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Santo Domingo

Nuevo estudio arroja que este nutriente puede disminuir la violencia en las sociedades

Adriana Terán

¡Es posible que a través de los nutrientes que enriquecen los alimentos se impacte el comportamiento de una forma masiva! Parece una idea extraída de alguna película de ciencia ficción, pero no. Es real y lo sugiere un estudio reciente que arroja que un nutriente puede ayudar a disminuir la violencia en las sociedades. Se trata del folato, o lo que suena mucho más común, el ácido fólico.

Este nutriente es comúnmente recomendado para las mujeres embarazadas, pero realmente todos deberíamos consumirlo, ya que ofrece protección al sistema cardiovascular y desempeña un papel crucial en diversos procesos metabólicos. Actúa como un mediador entre el metabolismo y la síntesis de proteínas presentes en el organismo, así como en la síntesis de ADN y en la reparación y formación celular.

De esta manera, no es de extrañar que el folato se incluya en los alimentos para enriquecerlos, cosa que se hizo en los Estados Unidos entre los años 1991 y 2001, periodo revisado por investigadores médicos y del sistema judicial en Estados Unidos y Australia para desarrollar un estudio que ha encontrado una posible relación entre la cantidad de delitos violentos y el consumo de folato en la población.

Publicado en la revista Nutrients, el estudio señala que la disminución del 30% en los delitos violentos entre 1991 y 2001 coincidió con aquella medida del gobierno estadounidense de fortificar alimentos básicos como arroz, pan, pasta y cereales con ácido fólico. En ese período, también se registró un aumento “significativo” en los niveles de ácido fólico en sangre a nivel nacional. Los investigadores concluyen que este incremento repentino y sustancial en los niveles de folato en los tejidos podría haber contribuido a la reducción de los delitos violentos en Estados Unidos, ya que el folato juega un papel en la síntesis de serotonina, una hormona clave relacionada con el estado de ánimo.

Claro, aunque en la investigación se señala que este incremento de folato es el único factor que influyó en la disminución de los crímenes violentos, es una conclusión muy interesante que merece ser aun más desarrollada.

La vitamina B9, como también se le conoce al folato, está presente en el hígado, en los vegetales verdes y en frutos secos, entre otros. (Getty Creative)
La vitamina B9, como también se le conoce al folato, está presente en el hígado, en los vegetales verdes y en frutos secos, entre otros. (Getty Creative)

Adicionalmente, la revista especializada The Healthy, menciona que resulta interesante que también se vincule el folato con la salud mental. Y es que se ha documentado que los niveles bajos de ácido fólico son comunes en personas con depresión, de manera que este podría constituir una alternativa para complementar tratamientos para personas con este padecimiento, como lo sugiere otro estudio también publicado en Nutrients.

El ácido fólico, es una vitamina hidrosoluble que es parte del Complejo B y también conocido como vitamina B9 y está presente en alimentos como el hígado, los vegetales de hojas verdes, como la espinaca, la escarola y la acelga; también el brócoli, las coles de Bruselas, los frutos secos como nueces, almendras y avellanas.

Sin embargo, es muy importante destacar que, aunque siempre es preferible obtener los nutrientes a través de la alimentación, la doctora Rossana De Jongh Delgado, especialista en nutrición clínica, explica que, realmente, la microbiota del intestino sintetiza muy poca cantidad de acido fólico, con lo cual es muy útil ingerirlo como suplemento con aprobación del médico, ya que sus beneficios podrían extenderse más allá de la prevención de enfermedades físicas, brindando una perspectiva más amplia sobre su importancia en la salud humana en general. sus beneficios podrían extenderse más allá de la prevención de enfermedades físicas, sino que pueden ofrecer una optimización de la salud humana en general.

Por último, otro detalle valioso es conocer que nuestras necesidades de este nutriente van cambiando a lo largo de la vida: entre 100 y 200 microgramos para niños; un promedio 300 microgramos para adultos, mujeres embarazadas, en período de lactancia y adultos mayores, 400 microgramos. Este es el máximo suficiente.

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