Moscú, Rusia. Enfrascada en la campaña de Ucrania desde 2022, Rusia puede salir ganando con una subida prolongada de los precios del petróleo, pero también perder a un aliado estratégico de primer orden en Oriente Medio como es Irán.

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Subida del petróleo

Los precios de los hidrocarburos han subido, con fuertes oscilaciones, desde que Estados Unidos e Israel atacaron a Irán el 28 de febrero.

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El lunes, los precios del barril de WTI y el Brent del mar del Norte rozaron los 120 dólares en los mercados asiáticos, por primera vez desde que Rusia lanzó su ofensiva contra Ucrania en 2022, antes de bajar este martes a un rango de entre 86 y 90 USD.

El precio del petróleo del Ural, índice de referencia para el crudo ruso, aumentó 60% para alcanzar 90 dólares el barril, una buena noticia para Rusia, importante exportador de petróleo y de gas.

Cada aumento de 11 USD por barril por encima del nivel establecido por Rusia para su presupuesto -59 dólares- podría generar 28.000 millones de dólares suplementarios de aquí al fin del año, indicó el diario pro-Kremlin Izvestia.

El cierre de facto del estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial, y que afecta el suministro desde los estados productores del Golfo, beneficia los suministros rusos.

Las importaciones indias de petróleo ruso son ahora de alrededor de 1,2 millones de barriles diarios, según Sumit Ritolia, de la empresa de análisis Kpler, mucho más que la previsión de 800.000 a 850.000 barriles antes del inicio de la guerra en Oriente Medio.

Rusia gastó sin embargo sumas colosales para financiar su esfuerzo de guerra en Ucrania, al mismo tiempo que resultaba afectada por la pérdida del mercado europeo.

Para compensar, sería necesario que los precios se mantengan a un nivel elevado durante un periodo prolongado.

“A menos que los precios del petróleo se mantengan elevados por un periodo considerable de tiempo y el rublo se debilite considerablemente, los problemas presupuestarios del Kremlin seguirán existiendo”, dijo en un artículo Alexander Koliandre, investigador en el Centro de análisis de políticas europeas (CEPA).

Aunque Rusia experimenta un “aumento significativo” de la demanda de hidrocarburos desde el inicio de la guerra en Oriente Medio, según el Kremlin, sigue encontrando  problemas para vender sus productos en otros mercados más allá de Asia.

La Unión Europea, antes gran cliente, prohibió las importaciones marítimas de petróleo crudo ruso en 2022.

El lunes, el presidente Vladimir Putin se mostró dispuesto a suministrar hidrocarburos a los europeos si optan por una “colaboración durable y estable, lejos de presiones políticas”.

Su homólogo estadounidense Donald Trump habló con él y apuntó, sin ofrecer detalles, a la posibilidad de aliviar sanciones para enfriar el mercado petrolero y evitar una disparada duradera de precios. La Comisión Europea hizo saber este martes que no está a favor de levantar las sanciones al petróleo ruso.

¿Un aliado debilitado? 

Rusia reforzó sus relaciones con Irán desde el lanzamiento de su ofensiva en Ucrania. Ambos países intensificaron sus  intercambios comerciales y Teherán suministró a Moscú la preciada tecnología de los drones Shahed, que Rusia produce ahora masivamente.

En enero de 2025, Rusia e Irán firmaron un acuerdo de cooperación global por el que  ambos países se comprometen a luchar contra las amenazas comunes.

Pero como ocurrió con su aliado venezolano, Rusia ya no posee los medios para ayudar militarmente a Teherán frente a Estados Unidos e Israel.

“La imagen de Rusia en Irán se ve afectada inevitablemente”, considera en el medio Lenta Ivan Bosharov, analista en el Consejo ruso de relaciones internacionales, según el cual esta impotencia relativa “afecta la confianza” hacia Moscú.

Interrogado sobre eso, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, aseguró la semana pasada que Irán no había pedido ayuda militar de parte de Rusia.

Medios estadounidenses mencionaron que Rusia comparte inteligencia para ayudar a Irán a bombardear objetivos.

“Incluso si el régimen iraní logra mantenerse, los combates terminarán afectando los intereses rusos y compromete sus proyectos en la región”, señala Nikita Smagine, experto en el Carnegie Institute.

Rusia planeaba muchas inversiones en Irán, entre ellas una central nuclear de 25.000 millones de dólares cuya construcción está prevista en la región meridional de Hormozgan.

Lejos de Ucrania

La guerra en Oriente Medio debilitó la atención de la comunidad internacional respecto a Ucrania y amenaza con crear una penuria de medios de defensa antiaérea para Kiev.

Antes del inicio de los bombardeos contra Irán, Trump presionó para encontrar una salida diplomática al conflicto en Ucrania, organizando varias rondas infructuosas de negociaciones.

Ahora “toda la atención de los socios está focalizada en torno a Irán”, reconoció el lunes el presidente ucraniano Volodimir Zelenski, al anunciar el aplazamiento sine die de una nueva reunión.

El mandatario aseveró que “los rusos están intentando manipular la situación en Oriente Medio” en favor de su “agresión”, y los acusó incluso de querer hacer de las represalias iraníes contra sus vecinos del Golfo “un segundo frente” de su campaña contra Ucrania “y todo Occidente”.