Nosferatu, Drácula y la sexualidad sangrienta

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Las leyendas sobre criaturas horrendas forman parte desde los tiempos remotos de la cultura popular y son un reflejo de los miedos atávicos que aún pueblan el inconsciente colectivo de la humanidad.

Esos seres salidos de las sombras de las supersticiones, que nacieron en aquellas épocas y que aún la modernidad no ha logrado desterrar de los oscuros rincones que pueblan imaginación.

La vida, la muerte y la inmortalidad, son las premisas sobre las que se mueven estos deformes reflejos de nuestros deseos y aspiraciones, a imagen y semejanza de las más bajas pasiones.

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Los temores iniciales y la ignorancia encontraron el caldo de cultivo ideal para crear seres sedientos de sangre, muertos en vida y alejados de las luces diurnas o las cruces, separadas de sus posibles víctimas por la frontera del ciclo solar.

El vampiro dormido en los días, despierta en la noche para buscar la sustancia que lo conecta con la vida, pues la sangre más que alimento es la fuente de la vida, el fluido que transporta los elementos que lo mantienen habitando la tierra.

Vampirismo y sensualidad en las películas.

Nosferatu, una Sinfonía de Horror (Nosferatu, eine Symphonie des Grauens-1922-), es la crónica vampírica dirigida por F.W Murnau, inspirado en la novela Drácula de Bram Stoker por lo cual fue demandado y su obra condenada a destruirse, pero por suerte sobrevivieron varios ejemplares a esta cacería de vampiros.

Ambientada en Alemania y protagonizada por Max Schreck como el Conde Orlok, uno de los más aterradores ejemplares chupasangres vistos en la historia del cine por la impresionante y realista interpretación de Schreck, que da vida a una criatura que representa al terror en estado puro, esa fuerza cargada de maldad que nos deja helados.

Murnau sitúa su obra en la ciudad de Viborg en Alemania en vez de Inglaterra, cambiando el nombre de Drácula por Orlok, a Harker lo transforma en Hutter y a Mina por Ellen, logrando una obra maestra y un gran clásico del cine.

¿Qué diferencia a Orlok de otros vampiros? Pues que parece salido realmente de ultratumba, porque ejerce su maldad metódica y sangrienta sin acudir a explicaciones metafísicas o justificativas. La presencia de Max Schreck proyecta una maldad sicológica que no ha sido superada por otro actor, ni física ni interpretativamente.

Nosferatu ha sido restaurada y hoy día puede verse en todo su esplendor con Orlok mostrando su cabeza calva, sus largas uñas y la enorme estatura que a muchos le sigue parando los pelos por su realismo extremo. El miedo que genera en mi tan sombrío personaje, no ha desaparecido con el transcurso de los años, mostrando que esos terrores primigenios forman parte de nuestra genética.

En 1992 Francis Ford Coppola dió vida a Drácula (Bram Stoker’s Dracula), adaptando casi literalmente la novela de Stoker, con la participación de Winona Rider, Gary Oldman, Anthony Hopkins, Keanu Reeve, entre otros actores, y logrando el retorno al camino del éxito financiero.

El Conde Drácula interpretado por Gary Oldman es un ser sibilino, elegante con aires de gran señor, de guerrero implacable, de engatusador romántico, actitudes que muestran el desarrollo del personaje a través de la película y demostrando la versatilidad actoral de Oldman.

Esta es una de las versiones más elegantemente sensuales vistas de Drácula alguno, pues el vampiro se regodea con el sexo en múltiples ocasiones, e incluso tomando aires de gran seductor en otras, muy ayudado por la elegante plasticidad de vestuario y decorados.

El tono recatado del personaje de Mina Harker en la novela, con su refinada elegancia, es transformado en una figura sensual que incluso le es infiel a su esposo con el embaucador Drácula, y nada digamos de la vulgar Lucy Westenra que nos muestra la película. Ese toque de languidez que emana del personaje de Mina es el gran aporte interpretativo de Winona Rider al filme.

Coppola apuesta por el trasfondo sexual que siempre se ha atribuido al vampirismo, pues su mordida, se ha dicho, tiene mucho de éxtasis sensual más que de horror repulsivo y marca una distancia con otras versiones más mojigatas.

El cambio de paradigmas en el tratamiento de la atmosfera del clásico film de chupasangres es patente en la versión de este director estadounidense, dotándolo de un refinamiento no tan común en este género. Coppola es infielmente fiel al texto para capturar el espíritu que el escritor quiso proyectar con su novela.

Mordiendo el placer

Una referencia imprescindible es Tratado sobre los vampiros (Traité sur les apparitions des esprits et sur les vampires ou les revenants de Hongrie, de Moravie, etc.) publicado por el sacerdote benedictino francés Agustin Calmet en 1751, un riguroso y sesudo volumen donde este religioso aborda el fenómeno del vampirismo, convirtiéndose en el primer libro escrito sobre este tema. Es posible que sin la aparición de este texto, el personaje de Drácula no hubiese acudido a la imaginación de Bram Stoker, John William Polidori o Sheridan Le

Fanu, y derivado de ello, no estuviésemos hablando de los filmes de Coppola o el Nosferatu de F.W Murnau, entre otros.

Desde los horrores iníciales a unos irreconocibles vampiros actuales que no chupan sangre, la evolución de este popularísimo género del cine no se detiene y sigue gozando de gran popularidad entre los degustadores de sangre en el cuello.

Tenemos las particulares versiones animadas, como la desternillante Vampiros en la Habana (1985) de Juan Padrón, donde un vampiro musical y parrandero en una Cuba bajo dictadura, vive de cara al sol merced a una formula científica. O la estupenda animación 3D de Hotel Transilvania (2012), donde Drácula construye un hotel para salvar a los monstruos de los crueles humanos.

En el fondo, las películas de vampiros se construyen sobre una base de miedo, terror y sexualidad, a veces tímidamente sugeridos, y solo la mencionada Drácula de Coppola o El Ansia (1983) de Tony Scott, se aventuran a matizar más claramente la sexualidad, además de algunas otras que se salen del redil de lo establecido.

Los vampiros han demostrado su inmortalidad en el cine, resurgiendo de tiempo en tiempo para clavarnos en nuestros ojos elegantes imágenes llenas horror y sensualidad. El estudio de esta temática descubre los subterfugios de los cineastas para proyectar los deseos y las pasiones humanas escondidas tras las mordidas de seres aparentemente insensibles.

Humberto Almonte

Productor de Cine y TV.-

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