Mauro Colagreco abandonó la economía por la cocina

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Por Laura Ortiz Güichardo

En el 2001, Mauro Colagreco decidió abandonar su carrera de Ciencias Económicas, en su natal Argentina, para emigrar a Francia y seguir su pasión por la gastronomía.

Durante esos primeros años en Europa y a pesar de su limitado conocimiento del idioma francés, Colagreco tuvo la oportunidad de trabajar con grandes chefs del país como Bernard Loiseau, Alain Passard, Alain Ducasse y Guy Martin.

Pronto fue adquiriendo experiencia, la cual, con apenas cinco años después de pisar territorio europeo, le permitió dar apertura a su restaurante Mirazur. Dicho establecimiento hizo que su carrera despegara de manera acelerada, valiéndole numerosos reconocimientos.

La distinción más importante la obtuvo hace poco, cuando se alzó con el título más codiciado en el mercado gastronómico: el primer lugar en el listado de los 50 mejores restaurantes del mundo.

Su propuesta
Para cada una de sus creaciones Mauro siempre trata de implementar flores, frutos y hierbas, ya que la base vegetal es una de las propuestas gastronómicas que más predominó durante su niñez. Lo más curioso de todo es que, junto a su esposa, cultiva esos ingredientes en su propio jardín.

Como la búsqueda de la más alta calidad es lo que mejor define su restaurante, en Mirazur no encontrarás una carta de menú. Esto, para garantizar que lo que se sirva día tras día sea fresco y extraído directamente del huerto.

Secreto de su éxito
El prestigioso chef de origen argentino manifiesta no creer en las tendencias culinarias, pues apuesta a la libertad para desarrollar un universo propio. Un lineamiento, al que sin dudas debe gran parte del mérito que ha hecho en su carrera.

Para Colagreco, la cocina es el espacio donde puedes dar rienda suelta a su imaginación y donde se sumerge poniendo mucha atención a los detalles, con un alto nivel de exigencia a sí mismo y al equipo que lo acompaña, a quienes agradece parte de su éxito.

De hecho, al subir al escenario de ‘World¥s 50 Best Restaurants’, a recibir su tercera estrella Michelín, lo hizo junto a su equipo de trabajo, su esposa y una bandera que identificaba a Brasil, Francia, Argentina e Italia, a modo de honrar a Francia, que le dio un lugar para crecer; Argentina, por ser su tierra natal; a Brasil, que le dio al amor de su vida; y a Italia, de donde pertenece más de la mitad de su equipo.

Precisamente esa diversidad es a lo que atribuye su triunfo en la conquista del paladar europeo. En ese sentido dice que, el secreto ha sido ser una persona abierta a las diferentes culturas y que no se conforma con lo que ya se ha hecho.