No nos Dejemos Provocar

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La  crisis agravada por la que atraviesa Haití no tiene una sola razón o causa generada en la República Dominicana.

El colapso institucional, la hambruna, el desplome del sistema sanitario, la devastación ambiental y la toma de  ciudades, comunidades y calles por parte de bandas armadas criminales, son de factura haitiana. Es el resultado del sometimiento y saqueo histórico a que ha sido sometido ese país por parte de poderosas naciones.

Dolor le han causado también  al pueblo haitiano las embestidas de la naturaleza embravecida con las secuelas de huracanes, sequías y terremotos  devastadores para la más pobre y vulnerable nación de las Américas.

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Lo que sí registran los hechos, inexpugnables por demás, ha sido la voluntad y actitud solidaria de la República Dominicana con el pueblo vecino en todos y cada uno de sus dolorosos procesos.

Dada las circunstancias actuales, caracterizadas por la crisis política recrudecida tras el asesinato del presidente Jovenel  Moise y el surgimiento de decenas de bandas armadas que asesinan, secuestran y aterrorizan, las autoridades dominicanas se han visto obligadas a tomar medidas de extrema precaución en la defensa del territorio nacional.

Vigilancia militar a todos los niveles, control migratorio y accionar diplomático a favor de ayuda internacional para la nación vecina, han sido respuestas responsables y efectivas a las que tiene pleno derecho el gobierno dominicano.

En resumidas cuentas, entre la República Dominicana y Haití no hay ni tiene que existir confrontación alguna, como sospechamos se ha querido derivar la terrible situación que afecta al pueblo vecino.

Lo que sí está enteramente establecido es que fuerzas políticas, económicas y de tradicion militar de Haití han recrudecido sus pugnas por el control de un territorio que aún devastado, sirve como puente ideal para el tráfico ilegal y la gestión de multimillonarios  recursos a nombre de la comunidad que terminan en las alforjas de esos grupos.

A lo que si debe prestársele atención y mostrarle el más absoluto rechazo, es al  irresponsable y peligroso accionar de una comunidad internacional indiferente ante las penurias de esa nación y  que parece actuar en acechanza, promoviendo salidas aterradoras como la “puesta de acuerdo para una solución de conjunto” entre la República Dominicana y Haití.

La República Dominicana es un país debidamente enmarcado en los planos de las naciones con fuero institucional, estabilidad política y en franco y sostenido proceso de desarrollo económico, social y humano.

     Y como pueblo sensible y solidario ha sido y seguirá siendo un vecino respetuoso, solidario y fraterno con el pueblo haitiano.

    La grave crisis haitiana tiene una dolorosa y reconocida paternidad ya descrita.

   Es allá y con  esos tutores donde corresponde el deber y la obligación de buscarle salida al pueblo haitiano de su doloroso sendero.

  Rechacemos las maniobras y el chantaje abierto o solapado.

  Y sigamos atentos y firmes en la defensa de nuestro territorio y soberanía sin dejarnos provocar.

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