Manzanillo y la frontera norte

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Erick Dorrejo

El proyecto de transformación que en la actualidad se desarrolla en Pepillo Salcedo es una propuesta de intervención de carácter regional con el objetivo de contribuir a la mejora de los niveles de productividad de la frontera norte, a partir de la construcción y mejora de una serie de infraestructuras ascendente a 1,500 millones de dólares.

Esta acupuntura estratégica de inversiones públicas que origina su inversión pública en una pequeña ciudad de apenas 140 hectáreas se planifica tomando en cuenta las limitaciones de suelo existentes restringidas a un espacio circundado al norte por el Océano Atlántico, al este los Manglares de Estero Balsa, al oeste la República de Haití y al sur la zona protegida de la Laguna de Saladilla.

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Un ecosistema urbano con un enorme potencial de desarrollo que requiere de una precisión milimétrica para establecer con rigurosidad un Master Plan de Desarrollo que armonice el conjunto de actividades proyectadas para realizar y que contribuya en abonar a la regulación definitiva de usos de suelo prevista a través de la ordenanza municipal del Plan Municipal de Ordenamiento Territorial.

Sin embargo el alcance de esta inversión pública no se limita a la zona urbana de este municipio, la misma se extiende a través de las arterias de comunicación vial que conecta al sur la estratégica provincia de Dajabón y hacia el este todo el circuito de asentamientos humanos del Cibao, el cual encontrara en Manzanillo una respuesta a la necesidad de transportar los productos fuera del país o recibir insumos para mejorar la competitividad interna, reduciendo el trayecto actual con otros puertos del país. De igual manera la inversión de 800 megas proyectados para localizarse en esta pequeña localidad irradiará su energía por todo el corredor eléctrico previsto para esta región.

Este nuevo paquete de inversiones públicas contribuirá en mejorar la capacidad de las facilidades portuarias lo cual requiere la mejora de las condiciones del sector agropecuario de vocación exportadora asentado en todo el Cibao y a su vez la generación de nuevos nichos de negocio para la producción industrial que permita la incorporación de insumos locales a la cadena de valor.

El fortalecimiento del capital humano originario es clave para garantizar que esta apuesta beneficie el territorio, ajustando el entrenamiento y la capacitación técnica a los sectores productivos priorizados, los cuales deben priorizar las oportunidades de empleo a los residentes de las comunidades donde se encuentran los generadores de empleo.

Esto aumentara la cantidad de residentes en las provincias fronterizas, aumentando así los niveles de inversión que se destinan a la provisión de servicios públicos e impactando directamente en el bienestar de sus residentes.

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