Para que Estemos Claros

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El derribamiento de la estructura de producción de Haití durante años no surgió del seno de su población.

Las devastaciones de sus recursos boscosos por el tumbe masivo e inmisericorde de sus plantaciones, no es básicamente resultado del conuquismo y la leña para cocinar.

Los multimillonarios recursos que como ayuda internacional han llegado a Haití en múltiples momentos de tragedia y en paliativos para el hambre, no han tenido como destino a las masas del empobrecido vecino.

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La grave situación sanitaria que afecta a ese país, no es sólo el resultado “de malas costumbres o hábitos”, sino de la ausencia de controles sanitarios y fitosanitarios que han permitido el ingreso de bacterias y virus causantes de epidemias tan terribles como la Chikungunya, Zica, Cólera y fiebre porcina, entre otras

No es del seno de ese pueblo hambriento, sediento y humillado que ha surgido y se mantiene el control de los puertos y caminos para el tráfico y trasiego de mercancías de todo tipo, incluyendo drogas, hasta seres humanos

Las bandas armadas en Haití no surgieron ni se apertrecharon, ni son cada día más influyentes y terroríficas por cuenta propia o iniciativa de personajes siniestros como Barbecue.

¿Quién puede pensar que miles de pobres e infelices parturientas haitianas vienen a parir al país sólo por la ausencia de hospitales o maternidades. Y que otras tantas madres niños en brazos pululen en nuestras avenidas y entornos comerciales sin que no estén interviniendo mafias haitianas que han hecho de esa práctica toda una industria?

No es la primera vez, aunque debemos aspirar a que sea la última, que la solidaria República  Dominicana atraviesa por inminentes peligros en su estabilidad y seguridad interna como consecuencia de ese cúmulo de males causados por grupos de poder haitianos, con la venia, auspicio o indiferencia de la comunidad internacional.

Es bueno que el pueblo dominicano y los pobladores del vecino Haití, con sus residentes legales e ilegales en nuestro territorio, tengan pleno conocimiento y conciencia de todo cuanto acontece con esa nación en sus causas y consecuencias.

Esta grave crisis  no la han causado nuestros pueblos.

Ni el pueblo haitiano debe seguir siendo confundido y tomado como conejillo, ni los dominicanos debemos permitir mayor sacrificio del que ya nos ha costado y nos cuesta la solidaridad con los vecinos.