Perejil, crónica fílmica de una masacre

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Los hechos históricos siempre serán vistos bajo la óptica diversa de los intereses de cada individuo, algo inevitable. Lo que está en nuestras manos es tratar de asumirla con la mayor amplitud  posible sin que las pasiones obtusas nos lleven a relativizar hechos atroces, por lo que el abordaje que hace Perejil sobre la matanza de haitianos de 1937, debe mirarse con toda la serenidad posible. 

Perejil nos habla de un año, 1937, y de un  lugar, la frontera entre República Dominicana y Haití. Marie, una joven haitiana con 9 meses de embarazo, se despide de su esposo dominicano y lo ve dirigirse al pueblo más cercano. Luego, esa noche, las casas vecinas empiezan a arder en llamas — ha iniciado el “corte” de los haitianos ordenado por Trujillo-, y no hay muchos lugares donde esconderse. Sola y a punto de dar a luz, Marie debe buscar refugio en la densa maleza de las montañas antes de ser alcanzada por “la masacre del perejil”. 

La imposibilidad de negar este crimen contra la humanidad ha llevado a algunos a relativizarlo, lo que es una forma de justificación, y esto a su vez implica que quien asume este argumento está de acuerdo en que se asesinen miles de personas en virtud de su nacionalidad. Mientras los problemas domínico/haitianos se miren desde esos presupuestos intelectuales o discursivos, estaremos lejos de entenderlos y resolverlos. 

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La dirección es de José María Cabral y el guion fue firmado por Cabral, Arturo Arango, Nurielis Duarte, Joaquín Octavio González, Alan González y Xenia Rivery. El elenco lo componen Cyndie Lundi, Ramón Emilio Candelario, Gerardo Mercedes, Pavel Marcano, Lía Briones, Attabeyra Encarnación, Paloma Palacios, Isabel Spencer, Juan María Almonte, Miguel Ángel Martínez, Toussaint Merionne. 

Este filme de Cabral debe  y puede ser criticado por sus valores artísticos, por la precisión o no del tratamiento histórico, pero no desde la descalificación, el sesgo, la falacia o el insulto vacio. Los analistas cinematográficos no están libres de prejuicios, pero si deben estarlo de argumentos pasquineros o populistas, al contrario de esas personas de corte nacionalista que, en algunas ocasiones, critican la película, incluso sin haberla visto.  

Racismos, clasismos y territorialidad. 

La decantación por parte del realizador de una narrativa que se desenvuelve en una linealidad sin sobresaltos, impide al espectador una conexión con los personajes y la situación que narra la película. Si bien es necesaria una cierta distancia entre lo que se cuenta y el receptor de las historias que se narran, en este caso, esa distancia dificulta la interacción entre ambos. 

Le seguimos los pasos a Marie (Cyndie Lundi), la esposa embarazada haitiana del dominicano (Ramón Emilio Candelario), y la vemos emprender la vía dolorosa de atravesar una tragedia sangrienta, tratando de sobrevivir y de cuidar a su bebé por nacer, y sin embargo, esa linealidad antes mencionada nos impide emocionarnos, suspender la realidad y sumergirnos en la vorágine de sufrimiento y sangre a su alrededor. 

A lo largo de la trama se pueden observar sin embargo, claves interesantes sobre los sustratos ideológicos de los perpetradores de la masacre, y entre ellos, una de las más importantes se desarrolla en el dialogo entre Frank Gómez, pareja de Marie, y su hermano Germán (Pavel Marcano), acusando este último, miembro del ejercito trujillista, a Frank, de tenerle envidia por ser mas “clarito”, un aspecto central en el imaginario racista dominicano. 

En lo actoral podemos ver la interesante expresividad que emana de intérpretes como Cyndie Lundi en el papel de Marie, o de la novísima Attabeyra Encarnación, que trascienden sobre sus personajes limitados por la solidez de su construcción dramatúrgica interna. La cuestión de los diálogos tampoco ayudó a transmitir con precisión la dramaticidad de las situaciones, pues la articulación de estos careció en algunos casos de una cercanía con los códigos de los hablantes de la región donde se desenvuelven las acciones o  con esa fluidez expresiva tan necesaria. 

A pesar de lo correcto de su factura técnica, el filme falla en construir una atmosfera que envuelva al espectador y lo conecte a su vez con las emociones de los personajes, algo imprescindible para poder asumir los acontecimientos de Perejil. Las atmósferas son esos conjuntos estéticos que nos envuelven y nos trasladan a los universos de las obras de arte. 

Historia, honestidad y prejuicios.

Es relevante que el realizador no haya acudido al populismo o al sensacionalismo mercadológico para mostrar unos acontecimientos que podrían prestarse a eso. Una muestra es ese final con una lógica muy correcta desde nuestro punto de vista, pues en muchas ocasiones no se finalizan adecuadamente las películas, aquí y en todas partes. 

Perejil de José María Cabral aborda la masacre cometida por la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en 1937 contra la población haitiana, habitante de la región fronteriza de la Republica Dominicana. Se pueden criticar aspectos estéticos o diferir de la visión del realizador, pero estamos delante de un discurso honesto y sin estridencias de ningún tipo. 

Humberto Almonte

Analista de Cine.- 

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