En días recientes los Premios Oscar modificaron sus reglamentos para exigir que las candidatas a Mejor Película se ajusten a requisitos mínimos, según ellos, que garanticen inclusión y diversidad racial en las producciones que participen en esos premios. Las nuevas reglas se aplicarán a partir del 2024, pero se tomarán en cuenta desde el 2022.

La búsqueda de esa inclusión exigirá a quienes deseen optar por el premio a la Mejor Película, que uno de los protagonistas represente a la minoría o que aplique un 30% de los secundarios y al equipo técnico detrás de cámaras. Por minoría racial  la academia entiende a asiáticos, latino/hispano, negro/afroamericano, indígena, personas de medio oriente, nativos de Hawái, del Pacifico u “otras etnias o razas poco representadas”.

El grado de amplitud de estos cambios es debido a exigencias de larga data por la falta de representatividad de los no anglosajones en el cine hollywoodense y a las protestas raciales que sacuden a Estados Unidos, las cuales han puesto en evidencia la falta de equidad en un país que se precia de ser el campeón de la democracia en el mundo.  

La academia considera que los latinos  “son el grupo étnico más grande de Estados Unidos, representando el 18% de la población, y sin embargo, sea delante o detrás de cámaras, o detrás de ellas en cargos ejecutivos, están ampliamente ausentes de las narraciones de Estados Unidos”.

Los efectos de estas medidas y el subsiguiente debate no han tardado en alcanzar al colectivo cinematográfico dominicano donde se observan y analizan desde la óptica local, dada la viralidad que tienen las noticias de ese tipo hoy día. Ya se verá si esas reglas tienen alguna influencia práctica en nuestra industria.

La inclusión en el cine local

A nuestro modo de ver, si se remite a lo reglamentado por la Academia y de cómo cambiará el Oscar, entonces para nuestro país ese intercambio de opiniones no tendrá más importancia que una conversación de sobremesa entre amigos, a lo sumo un ejercicio verbal para matar el tiempo mientras se produce la digestión.

El abordaje de la equidad en nuestro cine no puede ni debe hacerse usando los mismos parámetros usados en Estados Unidos, pues la composición étnica dominicana difiere enormemente de la norteamericana   tomando en cuenta el alto grado de mestizaje existente aquí.

Los grados específicos de racismo tampoco son comparables, en el país norteamericano existe una menor mezcla de razas debido a sus particularidades históricas, al contrario de la sociedad dominicana que tiene una mayor variedad de componentes que han podido camuflarse dentro de los núcleos familiares, y en otros casos, es necesario mirarlo a nivel regional.   Las fronteras raciales en nuestro caso están muy difuminadas, lo que no las hace susceptibles de encajar en los patrones usuales.

Al desglosar el expediente del color de piel en las 28 producciones criollas estrenadas en nuestras pantallas  en el 2019, estas fueron protagonizadas por personas que difícilmente encajan en la tipología blancos, rubios y de ojos azules. Si acercamos la mirada, sabremos que muy pocas películas de estas caerían en la categoría de protagonizadas por  negros, y entre estas estarían Gilbert: Héroe de dos pueblos, Miriam Miente, La Isla Rota o La Barbería.

Una muestra de la complejidad es que nos damos cuenta de que los puestos ejecutivos en el cine local, la mayoría están ocupados por mujeres al igual que si se revisan los créditos donde figura el personal técnico. Si ajustamos el visor del microscopio veremos que la variedad no es tan grande en los papeles principales donde sobresalen las películas En Tu Piel con Eva Arias, Miriam Miente con Dulce Rodríguez y El Proyeccionista con Cindy Galán.  

La inclusión es una batalla permanente pues hemos tenido años como el 2016 con 20 producciones, de las cuales 5 fueron dirigidas por mujeres y 12 de ellas contaron con productoras o coproductoras, En el 2018 se produjeron  22 películas con 1 dirigida por mujeres y 9 que fueron producidas o coproducidas por  representantes del sector femenino. En el 2019 la producción fue de 28 largometrajes con 12 productoras mujeres y una sola en la dirección.

¿Dónde está el problema?

Los magos esconden sus trucos frente a los ojos del espectador y el cine lo hace en el guion, adornándolo después con efectos visuales, sonoros e interpretaciones,  siendo así, en nuestro país las inequidades y discriminaciones habría que buscarlas en esos textos fundacionales  viendo que dicen y como lo dicen, escarbando allí para detectar los prejuicios que terminamos viendo en las imágenes.

  La discusión sobre los cambios implementados por la Academia de Artes Y Ciencias en los premios Oscar solo será útil en la cinematografía dominicana si se utilizan las metodologías adecuadas para desglosar las particularidades de las discriminaciones locales, de otro modo sería un ejercicio vacío de significado.

Humberto Almonte

Analista de Cine