Mortalidad materno-infantil y la Covid-19

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Por Sergio Sarita Valdez

Un frío estimado del costo sanitario a consecuencia de la pandemia del coronavirus resulta tenebroso y si a ello le agregamos el recrudecimiento en la incidencia, morbilidad y mortalidad materno-infantil en lo que va de año 2021, entonces la perspectiva se torna espeluznante.

Por razones obvias, muchos de los recursos que antes se asignaban a distintos programas de salubridad nacional han tenido que ser desviados hacia las atenciones de la emergencia del SARS-CoV-2.

Como resultado de ello, algunos esquemas preventivos, muy en especial las vacunaciones en niños han disminuido.

La salud reproductiva en mujeres, control de la natalidad, atención de la embarazada, seguimiento del parto y puerperio, así como los cuidados infantiles han sentido el impacto epidemiológico negativo.

Para desgracia nuestra no se trata de un fenómeno local ya que la misma situación se vive en las Américas y otras poblaciones del Caribe.

La doctora Carissa F. Etienne, directora de la Organización Panamericana de la Salud ha informado que la covid-19 podría hacer retroceder por completo los 20 años de progreso logrados en el acceso a la planificación familiar y en la reducción de la mortalidad materna.

El informe expresa textualmente: “Datos de 24 países indican que más de 200,000 mujeres embarazadas se han enfermado de COVID-19 en las Américas y al menos 1000 han muerto por complicaciones del virus… si esto continúa, se espera que la pandemia haga desaparecer más de 20 años de avances en la ampliación del acceso de las mujeres a la planificación familiar y en la lucha contra la mortalidad materna en la Región… Instamos a los países a hacer precisamente eso: actuar.

Podemos empezar por garantizar que las mujeres y las niñas accedan a los servicios de salud que necesitan como los de salud sexual y reproductiva, y la atención relacionada con el embarazo y el recién nacido durante la respuesta a la COVID-19…Debemos recordar que los retos y las desigualdades a las que enfrentábamos antes de la pandemia no han desaparecido durante la pandemia, sino que han empeorado y no pueden pasarse por alto.

Por eso debemos hacer de la protección de la vida de las mujeres una prioridad colectiva”. La doctora Etienne ha activado la sirena de alarma en lo que tiene que ver con tendencia al aumento de hospitalizaciones en Haití.

A cada nación de la región le corresponde realizar su tarea correspondiente. República Dominicana como parte importante de la zona caribeña tiene lagunas y precariedades ancestrales que atender. Nos llegó la pandemia en el momento menos indicado, en plena campaña electoral.

Desde el día 11 de marzo de 2020 al 31 de mayo de 2021 hemos estado recibiendo golpes y sinsabores financieros a los que hemos sobrevivido en base a préstamos externos. Las muertes de mujeres embarazadas y parturientas, así como las infantiles se han elevado.

Las hemorragias, enfermedad hipertensiva del embarazo y las infecciones siguen causando estragos mortales en las humildes madres dominicanas.

Si una mujer pierde sangre y no logramos reponerla en el momento preciso, es segura candidata para engrosar las cifras de fallecidas.

Las infecciones hospitalarias siguen siendo el pan nuestro de cada día. Al tener el pensamiento y los recursos económicos secuestrados por la COVID-19, reducimos la capacidad para la detección temprana y manejo efectivo del fenómeno hipertensivo durante la gravidez.

El SARS-CoV-2 no debe impedirnos reducir la mortalidad materno-infantil. Ese compromiso con la Organización Mundial de la Salud no lo podemos incumplir.

Hemorragias, enfermedad hipertensiva del embarazo e infecciones siguen causando estragos.