No Perdamos la Senda

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Promover  propuestas y valorar la confrontación de las ideas, propugnando por el bienestar colectivo, revitaliza la vida en democracia.

Bajo premisas como esta surgió la Estrategia Nacional de Desarrollo que nos ha permitido avanzar hacia la ejecución de políticas a favor de una mejor nación.

Comprometer al liderazgo político, económico y social en la búsqueda y ejecución de pactos para el desarrollo, denota una clara señal de madurez democrática. 

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Ese estamento jurídico que representa la Estrategia Nacional de Desarrollo nos trazó la ruta hacia el logro de pactos como el de la Educación, la Electricidad y la Fiscalidad.

A partir de ese espacio hemos logrado avanzar en la reorientación y modernización del sistema educativo y en el desarrollo del vital sector eléctrico.

Como mandato de esa plataforma legal, estamos llamados a avanzar hacia un pacto fiscal que nos permita mejorar nuestra estructura tributaria con una presión fiscal que garantice mejorar los ingresos del Estado con el rigor de la equidad y al menor costo social.

De ahí nuestra sorpresa por las voces que propugnan o alientan el abandono o desconocimiento del Consejo Económico y Social, como espacio para la presentación y discusión del necesario proyecto de reforma fiscal.

Plantearse una reforma fiscal obviando el espacio creado para  encaminarla con el menor de los tropiezos, constituye una tozudez.

En medio de circunstancias adversas como las provocadas en todos los planos de la población por la pandemia y de un panorama mundial marcado por la carestía en las materias primas con gran impacto inflacionario, resulta impensable la imposición de una reforma fiscal.

La Estrategia Nacional de Desarrollo creó el espacio y marcó la senda del necesario Pacto Fiscal.

Cualquier otra ruta nos conduciría por trechos de tensión, confrontación y ruptura de la indispensable gobernanza.