos en los nuevos lugares de residencia y a su vez surgen nuevos procesos que exigen adaptaciones a otras realidades. 

La historia nos cuenta acerca de Toña, una mujer rota que lucha por salir adelante y reconstruirse como mujer. Gregorio, un médico cubano exiliado que se queda atrapado en Puerto Rico sin opciones legales para regular su estatus. Un accidente provocará una relación de la que ambos dependen para salir adelante.

La dirección es de Gustavo Ramos Perales y el guion de Xenia Rivery. El elenco está compuesto por Judith Rodríguez, Eduardo Martínez Criado, Modesto Lacén Cepeda, Noelia Crespo, Ricardo Álvarez, Erik “Chicho” Rodríguez, Eyra Agüero Joubert, Becky Figueroa, Julie Padilla, Julio Ramos, Larissa Dones, Esteban Ruíz, Nancy Millán, Héctor Escudero Lobé, Harold Leonard, Rey Figueroa, Samarys Barbot Arroyo, Leslie Van Zandt y Magali Carrasquillo. 

El realizador Ramos Perales plantea una alternativa minimalista e intima al manejar la historia,  alejándose de esas tentaciones macro de enormes presupuestos pero con fundamentaciones guionisticas muy endebles, aproximándose a los protagonistas desde una óptica muy atenta de sus características sicológicas y culturales individuales.  

En Puerto Rico ya no hay vasos de colores 

Pies en la Arena se desenvuelve alrededor de dos personajes, Toña (Judith Rodríguez) y Gregorio interpretado por Eduardo Martínez Criado, quien también asume a Luis, esposo de Toña, y de una contextualización cultural que abarca a Puerto Rico, Cuba y República Dominicana en una epopeya teñida de la realidad de esos tres países. 

Las emigraciones de Toña y Gregorio se dan como una huida hacia adelante para alejarse de unas circunstancias personales en el caso de Toña, y a su vez para alejarse de ellas y acercarse al mismo tiempo como le sucede a Gregorio, una ecuación vital que dota a la película de complejidades y de la riqueza de los subtextos. 

Estos son seres en reconstrucción, que buscan un nuevo comienzo y en ese transcurso, su cruce de caminos reúne a dos compañeros de viaje, supervivientes de unas sociedades que de una u otra manera se empeñan en trascender los obstáculos para ejercer su derecho de vivir felices, y en todo caso, de simplemente vivir. 

Judith Rodríguez asume el muy denso, en términos sicológicos, personaje de Toña y lo lleva al siguiente nivel, transformándolo en base a gestos, miradas y una expresividad minimalista, en un trabajo actoral que trasciende hasta lograr una de sus mejores interpretaciones. En la piel de Gregorio /Luis, el histrión Eduardo Martínez Criado hace un tour de force, porque su doble articulación sobresale en la película transmitiendo de manera efectiva los matices de su personaje. 

La arquitectura escritural de Xenia Rivery apunta a personajes sólidamente estructurados, situaciones y diálogos dramáticamente minimalistas, sin flecos ni hoyos que difuminen la acción. Rivery establece un tono intimista, casi de teatro de cámara, lo que convierte a cada espectador en un receptor único y privilegiado. 

El montaje de Juanjo Cid (El Editor Cuir), es la guinda al pastel pues le agrega una ritmicidad y contribuye con la creación de una atmosfera muy a tono con la densidad sicológica del filme, merced a una línea de trabajo casi fantasmal donde el montajista desaparece detrás de las secuencias y los planos, evitando el protagonismo y realzando el discurso de la película.  

Drama caribeño sin realismo mágico 

Los migrantes de esta historia Toña, la dominicana, una víctima de la violencia machista y Gregorio, el cubano, acosado por las dificultades de un país bloqueado y por los conflictos emocionales siguen la línea temática que permea las obras de este realizador interesado en explorar la supervivencia en terrenos, sino hostiles, quizás con ciertos obstáculos. Ramos apela al buen uso de los recursos del lenguaje cinematográfico utilizándolos para construir un relato apegado a los códigos visuales de este arte.  

Pies en la Arena de Gustavo Ramos Perales es un drama enraizado en las veredas de la cultura caribeña que va desde la migración hasta las raíces profundas de la violencia machista de nuestras sociedades. Esta coproducción entre Puerto Rico y República Dominicana viene cargada de unas honduras sicológicas que tocan al espectador y lo mantienen interesado hasta el final. 

 

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