Las raíces de la violencia en la sociedad, una aproximación fílmica

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Un jefe policial en República Dominicana afirmaba de manera tajante que la violencia era solo una percepción de los medios de comunicación creada por la influencia de estos en los ciudadanos, queriendo significar, no la ausencia de hechos violentos, sino su magnificación. La verdad es que sí es real. No si necesariamente es mucha o poca, pero se siente, porque nos ha tocado de cerca más de una vez.

¿Cuál pudiera ser el origen  de ese fenómeno? Como todo hecho social, su explicación no es simple. Puede ser existencial: La deuda social acumulada y ciertas circunstancias de nuestras interioridades como humanos que se juntan para formar una tormenta perfecta que nos pongan en el camino de la violencia.

Los atracos, los asesinatos de mujeres, hombres y niños, la conducción temeraria en las calles, el irrespeto a las leyes de tránsito o el ruido que nos impide descansar, todas son formas violentas que expresan un malestar interno del agresor, y por esto es indispensable no simplificar las causas de estos disturbios de la cotidianidad.

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Lo de culpar a los medios o al cine por proyectar imágenes que incitan a cometer hechos penados por la ley es tan viejo como la humanidad misma, explicación facilista de aquellos que no tienen una respuesta de estas actividades violentas que afectan al ciudadano. Quentin Tarantino ha sido señalado más de una vez de estimular hechos violentos por medio de sus películas. 

El cine es un espejo y no necesariamente el de Andrei Tarkovski, que refleja muy gráficamente esa violencia que nos aflige en lo real y provoca reflexiones sobre este fenómeno cuando se transforma en una obra dramática que observamos en la comodidad de nuestras casas o en las salas de exhibición. Hemos seleccionado para analizar a Un Día de Furia (Falling Down-1993-), el cortometraje Un Pasaje Sin. Regreso y debemos mencionar el largometraje Carta Blanca en espera de su estreno. 

Desde las violentas imágenes De Un Día De Furia hasta las de Carta Blanca. 

Joel Schumacher ha creado con Un Día de Furia (Falling Down-1993-), el retrato perfecto del ciudadano arrinconado por las circunstancias que estalla en furia arremetiendo contra todo y contra todos, pasando de ciudadano modelo a rebelde anti-sistema.

Michael Douglas interpreta a William Foster o “D-Fens”, empleado despedido de una compaña de defensa, divorciado, y que se dirige a visitar a  su hija el día de su cumpleaños aunque su ex esposa le ha dicho que no vaya.  Él se ve atrapado en un atasco de tráfico y allí, algo que ocurre le pone nervioso, por lo cual se sale del vehículo y sigue a pie.

El periplo de “D-Fens” lo hace enfrentarse a una serie de hechos que en otras circunstancias este ciudadano modelo, trabajador  concienzudo y padre ejemplar, hubiese tomado con calma, pero ese es su “día de furia” aludiendo al título del filme, y ya sabemos que la ira solo necesita una pequeña chispa para desatarse.

La escena en la tienda de comida rápida es sintomática para darnos un panorama del mal servicio que tienen algunos negocios, mezclados con la falta de calidad de los productos, una situación que padecemos continuamente y que es fuente de no pocos disgustos, pues no solo se atiende mal al cliente, sino que se le vende un producto que no es el que se muestra en la publicidad.

Ese acorralamiento de la sociedad a un individuo puede producir los resultados que vemos en el personaje encarnado por Michael Douglas, alterar su normal comportamiento y transformar a un ciudadano pacifico en una airada y violenta persona con resultados posiblemente catastróficos.

Un Pasaje Sin Regreso es un cortometraje dominicano estrenado recientemente que narra las difíciles relaciones entre un padre y su hijo en un sector rodeado de pobreza, falta de oportunidades y violencia. La dirección es de Jose Gómez de Vargas, la producción es de Ariana Lebrón Báez y de Alexandra Santana. 

El triangulo del joven conflictuado Joel (Yeyly Versailles Joseph), su padre Ricardo (Juan Ramón Brazobán) y el agresivo adolescente El Chivo (Miguel Andrés Saint-Hilaire), tiene un final predecible y para nada feliz, aunque no debiera ser así. La realidad social arrincona y aplasta a estos ciudadanos, un destino usual para quien no logre salir de estos cinturones de miseria o esquive los fogonazos de los disparos o las puñaladas que abundan y vuelan en los callejones. 

Las logradas actuaciones de Juan Ramón Brazobán interpretando a Ricardo o de Clara Alexandra Hinojosa como La Abuela, no logran compensar las zonas difusas del guion de Stephanie Hernández y de Jose Gómez de Vargas a pesar de articular un final muy bien construido. Estamos delante de una obra donde la atmósfera, ese ambiente que debe permear toda obra fílmica, se asoma por momentos en la historia, lo suficiente como mantenernos interesados pero sin llegar del todo a hipnotizarnos. 

Lo que si puede afirmarse de Un Pasaje Sin Regreso es la dolorosa certeza de unas imágenes y situaciones  que contestan las preguntas acerca de las raíces de una violencia que hoy alcanza a lo más alto del escalafón social pero que es el pan nuestro de cada día en los barrios periféricos de cualquier ciudad de la República Dominicana. 

El filme  criollo Carta Blanca que se estrenará próximamente, se sumerge en esa zona gris donde convergen policías y delincuentes, ese espacio de conflicto donde los roles y los métodos de enfrentar el crimen se desdibujan. La obra del director Pedro Urrutia ya ha circulado en el exterior en festivales como el  “Philadelphia Independent Film Festival”.

La historia devela una realidad nunca antes contada que es llamada popularmente en los barrios “Carta Blanca”, tratando sobre la situación de cómo la policía enfrenta el crimen para mantener un cierto orden en la sociedad. El film nos habla de un policía llamado Manuel Mena (interpretado por Pepe Sierra), que se encuentra en el medio de dos mundos (policía y criminales). 

Percepción, realidad e intranquilidad social. 

Lo mostrado en estos filmes nos demuestra las variadas causas y motivaciones de estos hechos que solo necesita una pequeña válvula para desatarse y afectar a todo un conglomerado de personas víctimas de la agresión de los excluidos sociales, que buscan compensar sus carencias al precio que sea, y un estado que es desbordado por la criminalidad. 

Ni el cine ni los medios audiovisuales en general son instigadores  de los hechos delictivos en la importancia que les atribuyen ciertos analistas, basados en unos argumentos con gran ausencia de solidez en los datos, y presupuestos argumentales cuyo rigor es muy cuestionable. 

Un Día de Furia (Falling Down), Un Pasaje Sin Regreso y Carta Blanca, establecen la línea de un cine que muestra y analiza la violencia desde una perspectiva crítica, que pone el dedo en la herida, dejando ver las motivaciones sociales de la violencia que nos afecta y la multiplicidad de actores con responsabilidad en ese caso, partidos políticos e instituciones estatales entre ellos.   

Humberto Almonte

Analista de Cine.-